La guerra entre Estados Unidos, Israel y Irán ha entrado en una nueva fase tras una serie de bombardeos contra depósitos de petróleo y refinerías en las inmediaciones de Teherán. Los ataques han golpeado por primera vez infraestructuras clave del sector energético iraní, provocando enormes incendios y densas columnas de humo negro visibles en varios puntos de la capital. Desde ayer la guerra ha impacto otras instalaciones civiles estratégicas como plantas desalinizadoras, primero con un ataque estadounidense contra Irán y hoy la réplica iraní contra Bahréin.
Las explosiones han alcanzado depósitos de almacenamiento de combustible y terminales petroleras situadas en el área metropolitana de Teherán. Medios iraníes ha confirmado que al menos uno de los objetivos fue un importante complejo de almacenamiento en el sur de la ciudad, cercano a una de las principales refinerías del país. Tras los bombardeos, brigadas de emergencia fueron desplegadas para contener los incendios que continuaban activos horas después.
El ataque marca un cambio significativo en la estrategia militar de Washington y Tel Aviv. Desde el inicio de la ofensiva, los bombardeos se habían concentrado principalmente en instalaciones militares, bases del Cuerpo de Guardianes de la Revolución y centros vinculados al programa nuclear iraní. La decisión de golpear depósitos petroleros introduce por primera vez la infraestructura energética en la lista de objetivos estratégicos.
Fuentes militares sostienen que algunos de los depósitos atacados también abastecen instalaciones utilizadas por el aparato militar iraní, lo que habría servido de justificación para su inclusión entre los blancos. Sin embargo, analistas citados por el New York Times subrayan que el impacto potencial de estos ataques va más allá del plano militar y busca aumentar la presión económica sobre el régimen iraní.
Tras los bombardeos, Teherán amaneció envuelta en una espesa nube de humo mientras los equipos de emergencia intentaban controlar los incendios en los depósitos de combustible. Testigos citados por Associated Press describieron grandes columnas de humo elevándose sobre el horizonte de la capital y un intenso olor a combustible quemado en varios barrios del sur de la ciudad.
El golpe contra el sector energético se produce en un contexto de creciente escalada regional. En los últimos días, Irán ha respondido con misiles y drones contra objetivos en el Golfo y posiciones vinculadas a Estados Unidos en la región, mientras Israel continúa sus operaciones militares contra infraestructuras iraníes y contra posiciones de aliados de Teherán en Líbano y Siria.
La ampliación de los objetivos hacia el sector petrolero eleva el riesgo de una escalada aún mayor, con implicaciones directas para los mercados energéticos mundiales y la estabilidad del Golfo Pérsico. Diversos analistas advierten de que un deterioro adicional de la infraestructura energética iraní podría alterar los flujos regionales de combustible y aumentar la volatilidad en los precios internacionales del petróleo.
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