Las autoridades iraníes han impuesto un corte casi total de internet desde última hora de este jueves mientras las protestas antigubernamentales siguen creciendo y se han extendido por todo el país, en una escalada acompañada de graves disturbios y choques con las fuerzas de seguridad que analistas han descrito como una creciente crisis de legitimidad para el régimen clerical.

En su alocución del viernes, y en previsión de nuevas manifestaciones multitudinarias, el líder supremo Ali Jamenei ha acusado a Trump de instigar a "los alborotadores": "En cuanto a ese tipo (Trump) que se sienta allí con arrogancia y orgullo, juzgando al mundo entero, también debería saber que, por lo general, los déspotas y las potencias arrogantes del mundo —como el faraón, Nimrod, Reza Khan, Mohammad Reza y otros como ellos— fueron derrocados precisamente cuando estaban en la cima de su orgullo. Este también será derrocado". Los medios de comunicación estatales iraníes han difundido en las últimas horas imágenes de los daños causados por los disturbios en Teherán y otras ciudades del país.

"Sus manos están manchadas con la sangre de más de mil iraníes. En la guerra de los doce días, más de mil de nuestros compatriotas —además de los comandantes, científicos y dignatarios, de la gente común— fueron martirizados. Esta persona dijo: 'Yo di la orden; yo mandé durante la guerra'. Así que confesó que sus manos están manchadas con la sangre de iraníes", ha agregado el ayatolá.

Según Jamenei, Irán "no tolera a los mercenarios en favor de los extranjeros". "Anoche, en Teherán, un grupo de alborotadores destruyó un edificio público solo para complacer al presidente de los Estados Unidos. Los iraníes deben mantener su unidad. Que todos sepan que la República Islámica llegó al poder con la sangre de cientos de miles de personas honorables. Irán no tolerará que mercenarios trabajen en beneficio de extranjeros", ha subrayado. "Sea quien sea, una vez que te conviertes en mercenario para un extranjero, una vez que trabajas para un extranjero, la nación te considera rechazado", ha denunciado en mitad de la creciente represión de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes.

Imágenes difundidas por los medios públicos iraníes sobre los desperfectos causados por las protestas en el santuario de Hazrat Sabzeqaba en Dezful

Las manifestaciones arrancaron a finales de diciembre en Teherán, inicialmente impulsadas por comerciantes del Gran Bazar molestos por la fuerte depreciación del rial y el aumento del costo de vida. Desde entonces, las protestas se han expandido a las 31 provincias del país y más de un centenar de ciudades y han adquirido un carácter cada vez más político.

Según el grupo de monitoreo NetBlocks, Irán ha sufrido un apagón nacional de internet que se prolonga desde hace horas y ha continuado de forma intermitente, afectando tanto a servicios móviles como a conexiones fijas. Este tipo de cortes ha sido utilizado de manera recurrente por las autoridades iraníes para frenar la organización de las protestas y limitar la difusión de información desde el interior del país, aunque hasta ahora no ha logrado detener su crecimiento.

El apagón ha coincidido con los llamamientos desde el extranjero a intensificar las movilizaciones, incluidos mensajes del exiliado Reza Pahlavi, quien ha instado a los iraníes a mantener la presión en las calles pese a la represión.

Las protestas se han vuelto cada vez más numerosas y visibles. Videos verificados por agencias internacionales han mostrado marchas y enfrentamientos con fuerzas de seguridad en ciudades como Teherán, Mashhad, Isfahán y Abdanan. Según la BBC, las movilizaciones han ido en aumento incluso después del endurecimiento de las medidas de seguridad, lo que ha puesto de relieve la profundidad del malestar social.

Organizaciones de derechos humanos han informado de al menos 34 manifestantes y cuatro miembros de las fuerzas de seguridad muertos, así como más de 2.200 personas detenidas desde que las protestas estallaron. Las fuerzas de seguridad han recurrido al uso de gases lacrimógenos y a detenciones masivas, mientras las autoridades han afirmado que las protestas económicas son legítimas, pero han reprimido duramente aquellas que han considerado una amenaza al orden público.

Aunque este ciclo de protestas aún no ha alcanzado la magnitud de las movilizaciones de 2022 y 2023 tras la muerte de Mahsa Amini, los analistas han destacado un cambio en el perfil de los manifestantes. En esta ocasión, predominan hombres jóvenes, muchos de ellos afectados por el desempleo y la falta de perspectivas económicas, lo que refleja una frustración más amplia con el sistema político.

Rechazo al líder supremo

Las consignas coreadas en las calles han expresado un rechazo creciente a las prioridades del régimen, incluida su política regional y el apoyo a grupos armados en el extranjero. Estas demandas van más allá de lo económico y apuntan directamente al modelo de gobierno y a la brecha generacional entre las autoridades y una población joven.

Alex Vatanka, director del programa sobre Irán del Middle East Institute, considera que el colapso no es solo del rial, sino también de la confianza, y ha advertido que la estrategia tradicional del sistema clerical, basada en la represión combinada con concesiones limitadas, ha comenzado a mostrar signos de agotamiento.

Desde el exterior, el presidente estadounidense Donald Trump ha vuelto a mostrar apoyo a los manifestantes y amenazar con intervenir si prosigue la represión, mientras que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha calificado las protestas como un momento decisivo para el pueblo iraní. Por su parte, el líder supremo Ali Jamenei ha respondido afirmando que Irán no cederá ante presiones externas.

Casi cinco décadas después de la Revolión Islámica, antiguos funcionarios y analistas han coincidido en que los pilares ideológicos del sistema ya no resuenan entre los menores de 30 años, que representan cerca de la mitad de la población. Las protestas actuales han puesto de manifiesto una fractura profunda entre el Estado y una sociedad joven que ha expresado su deseo de mayores libertades, estabilidad económica y una relación menos conflictiva con el mundo exterior.