El régimen cubano ha sobrevivido a 13 presidentes de Estados Unidos pero con Donald Trump está al borde del abismo. La tutela de EEUU sobre Venezuela ha derivado en la pérdida de suministro del petróleo de sus subordinados bolivarianos. Ya no queda apenas gasolina, y los apagones van a multiplicarse. En Venezuela EEUU se llevó al tirano y advirtió a su séquito. A Cuba la empuja a la deriva y a la vez es su tabla de salvación. En ese contexto hay dos descendientes de Fidel y Raúl Castro, Óscar Pérez-Oliva Fraga y Alejandro Castro Espín, en quienes se han fijado los medios como portavoces de una salida negociada. Serían los Delcy cubanos. Con permiso de los cubanos de Miami que no verían con buenos ojos que los Castro impregnaran el proceso, pero podrían ser figuras circunstanciales.
Resulta muy difícil saber qué pasará con el régimen de partido único que encabeza Miguel Díaz-Canel desde 2018. Raúl Castro, hermano de Fidel que falleció en noviembre de 2016, le cedió el testigo aunque él siguió como primer secretario del Partido Comunista hasta 2021. Raúl Castro, a sus 94 años, apareció en público la última vez cuando llegaron a La Habana los restos de los cubanos que protegían a Nicolás Maduro. Treinta y dos militares cubanos murieron en el ataque de EEUU en Caracas el 3 de enero. Quedaba así confirmado que Maduro estaba protegido por los cubanos. De alguna manera esos caídos anticipaba lo que llegaría a Cuba.
El futuro de Díaz-Canel
Raúl Castro sigue representando la conexión con la Revolución de 1959. El último vestigio de una legitimidad histórica en la que se ampara el régimen vigente en Cuba.
"La muerte de Raúl Castro sería un desastre. El régimen ya no tendría legitimidad histórica. Tampoco la tiene por gobernanza, ya que es un desastre cómo está gestionado el país. Está en un declive existencial. No sé cómo van a salir de ahí. Han de buscar algún tipo de apertura", explica Susanne Gratius, profesora de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid.
"Es muy difícil saber qué futuro le espera a Miguel Díaz-Canel. El Estado cubano es como una caja negra. En principio es un régimen hermético y no hay divisiones. Lo que sí han reconocido es que hay negociaciones con EEUU, como ha reconocido el viceprimer ministro de Exteriores, Carlos Fernández de Cossio. No se conocen los detalles", añade Gratius. A su juicio, no hay una figura como Delcy. "Las figuras surgen cuando hay una apertura. En Venezuela la cúpula estaba más dividida. No creo que se pueda extrapolar a Cuba".
Alejandro Castro, tras la apertura con Obama
Sin embargo, como apunta Ricardo Herrero, director del Cuba Study Group, Delcy tampoco era obvia "Hay negociaciones con Alejandro Castro por lo que se sabe. Y también suena ahora Pérez-Oliva, pero él no tiene potencia política. Ha sido un gestor, un tecnócrata. No tiene protagonismo político pero podría asumirlo rápidamente. Hasta ahora eran los otros líderes los que elegían al líder. Sería difícil que lo acepte la línea dura en Miami porque es parte de la familia Castro. Pero podría ser que optaran por el pragmatismo, como lo hicieron con la apertura de Obama. Aunque no sea un cambio perfecto quieren ver cambios reales. También en la isla dicen lo mismo".
¿Quiénes son estos dos descendientes de Fidel y Raúl Castro que podrían desempeñar un papel en este periodo crítico? Alejandro Castro Espín es hijo de Raúl Castro. El rumor que corre por la isla es que Alejandro estaría negociando con EEUU a instancias de su padre, sin haber contado con Díaz-Canel. Con mediación mexicana. Pero como todo en un régimen tan cerrado son rumores no confirmados. De ello daba cuenta con estas salvedades el digital 14ymedio. Castro Espín ya estuvo implicado en las negociaciones con la Administración Obama.
Propició la apertura de relaciones con Washington entonces, pero al fracasar esa vía, cayó en desgracia. También le vinculan a una extraña operación con ataques sónicos en la embajada de EEUU. El Kremlin estaba detrás pero a él le relacionaron. El caso es que desapareció de escena.
Volvió a acudir a un acto del régimen hace dos años, en segunda fila, detrás de su padre, y sin uniforme militar. Es el único hijo varón de Raúl Castro y el único descendiente directo de la famiglia que entró en el Ejército. Estuvo en Angola y en unas prácticas militares se lastimó un ojo. Desde entonces le llaman el Tuerto.
Ha superado los 60 años y estudió ingeniería en refrigeración en Cuba y luego terminó su formación en la URSS. Dicen que simpatiza con la Rusia de Putin, en donde cerró acuerdos en 2014 y 2017. A la vez fue quien invitó al director de la CIA en 2015 a La Habana. Pasó de ser un intelectual orgánico, especializado en Relaciones Internacionales y con libros publicados, a asesorar a su padre en la Comisión de Seguridad Nacional y como director de Inteligencia y ContraInteligencia. Tras años de perfil bajo ahora estaría detrás del acercamiento a EEUU.
El ascenso fulgurante de Pérez-Oliva
Otra figura en la que por primera vez se colocan los focos es Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de Raúl y Fidel Castro. Es nieto de Ángela Castro, la hermana mayor de Raúl y Fidel. Su tío, José Antonio Fraga Castro, dirigió el grupo empresarial BioCubaFarma hasta el año 2014. No lleva el apellido Castro pero es parte del clan. Es hombre de confianza de la élite histórica.
En octubre pasado fue nombrado viceprimer ministro. El primer ministro, Manuel Marrero, le colmaba de elogios en su cuenta de X: "Felicitamos al compañero Oscar por su promoción como vice primer ministro, un cuadro preparado para asumir las nuevas tareas asignadas y continuar apostando a la gestión del Gobierno". En apenas 22 meses pasó de puestos tecnocráticos a la primera fila del régimen.
"Hace apenas unos meses, Oscar Pérez-Oliva Fraga no aparecía ni en la foto del poder cubano. Para la mayoría de los ciudadanos, su nombre no decía nada; para otros, evocaba apenas un parentesco lejano con el castrismo histórico. Pero en un país donde los apellidos son llaves maestras, bastó que fuera sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro para que su ascenso dejara de parecer casual y se convirtiera en un fenómeno político: meteórico, calculado y profundamente hereditario", se leía en el digital 14ymedio sobre el ascenso fulgurante de Pérez-Oliva.
"Hombre relativamente joven, 54 años, de formación técnica, de discurso rígido pero sin estridencias, Pérez-Oliva Fraga ha encontrado su gran escenario en un año marcado por la crisis económica, el descrédito internacional y el desplome del aparato productivo. Como parte de la nueva hornada de dirigentes, su misión consiste en parecer renovación sin ser ruptura, y exhibir eficiencia sin cuestionar los dogmas que impiden cualquier eficacia real", añadía el digital que fundó la activista Yoani Sánchez.
En diciembre fue nombrado parlamentario. Era lo único que le faltaba para poder llga a la Presidencia. La Constitución fija que el presidente del país deberá tener nacionalidad cubana, una edad mínima de 35 años, tendrá que ser elegido previamente como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y recibirá los votos de los miembros de dicha Asamblea.
No quiere decir que sea ese su destino pero su ascenso meteórico en tiempos tan convulsos llama la atención. También lo rápido que ha adoptado los modos del régimen. Recientemente justificaba el secretismo para informar sobre la situación económica en la isla. "Hay cosas que no se pueden estar explicando públicamente", porque "cada gota de combustible que llega a Cuba, cada barco, está en las redes sociales y en las publicaciones".
EEUU como tabla de salvación
Cuba afronta una crisis existencial. Y, como observa Ricardo Herrero, lo paradójico es que "su tabla de salvavidas solo puede ser Estados Unidos". Una vez perdidos los lazos con Venezuela, y sin el amparo de Rusia y China, el destino de Cuba parece escrito. ¿Qué puede ofrecer Cuba? Susanne Gratius destaca que el arma de Cuba pueden ser la migración. "Es una carta de negociación. Pueden abrir para que se vaya todo el mundo", apunta. "Lo que podría ofrecer Cuba son las propiedades. Sería como volver a instaurar una especie de colonia. Ofrecerían recuperarlas a cambio de levantar las sanciones y el bloqueo", señala Gratius.
Según Ricardo Herrero, las condiciones están fijadas en ley Helms-Burton. "Parte de cualquier acuerdo involucra la salida de Raúl y Díaz-Canel. Y una apertura económica real a los mercados, liberación de presos políticos… Pero lo más probable es que venga lo que venga la estructura de partido burocrática en Cuba se mantendrá por un tiempo porque no hay alternativa". Apunta que, a diferencia de Venezuela donde hay oposición organizada, en Cuba no. Es un régimen de partido único que ha utilizado la represión para aniquilar cualquier conato de disidencia.
Cuba agoniza. La cuestión es cuánto se prolongará el sufrimiento. Los que peor lo van a pasar son los cubanos. Es algo que debería conmover a los gobernantes en Cuba, a los cubanos de Miami, y a la Administración Trump.
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