El Gobierno de Pakistán ha declarado formalmente una "guerra abierta" contra el régimen talibán tras bombardear la madrugada de este viernes la capital afgana, Kabul, y otras ciudades estratégicas como Kandahar y Paktia. Lo que comenzó como una serie de escaramuzas fronterizas se ha convertido ya en el incidente más grave entre ambos países desde que los integristas recuperaron el poder en Afganistán en el verano de 2021.
Islamabad justifica esta escalada sin precedentes como una respuesta necesaria ante el terrorismo que golpea su territorio. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, ha sido tajante al afirmar que la paciencia de su país "se ha acabado". Pakistán acusa directamente a los talibanes de dar refugio al grupo insurgente TTP y, en un giro retórico de calado geopolítico, de actuar como "representantes de la India" en la región para desestabilizar sus fronteras.
La respuesta desde Kabul no se ha hecho esperar. El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, calificó al ejército paquistaní de "cobarde" y confirmó que sus fuerzas han lanzado operaciones de represalia en las provincias de Kandahar y Helmand. Los combates nocturnos a lo largo de la Línea Durand —la disputada frontera que separa a ambos vecinos— están siendo de una intensidad inusual, con ataques coordinados que marcan un peligroso punto de no retorno en la relación bilateral.
La guerra de cifras y la propaganda también han tomado el frente. Mientras Islamabad asegura haber abatido a 133 talibanes y destruido decenas de puestos militares, el Ministerio de Defensa afgano reduce significativamente sus bajas a ocho combatientes y denuncia que los bombardeos paquistaníes han afectado a población civil. Por su parte, los talibanes aseguran haber matado a 55 soldados paquistaníes y mantienen bajo custodia cadáveres de militares enemigos y varios prisioneros. El balance de víctimas en estos ataques y el bombardeo de Pakistán la semana pasada son contradictorios, con datos del Gobierno afganos que cuenta poco más de una veintena, incluyendo los muertos de un bombardeo la semana pasada, mientras Islamabad ubica las bajas afganas en más de 200.
En un mensaje de unidad nacional, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, ha advertido de que sus fuerzas armadas tienen la capacidad de "reducir a polvo" cualquier agresión. Sharif ha subrayado que no habrá concesiones en la defensa de la patria y que sus tropas actúan bajo una estrategia defensiva efectiva para enfrentar tanto desafíos internos como externos, contando con el respaldo total de la nación frente a las incursiones afganas.
Esta declaración de "guerra abierta" abre un escenario de incertidumbre total en una zona ya de por sí volátil. La escalada bélica, derivada de los ataques cruzados de la última semana, amenaza con incendiar definitivamente la frontera y pone a prueba la estabilidad de un régimen talibán que, lejos de traer la paz prometida, se ve ahora envuelto en un conflicto convencional contra su vecino más poderoso.
Pese a ello la capital afgana ha retomado esta mañana su vida cotidiana, con mercados abiertos y tráfico tras los bombardeos de esta madrugada. La vida diaria continúa sin alteraciones visibles en distritos como Karte Naw, donde los residentes mantienen sus rutinas comerciales y las tiendas permanecen abiertas a pesar de las explosiones registradas en zonas que el gobierno talibán califica como objetivos "no militares", según informa Efe.
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