“No es un advenedizo ni tampoco un improvisado”. Así presentó Raúl Castro en 2013 a Miguel Díaz-Canel, quien ha sido elegido como su sucesor al frente de Cuba en la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la sesión de hoy jueves de la Asamblea Nacional del Poder Popular con 603 de los 604 votos emitidos. Hace cinco años, Raúl Castro le designó como primer vicepresidente del Consejo de Estado, el penúltimo peldaño en su discreto ascenso al poder. Díaz-Canel como presidente del Consejo de Estado ejercerá como jefe del Estado y del Consejo de Ministros.

Ha sido Raúl Castro quien ha anunciado a su sucesor que asume a partir de ahora como presidente del Consejo de Estado y de Gobierno. Díaz-Canel, de traje tris y corbata granate, ha agradecido «la confianza depositada» en él y ha propuesto dar a conocer el Consejo de Ministros en la próxima sesión del Parlamento unicameral en junio próximo.

Ocupará ahora el cargo de primer vicepresidente Salvador Antonio Valdés Mesa, dirigente sindical de 75 años, cuya designación fue una sorpresa pues se esperaba que ocupara este puesto Mercedes López Acea, según escribe Reinaldo Escobar en 14ymedio.com.  Logró 604 votos. Ramiro Valdés Menéndez queda como único representante de la generación histórica en el Consejo de Estado. Como era previsible, salen del Consejo de Estado Raúl Castro, de 86 años, que mantiene su puesto al frente del Partido Comunista Cubano, y José Ramón Machado Ventura, uno de los dinosaurios del régimen.

Habrá tres mujeres entre los seis vicepresidentes: la controladora Gladys María Bejerano Portela, que ya estaba, y ascienden Inés María Chapman y Beatriz Jhonson Urrutia. También es novedad el actual ministro de Salud Pública, Roberto Tomás Morales Ojeda, cercano a Díaz-Canel. El general Álvaro López Miera, que domina las finanzas de las empresas militares, deja el Consejo de Estado.

Miguel Mario Díaz-Canel (Placetas, Villa Clara, 1960) pertenece a la generación que nació después del triunfo de la Revolución, como el 77% de los nuevos miembros del Consejo de Estado, y es el primer civil que preside la Cuba post Castro. Es parte de la llamada generación perdida, que creció a la sombra de los comandantes y conoció las carencias de los 90, ahora cada vez mayores. Apadrinado desde hace 15 años por Raúl Castro, con quien mantiene una relación de confianza mutua, es el primer dirigente que no pertenece a la familia Castro en ponerse al frente de la isla comunista y de sus Fuerzas Armadas.

Como decía Churchill de la URSS, Miguel Díaz-Canel es “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. De hecho, hasta hace cinco años, cuando el dedo de Raúl Castro le señaló como su delfín muchos cubanos no sabían apenas nada de su vida. Fidel Castro, que desde julio de 2006 había delegado en su hermano aunque no dejó todo el poder hasta 2011, dio su beneplácito en 2013.

En este tiempo, tras anunciar Raúl Castro que no accedería a un segundo mandato, se ha hecho más visible en el exterior, sobre todo con viajes a Venezuela, China, Rusia o Corea del Norte, y en actos diversos en la isla caribeña. Aun así ha sabido estar en un segundo plano y nunca ha dado señales de discrepar con el alto mando. De esa manera ha escalado lentamente desde su Villa Clara natal hasta la cúspide del poder en Cuba.

Orígenes en Villa Clara

Hijo de una maestra, Aida Bermúdez, y de un mecánico, Miguel Díaz-Canel, nieto del asturiano de Castropol Ramón Díaz-Canel, estudió Ingeniería Electrónica en Santa Clara. Su bisabuelo se fue en el siglo XIX a hacer las Américas y consiguió salir adelante como empresario. La familia Díaz-Canel regentó en La Habana la fábrica de muebles La Perla.

Tras licenciarse como ingeniero, estuvo tres años como especialista en comunicaciones en las Fuerzas Armadas, y después regresó a la Universidad como docente. Fue entonces cuando se comprometió políticamente, ingresó en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y poco a poco fue ganando peso en el partido.

Esa militancia juvenil es la que ahora se está perdiendo en Cuba, un problema que incluso ha reconocido Raúl Castro. En la UJC fue número dos de Roberto Robaina, quien fuera canciller y uno de los muchos posibles delfines de los Castro que se han quedado en el camino.

Era jovial, alegre y afectuoso. También muy deportista. Le gustaba bailar con la música americana de los 70″, dice un conocido

El abogado cubano Santiago A. Alpizar, que salió de la isla en 1994 y no regresó de Miami, coincidió con Miguel Díaz-Canel en su adolescencia y juventud en Placetas, donde Miguel tenía una novia entonces (Ileana), y luego en la universidad en Santa Clara. “No éramos amigos, sino conocidos y frecuentábamos algunos sitios comunes, como el círculo juvenil en Placetas. Allí hacían bailes con música de la época, casi siempre música americana de los 70. Recuerdo que era jovial, alegre y afectuoso. Le gustaba bailar”, señala el abogado.

“En la universidad jugábamos al baloncesto en alguna ocasión, era muy buen deportista”, añade. También disfruta con el fútbol y es admirador del Barça. Alpizar nunca habló de política con Díaz-Canel. Este abogado afincado en Florida cree «el paso del poder a la generación perdida no supone un cambio real en Cuba, es solo la continuación de un proyecto fallido y desgastado» a la vez que señala que es de «la sociedad civil» de donde surgirán los cambios, aunque aún faltan líderes para dar ese paso.

Aquel Díaz-Canel veinteañero, con larga melena y con vaqueros como uniforme, se hizo gran admirador de Los Beatles y de otros grupos de la época. En 2016 fue el único dirigente cubano que no se quiso perder el histórico concierto de los Rolling Stones. También fue el primero que llevó una tablet a las reuniones del Buró Político del PCC, en el que está desde 2003. Usa su perfil en Facebook para dar a conocer su actividad política, insólito entre sus compañeros revolucionarios.

Dio el salto al Partido Comunista de Cuba en 1991 y tres años más tarde fue nombrado primer secretario del comité provincial de Villa Clara, de donde proviene. En la capital de la provincia, Santa Clara, le recuerdan con mucho cariño. Permitió cierta apertura cultural, tanto para organizar conciertos de rock o de tatuajes, por ejemplo. Frecuentaba un club, llamado El Mejunje, conocido por su aperturismo al colectivo LGTB.

Quizá sea capaz de crear un ambiente de mayor vitalidad cultural y eso dé la sensación de mayor desahogo, dice Ayuso

“En términos de cultura ha sido más abierto que otros sectores. Pero con la experiencia del Este no va a hacer un cambio rápido. Lleva tiempo pero de él se sabe poco. Se debe manejar bien en el partido. No conoce tanto las Fuerzas Armadas. Quizá sea capaz de crear un ambiente de mayor vitalidad cultural y eso de la sensación de mayor desahogo”, explica Anna Ayuso, investigadora principal del CIDOB de Barcelona.

En Santa Clara utilizaba la bicicleta como medio de transporte, y en el periodo especial cuando la carestía era dramática, se interpretaba como una señal de cercanía. En Villa Clara estuvo hasta 2003 y de ahí fue destinado a Holguín, de donde proceden los Castro.

Ahora utiliza un Audi para desplazarse por La Habana. A diferencia de otros jerarcas cubanos, suele ir a los actos sociales acompañado de su esposa, Liz Cuesta, académica experta en cultura cubana, a quien conoció durante su etapa como dirigente del PCC en Holguín (2003-2009). Es su segundo matrimonio y del primero tiene dos hijos.

Los ‘dinosaurios’ han intentado desplazarlo para colocar al actual canciller, que consideran más manejable», señala Martín  Medem

José Manuel Martín-Medem, periodista y ex corresponsal de RTVE en La Habana, no descarta que dé sorpresas. “En Santa Clara cuentan que fue un dirigente abierto y no burocrático. Su gestión como ministro de Educación Superior (2009-2012) fue buena. Lo mejor que se puede decir de él es que los dinosaurios, encabezados por Ventura Machado, han intentado desplazarlo para colocar como sucesor al actual canciller (Bruno Rodríguez) porque lo consideran más manejable. Es una incógnita cómo le valoran los militares, que son los que mandan”.

Raúl Castro, su gran valedor, que seguirá siendo primer secretario del Partido Comunista de Cuba hasta 2021, ha destacado “la sólida firmeza ideológica” de su heredero. El “compañero” Díaz-Canel, como se refiere a él Raúl Castro, “tiene una trayectoria de 30 años, comenzando desde la base”, decía ya en su presentación como delfín. Ha seguido sin salirse del guión estos últimos cinco años.

Yo no concibo las rupturas en nuestro país. Creo que ante todo debe haber continuidad», reitera Díaz-Canel

Aunque hace años, Díaz-Canel defendía que no se podía prohibir a los blogueros la libre expresión en internet, desde el verano pasado se han difundido insistentemente sus mensajes continuistas. “No concibo las rupturas en nuestro país. Creo que ante todo debe haber continuidad”, suele ser su estribillo.

Cuando le presentan como reformista o posible hombre de la transición, de alguna forma vuelve a la ortodoxia, “Los cambios necesarios en Cuba los decidimos nosotros”, ha dicho recientemente, para apostillar: “No se puede confiar ni un mínimo en el imperialismo, ni tantico así, nada”. Mijail Gorbachov y su perestroika son anatema en alto mando cubano. Para que quede claro la Asamblea Nacional ha convocado un tuitazo con el hashtag #SomosContinuidad.

Anna Ayuso, investigadora principal del CIDOB de Barcelona, y experta en América Latina, cree que Díaz-Canel, aunque quisiera no podría hacer grandes cambios, sobre todo al principio, aunque hay reformas pendientes que son obligadas, como la unificación monetaria o la mejora de las infraestructuras.

“Va a tener que hacer reformas que no se han podido hacer antes por culpa de la situación económica, tanto la incapacidad de generar recursos como la dependencia de Venezuela. Tiene una labor muy difícil sin recursos, ha de hacer reformas y bajo la vigilancia del aparato. Lo va a tener muy complicado. Dependerá de que Raúl bendiga o no las reformas que hace. Como hacía Fidel con Raúl”, señala Ayuso.

Va a ser tan compleja su tarea que algunos creen que habrá de elegir entre seguir la línea trazada o bien acometer las reformas, tomando como guía el modelo chino o el vietnamita para liberalizar el mercado sin que ello afecte al poder del partido y de las Fuerzas Armadas. Será un callejón sin salida, o quizá hay una salida que no imaginamos.

Hay quienes como Jorge A. Sanguinetty, que vivió en Cuba los primeros diez años de la Revolución, creen que Raúl Castro le está pasando una bomba de relojería a Díaz-Canel con reformas como la unificación monetaria, tan necesaria como compleja. “Cabe pensar que están promoviendo a Díaz-Canel como chivo expiatorio. Si acomete la reforma y hay protestas, le harán responsable. Si no lo hace, también”, escribe Sanguinetty en Diario de Cuba.  

Según Ayuso, “el mandato es para cinco años y en este tiempo se verá si se consolida o no. Puede que en cinco años haya otra propuesta”.  Raúl Castro ha cumplido y se va ahora, pero se queda vigilando. Díaz-Canel ha demostrado que sabe esperar.

Este viernes 20 de abril celebra su 58 cumpleaños, probablemente con sidra en recuerdo de su bisabuelo de Castropol, ya como presidente de Cuba. Imagine, de John Lennon, puede sonar de fondo. “Dirás que soy un soñador”, dice la canción. Veremos con qué sueña de verdad el heredero de los Castro.