En Davos, una localidad alpina donde cada año se da cita la élite política y económica mundial, han sido testigos directos esta semana del espectáculo en el que ha convertido Donald Trump su Presidencia. Es un show al estilo de El Aprendiz, donde se hizo famoso en EEUU. Para Trump en el mundo los fuertes tienen derecho a imponerse, y los débiles no tienen otra opción que doblegarse agradecidos. Las burlas sustituyen al respeto. El acoso se justifica incluso con los tradicionales aliados. Su obsesión por Groenlandia ha demostrado que no respeta la soberanía de los países europeos. Aunque haya reculado en el momento más inesperado, ya nadie se fía en Europa del presidente de Estados Unidos. Trump no lidera, avasalla. Y los europeos se juegan su dignidad si no aprenden a lidiar con él.
"La dignidad es lo más valioso que tenemos en democracia", dijo el primer ministro de Bélgica, Bart de Weber. El presidente del Consejo Europeo, el portugués, António Costa, se refería al "respeto" entre aliados al concluir la cumbre extraordinaria sobre la crisis en la relación transatlántica. La Unión Europea se basa sobre valores, no sobre la ley del más fuerte. Los más pequeños tienen el mismo derecho al voto que los más grandes. Trump quiere dinamitar lo que representa Europa. Sus acciones, aplaudidas por la Rusia de Putin, buscan la división y la desaparición de la Unión Europa. La unidad hace fuertes a países que por separado no tendrían relevancia. Son competidores con unos valores contrapuestos a los suyos.
Trump insulta, se burla y desprecia
A Davos llegaron los europeos, sobre todo los daneses, con gran expectación. Trump dijo que se iba a quedar con Groenlandia "por las buenas o por las malas". El ministro de Exteriores danés y la jefa de la diplomacia groenlandesa conversaron con el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, sin éxito. En Davos, Trump primero dijo que no usaría la fuerza militar, aunque mostró que habría represalias si no se atenían a sus deseos. Poco más tarde, anunció que había llegado a un principio de acuerdo con el secretario general de la OTAN. Como si Groenlandia fuera propiedad de la Alianza Atlántica. Aún son un misterio los términos sobre los que conversaron. Dinamarca y Groenlandia insisten en que la soberanía danesa es una línea roja.
Pero el discurso de Trump fue inquietante. Trump mostró su total ignorancia: confundió varias veces Groenlandia con Islandia, y llegó a decir que se trataba de "un trozo de hielo". Eso sí, vital para la seguridad de EEUU por la amenaza rusa y china. Su visión sobre la Segunda Guerra Mundial dejó claro su desprecio por los europeos: si no llega a ser por los americanos, aquí se hablaría alemán y un poco de japonés. Y lo dijo en un país de habla alemana. Ridiculizó al presidente francés, Emmanuel Macron, por llevar gafas de sol debido a un problema ocular.
La víspera había divulgado un mensaje privado de Macron y otro de Rutte, muy halagador. También se burló en sus redes con una imagen creada por IA sobre Groenlandia: en esta ocasión aparecía junto a Rubio y Vance plantando la bandera americana en el territorio danés. En otra ocasión veía el caso como una elección de los groenlandeses entre la sombría China y Rusia, y los brillantes Estados Unidos. ¿Y Dinamarca? ¿Europa?
Un punto de inflexión
"Los europeos no olvidarán las amenazas vertidas sobre Groenlandia. No podemos infravalorar el impacto de los días de Trump en Davos. Su discurso de 70 minutos fue impactante para la mayoría de la audiencia: pretencioso, intimidante, amenazante, narcisista, alejado de la realidad. Ningún aliado americano pudo ver en su puesta en escena a un líder creíble o confiable del mundo libre", escribe Gideon Rachman en el Financial Times.
Europa se enfrenta a la vez a la Rusia de Putin, que sigue con su intento de conquistar Ucrania tras casi cuatro años de guerra. Y a los EEUU de Trump por su empeño con Groenlandia. La sorpresa es que a Trump le importa tan poco la soberanía de Groenlandia como a Putin la de Ucrania. Los dos sostienen que actúan en defensa de los intereses de su país. Los europeos no pueden renunciar a defender la soberanía y las fronteras en su territorio. Por eso son tan relevantes Ucrania y Groenlandia. De su defensa depende que la Unión Europea siga teniendo sentido.
En la cumbre extraordinaria del jueves, los líderes europeos hicieron control de daños. Macron dijo que había que mantenerse vigilantes y recordó que la UE tenía instrumentos para responder a las amenazas, en referencia a la llamada bazuca comercial. Otros como la italiana Giorgia Meloni son más partidarios del apaciguamiento. Nunca dio buenos resultados el apaciguamiento, como ha recordado el primer ministro polaco, Donald Tusk.
El desprecio a las víctimas aliadas
En realidad, en el caso de Groenlandia han jugado una serie de factores para evitar, por ahora, el escenario más catastrófico. Por un lado, Dinamarca dejó claro que no iba a ceder su soberanía sobre Groenlandia, territorio semiautónomo. Dinamarca ha desplegados soldados en Groenlandia y les ha dado la orden de estar listos para el combate. Trump se vería obligado al uso de la fuerza contra un aliado. Y Dinamarca es un aliado muy fiel hasta ahora a sus compromisos con la Alianza Atlántica. Cuando EEUU invocó el artículo 5 de la OTAN después del 11 de Septiembre, Dinamarca envió soldados a Afganistán. Murieron 41 soldados daneses allí.
Para Trump este sacrificio de daneses y otros aliados no cuenta. De hecho, lo desprecia. En declaraciones a Fox News, Trump dijo que dudaba de poder contar co los aliados. "Nunca los hemos necesitado. Nunca les hemos pedido realmente nada. Ya saben, dirán que enviaron algunas tropas a Afganistán, o esto o aquello. Y lo hicieron, pero se quedaron un poco atrás, fuera de las líneas del frente", dijo el presidente de EEUU.
Desde las principales capitales europeas han clamado con indignación por estas palabras. El primer ministro británico, Keir Starmer, consideró "insultante" lo que había dicho Trump y evocó el dolor de las familias de las víctimas. Incluso el príncipe Harry, que estuvo destacado en Afganistán, pidió respeto por las víctimas. También ha enfurecido a la primera ministra danesa, y a los ministros de Defensa de Italia y Alemania. ¿Hasta dónde puede llegar la falta de principios de Trump?
Las armas de la UE
Junto con la firmeza de Dinamarca, la UE también dejó claro que podría imponer aranceles por valor de 93.000 millones de dólares a Estados Unidos si los que Trump había amenazado con aplicar se hacían efectivos. De hecho, el Parlamento Europeo ha suspendido el acuerdo comercial entre EEUU y la UE, firmado en julio por Trump y Von der Leyen. Macron aboga por aplicar el Instrumento Anticoerción, en caso de que vuelva a las andadas. Trump ha visto que la UE podía perjudicar sus intereses.
Los mercados también apuntaban que no sería una buena idea invadir Groenlandia. Según datos del Departamento del Tesoro, los miembros de la UE y los aliados de la OTAN poseen más de 3,31 billones de dólares en deuda estadounidense, más del triple de lo que posee China. El martes, el rendimiento del bono estadounidense a 10 años de referencia alcanzó su nivel más alto desde agosto, lo que provocó la preocupación de que los inversores vendieran los bonos del Tesoro estadounidense si Trump intensificaba el conflicto. Dinamarca ya dijo que lo iba a hacer.
A ello se suma que la idea es impopular en EEUU. El 75% se opone a cualquier intento de apoderarse del territorio. Entre los senadores republicanos crecía la corriente de opinión en contra de la invasión.
Thomas Wright, investigador senior en la Brookings Institution, señala en The Atlantic que "la lección que Europa probablemente extraerá del último año —y en particular del fiasco de Groenlandia— es que debe combinar el palo y la zanahoria. Necesita personas que le susurren al oído a Trump y le halaguen, pero también necesita revestir sus guantes de terciopelo con acero. Si los líderes europeos solo le elogian, es probable que Trump les ignore cuando le convenga, rompa cualquier acuerdo que hayan alcanzado y se apropie de todo lo que pueda cuando se le presente la oportunidad. Si solo muestran dureza, corren el riesgo de incitarlo a retirarse de la OTAN o romper la alianza transatlántica de otras maneras".
Alianza de potencias medianas
Sin embargo, como guía para el presente los líderes europeos han de fijarse bien en el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien aboga por la unión de las potencias medianas contra los abusadores. El diagnóstico ha quedado claro: las grandes potencias "usan la integración económica como un arma, los aranceles como influencia y la infraestructura financiera como coerción". En este mundo ya vale de poco apelar al respeto a las normas internacionales. "Ya no podemos apoyarnos en la fuerza de nuestros valores sino en el valor de nuestra fuerza", decía Carney. Y la estrategia que propone se basa en desacoplarse de América y diversificar.
No se trata solo de mirar a China, y Carney lo dice a la vuelta de un viaje allí. Tampoco China será la solución. "La red de lazos económicos entre India, Japón, Corea del Sur, y países de Latinoamérica y África, tiene que ser más intensa", señala Rachman. Europa ha de seguir ese camino: Canadá y el Reino Unido son socios medianos con los que buscar sinergias.
Es significativo también que Europa haya dado la espalda a la Junta de la Paz, ese invento de Trump para su mayor gloria. Al foro, con el que pretende aplicar su doctrina inmobiliaria en Gaza y más allá, se han sumado todos aquellos que quiere plegarse al emperador, sobre todo por el interés en asociarse empresarialmente. Incluso Putin está dispuesto, siempre que pueda pagar con los activos congelados rusos.
Los líderes europeos podrían empezar a cambiar de actitud precisamente facilitando a Ucrania usar esos activos y negarse a que los toque Rusia. El presidente de Ucrania quiso en Davos zarandear a los europeos para que actuaran y se dejaran de palabrerías. Los ucranianos están haciendo lo imposible por defenderse de un enemigo atroz, Rusia. Es hora de que la UE actúe como un actor geopolítico con voluntad de sobrevivir en este mundo de depredadores.
Quizá Trump sirva como revulsivo para que la Unión Europea dé el paso y deje atrás sus titubeos y sus debilidades. Igual que Putin ha ayudado a que se forje la identidad ucraniana cuando su intención era lo contrario puede que Trump vaya a conseguir que los líderes europeos tomen conciencia de que solo como una potencia unida tenemos opciones en este nuevo orden global.
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