Berlín, Roma y Bruselas elevan el pulso diplomático con Washington después de que también Londres y Madrid también rechazaran sumarse. Alemania e Italia, dos de los socios europeos que la Casa Blanca aspiraba a sumar a la llamada Junta de Paz impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han marcado distancias este viernes de la arquitectura actual del organismo alegando impedimentos constitucionales. A la presión se suma la negativa formal de España y las “serias dudas” expresadas por el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, sobre la compatibilidad del plan con Naciones Unidas.

En una comparecencia conjunta en Roma, el canciller alemán, Friedrich Merz, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, coincidieron en el mensaje: apoyo al objetivo general de estabilizar Oriente Medio, pero rechazo frontal a las “estructuras de gobernanza” planteadas por la Administración estadounidense, por colisionar —según ambos líderes— con sus respectivos marcos jurídicos nacionales.

“Estamos dispuestos a hablar de nuevas formas de cooperación con Estados Unidos”, afirmó Merz, subrayando que la cuestión no es la finalidad política sino la ingeniería institucional con la que Trump pretende canalizar la iniciativa.

Berlín: sí al proceso, no al diseño

Merz dejó la puerta abierta a una implicación alemana, incluso a título personal, siempre que la Junta se reformule y se integre en un esquema más amplio del proceso. El canciller explicó que estaría dispuesto a participar si el organismo contemplara una segunda fase vinculada a Gaza, pero dejó claro el límite: Alemania no puede aceptar la configuración actual.

Según el propio Merz, ya trasladó hace semanas esta posición directamente a Trump: Alemania participaría si se tratara de “un organismo que acompaña el proceso de paz de Gaza”, pero no en la versión presentada por la Casa Blanca.

La lectura en Berlín es que la Junta, tal y como ha sido concebida, excede el encaje institucional necesario para una participación formal alemana sin abrir un conflicto interno sobre competencias, legalidad y legitimidad de la estructura.

Roma reclama “reabrir” la iniciativa

Meloni endureció el tono sobre los obstáculos legales y pidió explícitamente una revisión del mecanismo. “Tenemos una postura de apertura y disposición, pero objetivamente existen problemas con la forma en que se ha configurado la iniciativa y para nosotros son de carácter constitucional”, señaló la mandataria italiana.

La primera ministra confirmó además que solicitó a Trump “reabrir” el diseño del organismo para permitir que países europeos con marcos legales comparables puedan integrarse sin fricciones jurídicas.

Pese al rechazo, Meloni trató de mantener el equilibrio diplomático con Washington insistiendo en que Italia sigue interesada y que un eventual papel italiano y alemán podría “marcar la diferencia”. Reivindicó, además, la implicación europea como condición práctica para sostener cualquier salida: una tregua “compleja y frágil” que, a largo plazo, debería conducir a la solución de los dos Estados.

Sánchez se baja: “fuera del marco de Naciones Unidas”

La contestación europea no se limita al eje Berlín-Roma. España formalizó este viernes su rechazo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, descartó la participación en la Junta al considerar “evidente” que está fuera del marco de Naciones Unidas y criticó que la propuesta no incluya a la Autoridad Nacional Palestina.

“Agradecemos la invitación, pero declinamos el participar en esa Junta propuesta por la Administración estadounidense”, subrayó Sánchez en una comparecencia en Bruselas tras la reunión extraordinaria de líderes de la UE que analizó también las intenciones de Trump respecto a Groenlandia.

El jefe del Ejecutivo español justificó la decisión por coherencia con la política exterior del Gobierno: defensa del multilateralismo, del sistema de la ONU y del Derecho Internacional, además de la tesis de que el futuro de Palestina “deben dirimirlo los palestinos”.

Bruselas tiene “serias dudas” sobre su gobernanza y la ONU

En paralelo, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, endureció la posición institucional de la UE sobre el plan: el bloque comunitario tiene “serias dudas” sobre elementos de la carta fundacional de la Junta, especialmente en lo relativo a su alcance, gobernanza y compatibilidad con la Carta de Naciones Unidas.

Costa reiteró la disposición de los Veintisiete a colaborar con Estados Unidos, pero fijó la condición política: cualquier Junta que actúe como administración de transición debe hacerlo de conformidad con la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad.

En la práctica, el mensaje es una advertencia a Washington: si Trump pretende impulsar una plataforma de influencia global —capaz de saltar de Gaza a otros conflictos internacionales— Europa no entrará sin garantías jurídicas y cobertura multilateral.

Una Junta con apoyos selectivos… y Europa fracturada

La iniciativa, presentada por Trump en el Foro de Davos, fue concebida inicialmente para supervisar su plan para Gaza, aunque la Casa Blanca pretende ampliarla a otros conflictos. De momento, el organismo suma apoyos de países como Israel, Argentina, Paraguay o Egipto, mientras que en Europa crece la desconfianza.

Además de España, han rechazado la propuesta Francia, Bélgica, Noruega y Suecia, según fuentes comunitarias. Dentro de la UE, solo Hungría y Bulgaria se han mostrado dispuestos a sumarse.