Ciento ocho minutos. Donald Trump ya ha batido el récord con el discurso del estado de la Unión más largo de la historia. El presidente de Estados Unidos ya lo avisó: tenía mucho de lo que hablar después de la sentencia del Supremo contra su política arancelaria. Y de los sondeos desfavorables de los que se hace eco hasta su cadena amiga, la Fox: un 60% de desaprobación. En el tono mitinero que domina, ha arremetido contra los demócratas a los que ha tratado de ridiculizar. "Están locos", ha dicho con la vista puesta en las elecciones de mandato. Su presidencia fue, es y será un hito. Y por ello no puede tener límites. A pesar del Supremo, ha dicho que aplicará los aranceles incluso sin consultar al Congreso.

Fiel a sí mismo, Trump ha presumido de su política contra el narcotráfico y la inmigración, y ha presentado su gestión como un éxito para la economía de los estadounidenses. Ha arremetido contra el Supremo y los demócratas, es decir, contra quienes discrepan con su visión del mundo. Su delirio ha llevado a calificar en el discurso a su esposa Melania como "superestrella".

"Nuestra nación está de vuelta. Más rica, más fuerte y mejor que nunca antes", ha insistido Donald Trump. "Hemos logrado una transformación como nunca se había visto jamás, un cambio para la historia. Es la era dorada de América". Y ha remarcado, por si no quedaba claro: "Desde el primer mes nuestra presidencia es la mejor de la historia de América. ¿Saben cuál es la segunda? La de George Washington".

Su visión idealizada frente a los datos

En materia económica, Trump ha mostrado a los republicanos cómo argumentar que está cambiando el rumbo del país, con mucho trabajo aún por delante, pero con avances de los que estar orgullosos. La inflación se ralentizó en enero hasta una tasa anual del 2,4 %, frente al 2,7 % de diciembre. "Sus políticas crearon los altos precios", ha dicho sobre los demócratas. "Nuestras políticas los están acabando rápidamente. Lo estamos haciendo muy bien. Esos precios están cayendo en picado".

Su mensaje de éxito económico puede ser difícil de vender a un público escéptico, ya que la mayoría de los estadounidenses siguen mostrando su preocupación por los costes de la vivienda, los alimentos y la atención sanitaria, que se dispararon tras la pandemia del coronavirus. Una encuesta realizada por The Washington Post, ABC News e Ipsos entre el 12 y el 17 de febrero reveló que el 57 % de los estadounidenses desaprueba la gestión de Trump de la economía, y el 65 % desaprueba su gestión de la inflación.

En materia de inmigración, ha culpado, como suele hacer, a los indocumentados, por la delincuencia, las drogas y el fraude a la asistencia social. Entre los invitados de Trump al discurso se encontraban familiares de estadounidenses asesinados por inmigrantes indocumentados, como continuación de un acto dedicado a esas familias el lunes. Ni una palabra sobre los asesinatos cometidos por el ICE en Mineápolis. Ni sobre su marcha atrás en la ciudad tras las protestas por la brutalidad policial.

Al contrario. "Los piratas somalíes que saquearon Minnesota nos recuerdan que hay grandes partes del mundo donde el soborno, la corrupción y la anarquía son la norma", ha dicho. "Importar estas culturas a través de la inmigración sin restricciones y las fronteras abiertas trae esos problemas aquí mismo, a los Estados Unidos".

Las valoraciones de Trump en materia de inmigración también han descendido 10 puntos porcentuales con respecto al año anterior, en medio de las críticas a las tácticas utilizadas por los agentes federales en ciudades como Mineápolis.

Elogios a Rubio y tambores de guerra en Irán

Trump ha elogiado con gran amabilidad al secretario de Estado, Marco Rubio. Trump ha dicho que podría pasar a la historia como "el mejor" en su cargo. Algunos han querido ver en sus palabras un empujón a Rubio en sus aspiraciones presidenciales en 2008. Rubio asegura que no concurrirá si lo hace el vicepresidente JD Vance, pero ambición tiene sin duda.

Sobre política exterior, Trump ha dicho que quiere intentar resolver las diferencias de Estados Unidos con Irán a través de la diplomacia, pero ha reconocido que la acción militar sigue siendo una opción. Ha sostenido que Irán no renunciará a su deseo de tener un arma nuclear. Teherán lleva años afirmando que no tiene intención de fabricar ese tipo de armas, pero EEUU, y su aliado Israel, son escépticos. La concentración de portaaviones y barcos de guerra en las inmediaciones hablan de un ataque anunciado.

Trump ha repetido su mantra como pacificador-en-jefe, con esas ocho guerras a las que ha puesto fin, sobre todo en su cabeza. El presidente se ha referido a la guerra de Rusia contra Ucrania, justo en el cuarto aniversario del inicio de la invasión a gran escala, y ha prometido seguir trabajando para que termine.

Ha rememorado la operación estadounidense que derrocó al autócrata venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Sin embargo, ha dejado el resto del régimen intacto hasta tal punto que la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, es ahora la presidenta encargada. Actúa a órdenes de la Administración Trump, pero aún no ha desmantelado el aparato represor. Ha asistido al discurso Enrique Márquez, un preso político venezolano liberado, que se reunió con su familia en Estados Unidos.

Pataleta contra los demócratas

Una de las interacciones más acaloradas de la noche ha tenido lugar después de que Trump pidiera al público que se pusiera de pie si estaba de acuerdo con su afirmación de que "el primer deber del Gobierno estadounidense es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales".

Muchos demócratas presentes no se han levantado, a lo que el presidente ha respondido que deberían "avergonzarse". Les ha llamado "locos", "enfermos", y les ha acusado de "destruir el país". No han faltado las alusiones a Joe Biden, a quien no perdona que le ganara en las elecciones de 2020. Las reprimendas provocaron que varios demócratas le gritaran, entre ellos las diputadas Rashida Tlaib (Michigan) e Ilhan Omar (Minnesota).

"¿Está el presidente trabajando por los americanos? ¿Es la vida más asequible? ¿Están los americanos más seguros?" Estas son las preguntas que ha planteado en su respuesta a Trump la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, encargada de dar la réplica. La respuesta, según Spanberger, es no, no, y no. Serán los estadounidenses en las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre quienes tendrá la palabra.