La residencia es imponente. Es el edificio más visible de Bicske, a 37 kilómetros de Budapest. Pero también es el que asocia la localidad con un escándalo vergonzante. Endre Kónya, vicedirector de este orfanato, ayudó a encubrir varios casos de pederastia. Su indulto en febrero de 2024 provocó un estallido de cólera en el país y acabó con la dimisión de la presidenta, Katalin Novák. Esta ira alimentó las protestas contra Orbán y la división en su partido, el Fidesz. En aquel momento Péter Magyar, un empresario ligado al Fidesz y ex marido de la ministra de Justicia Judith Varga, decidió dar el salto a la política. Había nacido la alternativa más seria a Orbán en su más de tres lustros en el poder.
La verja que rodea la finca donde se ubica el orfanato está abierta. Hay varios coches aparcados cerca de los jardines. A lo lejos se ve a varios muchachos adolescentes. Salen y entran del edificio en pequeños grupos. Nada más accede a los jardines nos sale al paso un hombre pelo y tez oscura. Es el guardián de la finca. Primero dice que podremos ver la director y parece que trata de comunicarse con él.
La espera se alarga y le damos conversación. Al ver un cuaderno se sobresalta. De repente, escribe en el traductor del móvil la palabra periodista en inglés y en húngaro: "Újságíró, újságíró?" Repite la pregunta con temor. Pide ayuda para que le traduzca la inglés a un hombre canoso que nos cuenta que acude a visitar a sus nietos al recinto. "De arriba tenemos órdenes. Aquí no puede estar", dice el guardia atribulado. ¿De arriba? ¿De quién son las órdenes? "Orbán ordenó que no entraran periodistas. Estamos en elecciones", añade, mientras nos ruega que salgamos a toda prisa.
Péter, que vive en Budapest, se queda dentro con una bolsa con regalos sencillos para los críos. "Solo puedo verles media hora cada dos semanas. Es lo que dijo el juez", confiesa. Perdió a su hijo y a su nuera, y sus nietos viven en el orfanato.
Golpe en la línea de flotación del Fidesz
A Orbán el nombre de Bicske debe despertarle pesadillas. Curiosamente, la localidad está situada a unos diez kilómetros de Felcsút, el pueblo donde creció y donde conserva una casa. El escándalo del orfanato precipitó la dimisión de Katalin Novák, una política del Fidesz cuya carrera había comenzado en 2001. Pasó por varios ministerios hasta llegar a la Presidencia.
Antes de ser presidenta, había sido ministra de Familia. Madre de tres hijos, su imagen estaba ligada a la tradición y los valores cristianos. Esa imagen se rompió en pedazos al descubrirse que había indultado a un convicto por pederastia. Kónya logró el perdón gracias a sus conexiones: era amigo de Zoltán Balog, obispo de la iglesia reformada, y mentor de Novák. Así se cerraba el círculo de la vergüenza. Los húngaros se indignaron y lo mostraron en las calles.
"El escándalo dio de lleno en el corazón de la credibilidad de Fidesz. Fue especialmente dañino porque cuatro narrativas del partido quedaban en cuestión: El Fidesz que condena la pedofilia; el Fidesz que protege a las familias y a los niños; el Fidesz que defiende los valores cristianos; y el Fidesz como partido unido", apunta Alexandra Fehér, en un análisis para AIES.
En ese momento, Péter Magyar aprovechó para poner en evidencia los conflictos internos del partido. Según dijo Magyar en aquel momento, en el Fidesz había dos alas: una preocupada por el bienestar de la nación, y otra que solo trabaja por su bienestar. Novák y su ex esposa, Judit Varga, estarían en el primer grupo. Denunció cómo las voces críticas en el Fidesz eran cada vez más débiles por la presión de los que buscan enriquecerse.
Una vez separado de Varga, y con el escándalo en su apogeo, Magyar se rebeló contra su antiguo partido con la idea de convertirse en la alternativa a Orbán. Entonces, hace apenas dos años, sonaba casi naif. Ahora encara las elecciones con ventaja en los sondeos. Pero la maquinaria del sistema Orbán está bien engrasada. Funciona como una apisonadora y se nota especialmente fuera de Budapest.
Red de influencias y temores
A pocos metros del orfanato charlan Márta y Martina, dos jóvenes de la zona. Márta confiesa que está harta de Orbán y va a vota por Magyar. "Necesitamos un cambio. Espero que esta vez haya cambio", confiesa Márta. Asegura que la gente tiene miedo a mostrar su opinión en contra de Orbán. "Algunos pierden el trabajo. Incluso por poner un like a Magyar en redes sociales", apunta en inglés.
Ayuda a traducir a Martina, más tímida. "Yo votaré por Órban. Mi marido trabaja en una empresa de Lörinc Mészáros, el amigo de Órban. No quiero que pierda su empleo. Gana bien", comenta. No responde cuando le decimos que el voto es secreto. Como si atribuyera a Orbán poderes sobrenaturales para adivinar quién vota a quién.
Así se levanta el poder de Orbán. La trama de corrupción favorece a su amigo de la infancia, Mészáros, que en pocos años pasó de ser instalador de gas al hombre más rico de Hungría. Sus empresas forman un entramado en el que trabajan decenas de miles de húngaros. Ellos y sus familias temen perder sus empleos si Orbán y los suyos pierden el poder.
Es un círculo vicioso. Así jóvenes de menos de 30 años votan lo que dice su marido por si acaso hubiera represalias. O empleados como el guardián se echan a temblar si se viola la orden de evitar la entrada de periodistas a un recinto relacionado con un escándalo. Es un sistema que poco a poco va pareciéndose menos a lo que vemos en países vecinos europeos y cada vez más a la forma de concebir el poder del Kremlin y sus aliados.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado