Los caminos llevan a Argel, epicentro de la geopolítica energética europea. En apenas 48 horas, la capital argelina ha recibido esta semana a dos emisarios del sur del continente: la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Ambos aterrizaron con el mismo objetivo —blindar el suministro energético en plena tormenta internacional— pero desde posiciones muy distintas en la relación con el gigante gasista del Magreb.
El contexto resulta determinante. La guerra en Oriente Medio, con la implicación directa de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha tensionado los mercados energéticos y ha provocado interrupciones como la suspensión de envíos de gas natural licuado desde Qatar, que ha declarado “fuerza mayor” para suspender temporalmente sus contratos. En ese escenario, Argelia emerge como un proveedor estratégico para Europa, capaz de suministrar en torno al 12% del gas que consume el continente.
Italia y España compiten por un pedazo del pastel. Argelia dispone de una de las mayores bolsas de gas del planeta. Cuenta con alrededor de 4,5 billones de metros cúbicos de reservas probadas de gas natural, lo que la sitúa entre los diez principales países del mundo. La mayor parte de esos recursos se concentran en los grandes yacimientos del sur, como Hassi R’Mel —uno de los mayores campos gasistas de África—, que actúa como nodo central del sistema de producción y exportación. A ello se suma un importante potencial en gas no convencional aún poco explotado. Convertir esas reservas en exportaciones adicionales exige inversiones sostenidas, mejoras tecnológicas y, sobre todo, tiempo: una ecuación que explica por qué, pese a su riqueza geológica, Argelia no puede responder de forma inmediata al apetito de la orilla norte del Mediterráneo.
Italia, una relación histórica sin rival
Para Roma, Argelia no es un socio coyuntural sino un aliado estructural. La relación se remonta a antes incluso de la independencia argelina y ha sobrevivido a todas las crisis, incluida la década negra de los años noventa, cuando el país se sumió en una cruenta guerra civil. Esa profundidad histórica marca una diferencia que hoy sigue pesando.
“Hay una enorme diferencia histórica entre Italia y España en lo que respecta a Argelia. Italia no está sustituyendo a España. Italia tenía un estatus especial en el corazón de Argelia antes de su independencia”, explica a El Independiente el argelino Akram Kharief, fundador de MenaDefense. Italia fue el único país europeo que mantuvo una presencia constante durante los años más duros del terrorismo: “Alitalia fue la única compañía aérea que permaneció en Argelia durante la década negra. La policía y el ejército italianos ayudaron a sus homólogos argelinos a combatir el terrorismo”, rememora.
Roma ha impulsado los lazos a través del Plan Mattei para África en el que Argelia desempeña un papel clave. De hecho, el presidente argelino felicitó el "ritmo acelerado" de implementación de proyectos conjuntos en el ámbito agrícola.
Esa continuidad se traduce hoy en cifras. En 2025, Argelia cubrió el 36% de las importaciones de gas natural de Italia, fundamentalmente a través del gasoducto Transmed, convertido en una arteria crítica para su sistema energético. La dependencia es estructural: el gas representa cerca del 44% del mix eléctrico italiano.
Durante su visita, Meloni presumió de que la relación bilateral “no ha sido nunca tan sólida”. Su Gobierno busca reforzar los flujos de gas y ampliar la cooperación energética con proyectos de largo alcance, desde la exploración offshore hasta corredores de hidrógeno como el SoutH2. Meloni avanzó la futura exploración de hidrocarburos en alta mar con su socio magrebí, para aumentar el suministro de gas argelino a Roma. Se comprometió a reforzar la cooperación mediante la exploración de "nuevos horizontes", gracias a la alianza entre la italiana Eni y la argelina Sonatrach.
Pero incluso en este contexto favorable, existen límites. “El gas argelino no puede superar un cierto nivel”, advierte Aldo Liga, investigador del Instituto Italiano de Estudios Políticos Internacionales (ISPI), en declaraciones a Euronews a propósito de las restricciones tanto en infraestructuras como en producción y el creciente consumo interno argelino.
España, proximidad y reconstrucción de la confianza
España se presentó esta semana en Argel con otra mochila: la de la crisis diplomática abierta en 2022 tras el giro sobre el Sáhara Occidental, que provocó la congelación de las relaciones políticas y comerciales. El viaje de Albares escenificó un deshielo que lleva fraguándose más de un año.
Argelia ha respondido con gestos concretos: reactivación del tratado de amistad de 2002, recuperación del comercio bilateral y un acuerdo para aumentar las exportaciones de gas hacia España. “Argelia es un proveedor de gas fiable y regular con el que queremos profundizar y renovar nuestra relación”, declaró Albares tras reunirse con el presidente Abdelmadjid Tebboune.
La cifra concreta del aumento del suministro de gas aún no se ha concretado. Fuentes españolas y argelinas citadas por El Independiente esta semana reconocieron las negociaciones en marcha. Un estudio técnico concluyó hace meses que, en las condiciones actuales, se podría incrementar en hasta un 10% el flujo de gas actual entre ambos países a través del gasoducto de Medgaz. Solo el año pasado se transportaron desde Argelia a España 9,4 BCM de gas, el equivalente a 107.179 GWh, según datos de Enagás, el gestor del sistema en nuestro país. Ahora, según las fuentes consultadas, los estudios de capacidad realizados arrojan la posibilidad de poder aumentar entre 0,5 BCM y 1 BCM más la capacidad.
El cambio en las relaciones es ya perceptible en campos como el comercio. Las exportaciones españolas a Argelia alcanzaron los 2.100 millones de euros en 2025, con un crecimiento del 270%, síntoma de una relación que intenta recomponerse tras años de tensión. Sin embargo, la posición española no es equivalente a la italiana. “España no puede competir con Italia en la calidad de la relación”, insiste Kharief. Pero introduce un matiz clave: España juega en otro terreno.
“La proximidad está ahí. Muchos argelinos tienen una relación directa con España… hay mucha más proximidad cultural”, señala. Esa ventaja se extiende a sectores estratégicos: agricultura, gestión del agua o desalación, ámbitos en los que Argelia busca conocimiento y donde España puede convertirse en socio tecnológico. “Lo que esperamos de España es mucha más apertura, más movilidad y más cooperación cultural”.
El factor estructural: un proveedor limitado pero imprescindible
Tanto Madrid como Roma se enfrentan a la misma realidad estructural: Argelia es clave, pero su aportación no es ilimitada. El país norteafricano dispone de varias ventajas estratégicas: proximidad geográfica, red de gasoductos directa con Europa —Medgaz hacia España y Transmed hacia Italia— y una reputación de proveedor fiable incluso en contextos de crisis. Ha anunciado, además, inversiones de hasta 60.000 millones de dólares para reforzar su capacidad productiva hasta 2029.
Pero su margen de maniobra es reducido. El crecimiento del consumo interno, las limitaciones infraestructurales y la necesidad de diversificar mercados impiden incrementos sustanciales a corto plazo. “Argelia no puede reemplazar el gas que no llega de Qatar”, resume Liga.
La doble visita a Argel revela algo más que una competencia bilateral: evidencia la reconfiguración del mapa energético europeo tras el colapso del suministro ruso -cuya importación quedará prohibida el próximo año- y las nuevas tensiones en Oriente Medio.
Argelia emerge como un pilar indispensable en ese nuevo equilibrio. No solo por su gas, sino por su estabilidad relativa en un entorno convulso y su capacidad para mantener relaciones simultáneas con múltiples socios europeos. Italia parte con ventaja histórica y estructural. España, con una relación más volátil pero con un potencial de proximidad y complementariedad difícil de replicar por otros actores. En Argel, ambos cortejan al mismo socio en busca de su posición como hub energético del Viejo Continente.
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