La República Islámica lleva 45 años construyendo su identidad sobre una negación: la del Irán que existía antes de 1979. Un país convertido en pecado, en propaganda y en amenaza. Pero cada vez que la calle se levanta y el régimen reprime, el pasado vuelve a buscar rendijas por las que regresar. En los últimos 15 días, en medio de nuevas llamadas a la movilización y una atmósfera de desafío sostenido al régimen de los Ayatolás, ha reaparecido un rostro que Teherán quiso borrar de la memoria colectiva: Reza Pahlavi, hijo del último sha, heredero sin trono. Para algunos, es una promesa de futuro; para otros un pasado financiado desde un cómodo exilio en EEUU y cercano a Israel.
Su nombre circula en el circuito del exilio, en los vídeos virales y en la prensa. Y su fotografía —eso es lo verdaderamente relevante— ha empezado a asomar también en algunas protestas dentro de Irán, al menos hasta que hace cuatro días el internet y las comunicaciones fundieran a negro. Como símbolo. Como mensaje de ruptura. Como recordatorio de que el régimen ya no controla del todo el repertorio emocional de la calle. Y que Pahlavi es una de las voces más visibles de la diáspora iraní, tratando de ocupar un espacio en el vacío de liderazgo que deja un país donde organizarse tiene un precio: cárcel, tortura o desaparición.
El heredero de un país que no puede pisar
Reza Pahlavi tiene 65 años y acumula 46 años de exilio. Un exilio que arrancó precisamente un enero, pero de 1979, cuando su padre, Mohamed Reza Pahlavi, abandonó Teherán junto a la emperatriz Farah. Fue el inicio del destierro y también el comienzo de una vida marcada por una paradoja: ser heredero de un país que nunca ha podido volver a gobernar ni siquiera pisar.
En una entrevista exclusiva con El Independiente en octubre de 2022, en plena sacudida nacional tras la muerte de la joven Mahsa Amini, el propio Pahlavi describió aquel momento como un tránsito sin retorno. “El pueblo ve al régimen iraní como una fuerza enemiga de la que deben recuperar su país y su futuro”, afirmó entonces. Unas declaraciones que siguen siendo válidas en las que las protestas que arrancaron el 28 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán suman cientos de cadáveres.
El relato del exilio: Sadat, Marruecos y la tumba en El Cairo
Pahlavi ha contado con detalle la secuencia del destierro familiar. “Mi padre dejó el poder voluntariamente para evitar un baño de sangre”, ha señalado en más de una ocasión. Según su propio testimonio, el sha llegó a Egipto invitado por el entonces presidente Anuar el Sadat y permaneció seis días en Asuán antes de viajar a Marruecos. Fue allí, explica Reza, donde se reencontró con él.
La historia termina donde empezó la caída: en Egipto. Tras una larga batalla contra el cáncer, el sha falleció en julio de 1980 en El Cairo, despedido con un funeral de Estado. Allí continúa enterrado. Pahlavi sostiene además que no hubo una promesa explícita de reconquistar el trono perdido ni de urdir venganza. Asegura que, en las dos semanas previas a la muerte de su padre, apenas pudieron hablar, con el monarca ya postrado en la cama del hospital. Y que cuando conversaron con más calma —a principios de aquel año, en México— la preocupación inmediata no fue la restauración, sino el derramamiento de sangre: “las noticias de ejecuciones” y la persecución de civiles y militares, así como la huida al exilio de disidentes.
Pahlavi intenta presentarse menos como aspirante dinástico y más como heredero de una nación “secuestrada”, arrojando sobre el régimen un juicio moral y estratégico: el Estado como enemigo.
El hombre que pudo reinar en Teherán (y prometió volver)
El primogénito del sha guarda la memoria del Trono del Pavo Real y de aquella autoproclamación imperial, shāhān shāh, “rey de reyes”. Pero su vida política real comienza después, ya desde Estados Unidos, cuando decide convertir el apellido en herramienta.
En la década de 1980, desde el exilio, Pahlavi intensificó su actividad contra el régimen. Uno de los episodios que resumen su mitología personal ocurrió en septiembre de 1986. Afincado en Virginia, ofreció una alocución de 11 minutos que logró colarse en televisores iraníes mediante el pirateo de la señal de la televisión estatal. El heredero prometió por las ondas: “Regresaré”.
El compromiso sigue sin cumplirse. El propio Pahlavi lo explica: “Me encantaría volver a casa y ayudar en todo lo que pudiese. Todavía no nos encontramos en eso porque, mientras exista este régimen, no puedo estar físicamente allí. Figuro en su lista de objetivos”.
Es parte del argumento central del exilio. Pahlavi afirma que ha sido “el individuo más atacado y amenazado” fuera de Irán, citando alertas transmitidas por agencias de inteligencia, y lo resume en un objetivo: derrotar al sistema.
Su biografía no está exenta de polémicas. Para algunos no dejar de ser un agente de la CIA y otros no le perdona su viaje a Israel en abril de 2023. Entonces Pahlavi, que se autodenomina “defensor de un Irán secular y democrático”, afirmó que su visita tenía como objetivo construir un futuro más brillante, ya que quiere “que el pueblo de Israel sepa que la República Islámica no representa al pueblo iraní”.
Las últimas llamadas a las protestas: sincronizar la revuelta desde X
Desde principios de año, Pahlavi ha acudido a las redes sociales para lanzar mensajes de apoyo a los manifestantes. El 6 de enero lanzó un llamamiento público a los iraníes para que durante las dos jornadas siguientes corearan consignas exactamente a las 20:00, “en las calles o incluso desde sus hogares”. No era una convocatoria clásica. Era un intento de fabricar una unidad a golpe de reloj.
Su oficina de prensa sostiene que, tras el llamamiento del 8 de enero, “millones” se sumaron a las calles en distintas ciudades y que en Teherán varios barrios “estallaron en cánticos” a la hora fijada. También afirma que se registraron consignas favorables a Pahlavi en ciudades como Teherán, Mashhad, Isfahán, Ahvaz, Qom, Tabriz, Rasht, Abadan o Kerman.
En paralelo, su cuenta de X funciona como centro de agitación constante. Ahí insiste, día tras día, en la idea de continuidad y desbordamiento: sacar a la gente a la calle, multiplicar la presión y vencer a las fuerzas de seguridad “por número”. “Querido pueblo de Irán, valientes compatriotas: durante las últimas dos semanas, y especialmente en los últimos cuatro días, habéis sacudido los cimientos de la ilegítima República Islámica mediante manifestaciones masivas en todo el país. Ahora, basándome en vuestra abrumadora respuesta a los recientes llamamientos y con el mandato público que he recibido de vosotros, anuncio una nueva fase del levantamiento nacional para derrocar a la República Islámica y recuperar nuestro querido Irán”, declaró el domingo desde su cuenta en X.
Estamos a punto de recuperar nuestro querido Irán de manos de la República Islámica
Al ejército y el aparato policial iraní les conminó a tomar una decisión: “ponerse del lado del pueblo y convertirse en aliados de la nación, o elegir la complicidad con los asesinos del pueblo y soportar la vergüenza y la condena eternas de la nación”; a los iraníes del exilio les llamó a adornar “todas las embajadas y consulados con la bandera nacional de Irán, en lugar de la vergonzosa bandera de la República Islámica”.
“Estamos a punto de recuperar nuestro querido Irán de manos de la República Islámica. Jamenei y su régimen ya han sufrido varios golpes duros a vuestras manos, y no debemos permitirles ni un momento para recuperarse. El régimen se enfrenta a una grave escasez de fuerzas represivas; el aumento de los disparos contra el pueblo no es una señal de fuerza, sino de miedo, miedo al colapso y a una caída acelerada. No permitiremos que estos criminales derramen más sangre de nuestros jóvenes. No les daremos esa oportunidad. No retrocederemos”, reclamó. “La libertad de Irán está cerca. La sangre derramada por los hijos e hijas inmortales de Irán guía nuestro camino hacia la victoria. No estamos solos. El apoyo internacional llegará pronto. Estad atentos a mis próximos mensajes. Muy pronto, recuperaremos nuestro amado Irán de manos de la República Islámica, y las celebraciones de la libertad y la victoria llenarán cada rincón de nuestro país”.
No obstante, su imagen en las protestas no significa necesariamente que los manifestantes quieran el retorno de un rey. En muchos casos es simplemente una manera de gritar lo contrario de lo que el régimen exige: obediencia, silencio, resignación. En un sistema que se fundó humillando a la monarquía, exhibir al heredero es una forma de blasfemia política.
Trump duda sobre su rol futuro
Los expertos en Irán reconocen que resulta difícil medir el apoyo real de Pahlavi dentro de Irán, pero admiten que, en momentos de agitación, su figura reaparece como símbolo para parte de los opositores y como punto de referencia en el exilio. Ni siquiera resulta evidente que tenga el apoyo de la administración Trump. En unas declaraciones recientes, el republicano descartó reunirse con el heredero alegando que “no sería apropiado”. “Creo que deberíamos dejar que todos salgan ahí fuera y ver quién destaca”, dijo Trump. “Bueno, lo he observado y parece un buen tipo, pero no estoy seguro de que sea apropiado en este momento hacerlo presidente”.
En la entrevista con El Independiente, Pahlavi mostró su orgullo por “la valentía de la juventud”, la misma que ha vuelto ahora a las calles para exigir un ajuste de cuentas. “Mi padre siempre tuvo fe, incluso hasta el final, en que el pueblo iraní despertaría a las realidades de este régimen y se daría cuenta del poder y el compromiso que tenían dentro de ellos para determinar su destino. Sé que los está observando con orgullo mientras la generación actual da los últimos pasos para derrocar este régimen profundamente antiiraní”.
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