La tormenta de noticias que ha desencadenado Donald Trump con el nuevo año deja poco espacio para la reflexión y el encaje político y social de la avalancha de acontecimientos. Ataque a Venezuela, el "secuestro" de Maduro y su esposa, amenazas a Colombia y a Cuba, salida de EEUU de múltiples organismos diplomáticos y de cooperación científica internacionales y demanda de anexión de Groenlandia, territorio danés.
Mucho que digerir, si bien, no son locuras y parten de una estrategia premeditada. Tampoco el interés de Estados Unidos por Groenlandia es nuevo ni improvisado. "Hay que recordar el interés histórico de Estados Unidos por Groenlandia. Desde Truman, varios presidentes han mostrado esa fijación. Después de la Segunda Guerra Mundial, Groenlandia se convirtió de hecho en un protectorado estadounidense; incluso Truman intentó comprarla. Trump no hace nada muy distinto de sus predecesores: considera el Ártico estratégico por su ubicación y sus recursos naturales", explica a El Independiente la analista Mira Milosevich del Instituto Elcano.

El Ártico tiene una gran carga simbólica y militar desde la Guerra Fría
Pero hay más elementos, más allá de representar una vieja aspiración. "El Ártico tiene una gran carga simbólica y militar desde la Guerra Fría. Fue un escenario de rivalidad entre superpotencias. Rusia, que posee la mayor línea costera ártica, desarrolló bases militares y flotas de submarinos nucleares y rompehielos. Esa presencia hoy se ha reactivado bajo Putin, que considera el Ártico una prioridad de seguridad nacional", añade Milosevich.
Estos elementos complementan las razones que empujan a Trump hacia el helado norte. "Trump ve en el Ártico la nueva frontera de influencia geopolítica. Lo que cambia con Trump es el tono abiertamente expansionista: habla de incorporar territorios, igual que Putin lo hace con Crimea. Esto marca el fin del orden multilateral que Estados Unidos lideró desde la Segunda Guerra Mundial. Entramos en una era de competencias territoriales reminiscentes del siglo XIX, donde las potencias buscan ampliar su control directo o indirecto", afirma la experta de Elcano.
Si hace unos años en este periódico ya reflejamos la alta probabilidad de choque de colosos mundial en el Ártico, en El Ártico, escenario de la III Guerra Mundial lo que no preveía nadie en ese momento era que iban a ser las políticas de EEUU las que nos acercaran al conflicto. El experto italiano en el Ártico, Marzio G. Mian, que acaba de publicar Guerra Blanca (NED Ediciones), ubica en la región el centro sobre el que gira gran parte de la geopolítica contemporánea y llega a la conclusión de que ya está en marcha un conflicto en el que Europa, si no actúa, tiene todas las de perder.
“Cuando se habla de reuniones entre Rusia y Estados Unidos, o de contactos entre el entorno de Putin y el de Trump sobre Ucrania, lo que realmente está en juego es el negocio, y ese negocio es el Ártico. No se trata de diplomacia, sino de intereses empresariales. Y cuando hablamos de negocios entre Rusia y Estados Unidos, estamos hablando del Ártico, porque allí está el verdadero potencial económico. Ambas potencias tienen un enorme interés en volver a cooperar en esa región: desarrollar proyectos comunes, repartirse áreas de influencia”, explica a El Independiente.

Putin y Trump, interesados en cooperar
Según este experto en la carrera por el control del Ártico a EEUU y a Rusia les interesa cooperar. “Para Rusia es vital recuperar la colaboración de compañías estadounidenses que aporten tecnología, conocimiento y recursos para la exploración y explotación energética. Tras las sanciones, esas empresas occidentales se retiraron, y su lugar lo ocuparon rápidamente las empresas chinas”, asegura.
Un buen ejemplo es el proyecto Yamal LNG 2, en el Ártico ruso occidental, concebido originalmente para abastecer de gas natural licuado a Europa. Tras las sanciones, las compañías occidentales lo abandonaron, y el proyecto quedó paralizado. “En ese momento llegaron los chinos con su tecnología, utilizando incluso la Ruta Marítima del Norte para transportar materiales. En apenas dos o tres años, gracias a esa cooperación, Rusia logró reactivar parte del proyecto. Pero sigue necesitando desesperadamente tecnología occidental para las nuevas prospecciones en Siberia”.
Pero, ¿qué necesita EEUU de Rusia? “Entenderse con Rusia, que es la gran potencia ártica, si quiere reforzar su posición en el Ártico norteamericano -lo que incluye Groenlandia y el Ártico canadiense-. Su nueva doctrina apunta justo en esa dirección. Estados Unidos lleva años de retraso respecto a Rusia, y también frente a China. Su última estrategia ártica, elaborada aún bajo la administración Biden, se centraba más en China que en Rusia, porque ya conocían bien la agenda rusa: militarización, objetivos históricos, presencia consolidada. Pero el nuevo desafío es China, y eso se subraya claramente en ese documento”.

La Unión Europea está totalmente fuera del juego. Vive en otro mundo
En este sentido pone el ejemplo de que Canadá busca socios para desarrollar su parte del Ártico y ante el contexto actual y las tensiones con Washington, Ottawa está manteniendo conversaciones con China. “Aproximadamente el 40% del territorio canadiense es ártico”, destaca.
Bruselas, sin rumbo
Marc Lanteigne, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Ártica de Noruega e investigador de la geopolítica del Ártico, señala que la UE ha logrado establecer alianzas en el Ártico en un momento de creciente hostilidad de EEUU pero los cálculos geopolíticos y el coste de la contienda en Ucrania condicionan su posición. “Se han observado signos positivos de cooperación tanto entre los países nórdicos, especialmente Finlandia y Suecia como miembros de la OTAN, como entre los gobiernos europeos y Canadá. Todos ellos coinciden en cuanto a la soberanía de Groenlandia, pero la UE tiene una influencia limitada sobre la política estadounidense, especialmente teniendo en cuenta que los gobiernos europeos están tratando de evitar una fractura de la OTAN y una reducción del apoyo estadounidense a Ucrania”, arguye el experto.
La ambición Ártica de Trump pasa por traicionar a su socios europeos y en el viejo continente no parecen verlo. “La Unión Europea está totalmente fuera del juego. Vive en otro mundo. Tras la guerra en Ucrania y con el regreso de Donald Trump a la presidencia, el orden internacional se ha transformado en un escenario sin leyes, dominado por la fuerza. Lo estamos viendo en Venezuela y en otros lugares. Y en ese contexto, nadie en Europa está dispuesto a luchar por Groenlandia, igual que nadie estaba dispuesto a morir por Ucrania”, añade el analista italiano.
“Las relaciones entre Groenlandia y Dinamarca siguen marcadas por un pasado colonial doloroso. Hace poco se reveló el escándalo de las esterilizaciones forzadas de niñas inuit en los años 70 y 80. Eso explica por qué no hay un verdadero interés en mantener lazos estrechos con Dinamarca ni con Europa. Los groenlandeses están abiertos a todos, igual que lo estuvieron con China hace solo unos años. Soy pesimista: creo que Estados Unidos encontrará sin demasiada dificultad la manera de establecer una asociación más estrecha con Groenlandia”, concluye.
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