El Ártico ha dejado de ser una frontera remota para convertirse en uno de los principales escenarios de la rivalidad geopolítica global. De la cooperación científica se ha pasado a una carrera por el control de sus recursos, territorios y rutas comerciales. En esta carrera Estados Unidos lleva años de retraso respecto a Rusia y para alcanzarla y frenar la influencia China en la región, la administración Trump apuesta por traicionar a sus aliados, por confrontar a la débil Europa, incluso a su vecina Canadá.

La administración Trump, mientras revive la doctrina Monroe, ha apostado por una región del mundo que percibe como su patio trasero, combinando seguridad nacional, control de recursos y una retórica cada vez más agresiva sobre Groenlandia. Los dardos de Trump y los suyos, con la propuesta de comprar Groenlandia, han marcado la agenda de esta semana, con los líderes de la UE denunciando una ofensiva que amenaza incluso la pervivencia de la OTAN. La próxima semana está prevista una reunión en Washington entre altos representantes de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia para abordar el futuro de Groenlandia. "Vamos a hacer algo con Groenlandia, por las buenas o por las malas", repitió este viernes Trump en la Casa Blanca.

La disputa, no obstante, lleva meses forjándose. Y se ha intensificado desde finales de 2025. En diciembre, en una muestra más de ese creciente apetito, la Guardia Costera de los Estados Unidos adjudicó a dos empresas, una estadounidense y otra finlandesa, sendos contratos para construir seis buques rompehielos Arctic Security Cutter (ASC), diseñados para atravesar y navegar por aguas cubiertas de hielo y defender “la soberanía estadounidense frente a las agresivas acciones económicas y militares de los adversarios en el Ártico”.

Pedro Sánchez en la foto de familia de la cumbre de la OTAN en La Haya
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (d); el presidente estadounidense, Donald Trump (i); entre otros líderes, posan en la foto de familia de la cumbre de la OTAN en La Haya. | Efe

Rompehielos para "defender la soberanía"

“Los buques defenderán la soberanía de Estados Unidos, protegerán las rutas marítimas críticas, protegerán los recursos energéticos y minerales y contrarrestarán la presencia de nuestros adversarios en la región ártica”, subraya el comunicado del Departamento estadounidense de Seguridad Nacional. “Estados Unidos ha sido una nación ártica durante más de 150 años y, por fin, estamos actuando como tal bajo la presidencia de Trump. Nuestros adversarios siguen buscando aumentar su presencia en el Ártico, por lo que equipar a la Guardia Costera con buques de seguridad árticos ayudará a reafirmar el dominio marítimo estadounidense en la zona”, declaró la secretaria Kristi Noem. “Revitalizar las capacidades rompehielos de la Guardia Costera de los Estados Unidos es crucial para nuestra seguridad y prosperidad, y el anuncio de hoy es un paso importante en esa dirección”. 

Zonas reclamadas por los distintos países en el Ártico
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Se prevé que los primeros buques sean entregados entre 2028 y 2029. El objetivo es aún más ambicioso: adquirir en los próximos años hasta 10 embarcaciones. La Guardia Costera de EEUU solo cuenta actualmente con dos rompehielos polares, mientras que Rusia tiene alrededor de 40. En el rearme Finlandia cumplirá una función fundamental. “Los astilleros finlandeses construyen los mejores rompehielos y cruceros más grandes del mundo. Conseguir este pedido de rompehielos es algo fantástico para Finlandia y para toda nuestra industria marítima”, se jactó el ministro de Economía finlandés, Sakari Puisto.

El giro de Washington en el Ártico está jalonado de inversiones militares, presión diplomática y una retirada progresiva del apoyo a la ciencia climática, con consecuencias directas para Europa y para la gobernanza internacional de la región. A juicio de Rob Huebert, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de Calgary, el renovado interés de Trump resulta difícil de descifrar como una estrategia coherente. En declaraciones a El Independiente, admite que “las razones no están del todo claras”, aunque apunta a un elemento constante: “Parte del problema está relacionado con la postura de Trump de abrir cualquier territorio al desarrollo de petróleo y gas. La administración anterior había presentado políticas para limitar el desarrollo de petróleo y gas con el fin de proteger el medio ambiente. Esto es algo a lo que Trump se opone firmemente”.

Aviones F-35 del ejército estadounidense sobrevuelan Groenlandia el 7 de octubre de 2025. | Ejército de EEUU

Su obsesión por 'poseer' Groenlandia y todo Canadá, incluida su región ártica, escapa a una explicación sencilla

“Sin embargo, su obsesión por 'poseer' Groenlandia y todo Canadá, incluida su región ártica, escapa a una explicación sencilla. El Gobierno de Dinamarca siempre ha estado muy abierto al desarrollo estadounidense de su base septentrional. Del mismo modo, en Canadá se han realizado esfuerzos para mejorar los sistemas defensivos compartidos que se han visto perjudicados por la retórica de Trump sobre la anexión de Canadá. Por lo tanto, si el interés de Trump es la seguridad de la región, lo está abordando de una manera muy problemática”, agrega.

Potenciales recursos minerales de Groenlandia

Potenciales recursos minerales de Groenlandia
Fuente: Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS)/ GV

Un estudio realizado en 2023 por el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS) desveló que 25 de los 34 minerales considerados "materias primas críticas" por la Comisión Europea se encontraban en Groenlandia. Entre ellos, figuran el oro, el níquel, las tierras raras, el zinc o el cobre. La extracción de petróleo y gas natural está prohibida en Groenlandia por motivos medioambientales, y el desarrollo de su sector minero se ha visto obstaculizado por la burocracia y la oposición de los pueblos indígenas.

Clave para la disuasión nuclear

Desde una perspectiva militar, el Ártico sigue siendo un pilar del sistema de disuasión nuclear entre Washington y Moscú. Huebert recuerda que “cualquier ataque de Rusia contra Estados Unidos tendría que pasar por el Ártico debido a la ubicación geográfica entre ambos países”, lo que convierte a la región en una zona crítica para la detección temprana. El riesgo, añade, es que la modernización de los sistemas rusos altere ese equilibrio y reduzca los márgenes de disuasión.

Para Timo Koivurova, profesor investigador del Centro Ártico de la Universidad de Laponia, este tipo de decisiones ilustran bien el cambio de enfoque de la administración Trump. “El Ártico lleva ya un par de décadas cobrando cada vez más relevancia para Estados Unidos”, explica a este diario, pero con Trump “EEUU se centra más en los problemas de seguridad dura”, algo que se refleja tanto en la compra de rompehielos como en la presión política sobre Groenlandia. En su opinión, las declaraciones del presidente estadounidense sobre la posible compra o incluso invasión de la isla “envían una señal clara a China de que Groenlandia se encuentra dentro del ámbito de interés estratégico de Estados Unidos”.

Un instructor del Centro de Entrenamiento de Guerra de Montaña de Operaciones Especiales de EE. UU. (SOMWTC) habla con las Fuerzas Especiales danesas sobre seguridad ante avalanchas en las montañas de Mestersvig, Groenlandia | Ejército de EEUU

Ese mensaje se ha intensificado en las últimas semanas con la designación de un enviado especial estadounidense para Groenlandia, el gobernador de Luisiana Jeff Landry. “Estados Unidos tiene que tener Groenlandia por motivos de seguridad nacional”, insistió Trump en una rueda de prensa a finales de diciembre. El movimiento  ha reactivado la tensión diplomática con Dinamarca y ha provocado una reacción inmediata de respaldo europeo a la soberanía danesa. Desde Nuuk, la capital de Groenlandia, y Copenhague se denuncia que la isla está siendo reducida a un mero objeto geopolítico.

El presidente Donald Trump se reúne con la primera ministra danesa Mette Frederikse en 2019

En opinión de Koivurova, no obstante, este endurecimiento retórico no implica necesariamente un plan de anexión: “Todos los intereses de Estados Unidos ya están bien asegurados en Groenlandia a través de acuerdos existentes y de su presencia militar”, sostiene, por lo que ve más probable una estrategia de disuasión frente a China que un cambio radical del orden internacional.

Más escéptico con la idea de una estrategia sólida es Michael Byers, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Columbia Británica. A su juicio, la imprevisibilidad de Trump dificulta hablar de una política ártica coherente. “Donald Trump es tan inconsistente y a menudo contradictorio que es difícil identificar algo que se acerque a una política ártica”, asevera. Byers reconoce avances puntuales, como la compra de nuevos rompehielos, pero recuerda que “eran necesarios de todos modos y cumplen una combinación de fines civiles y de seguridad”, por lo que no los interpreta como prueba de un compromiso estratégico profundo.

Una amenaza existencial

Ese diagnóstico enlaza con el análisis de Michael Walsh, investigador principal del Instituto de Investigación de Política Exterior, quien advierte de que la securitización del Ártico tiene costes políticos y normativos. Walsh señala en El Independiente que la retirada del apoyo a la ciencia y el giro hacia prioridades militares forman parte de un proceso más amplio que redefine el Ártico como un espacio de amenaza existencial. En ese marco, identifica “dos preocupaciones de soberanía interrelacionadas para el Reino de Dinamarca”: la posibilidad de algún tipo de ocupación estadounidense de Groenlandia y la opción de que se establezca un acuerdo político permanente entre Washington y Nuuk que erosione el Estado danés. “Por ejemplo, un estado protectorado de Estados Unidos; un estado asociado libremente a Estados Unidos; un territorio de Estados Unidos; un estado de Estados Unidos; un condominio entre Estados Unidos y Dinamarca”, esboza como posibles opciones.

“Las repercusiones para la OTAN dependen de lo que suceda a continuación”, vaticina. Para la alianza, “existe una gran diferencia entre una ocupación beligerante o una campaña de influencia encubierta que dé lugar a una anexión formal y un pacto de libre asociación negociado de forma justa tras un referéndum de independencia exitoso”. “Lo primero supondría un riesgo existencial para el futuro de la alianza de la OTAN, mientras que lo segundo probablemente permitiría la continuación del statu quo”, advierte.

Cómo sería la posible ruta en el Ártico central con el deshielo
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Mientras Estados Unidos refuerza su presencia militar, congela cualquier ambición científica y endurece su presión diplomática, Rusia consolida su dominio operativo en el Ártico y China mantiene una estrategia paciente de acceso económico, la misma que ha desarrollado en el resto del planeta. Europa, en cambio, aparece atrapada entre declaraciones de principios y una capacidad limitada para influir en el terreno.

En diciembre, tras las declaraciones de Trump, la presidenta de la Comisión Europea  Ursula von der Leyen se limitó a decir que “la integridad territorial y la soberanía son principios fundamentales del derecho internacional”. “Estos principios son esenciales no solo para la Unión Europea, sino también para las naciones de todo el mundo”, indicó antes de añadir que la seguridad del Ártico era una gran prioridad para la UE. El riesgo cada vez más cierto es que, con el Ártico amplificándose como escenario decisivo de la geopolítica global, las grandes potencias marquen el rumbo y Europa llegue, una vez más, tarde y con escaso margen de maniobra.