En el pequeño bulevar de su apacible barrio ateniense, unos viandantes andan a la gresca. Es una trifulca ruidosa y breve que estalla en una mañana de calor plomizo. Una vecina, la precursora de la riña, se empeña en rociar generosamente con pan duro a un batallón de palomas, que revolotean animadas. El maná cae con la misma virulencia que los reproches de los transeúntes, coléricos por la plaga. El fuego cruzado es perceptible desde el balcón de Petros Márkaris, el escritor griego que ha convertido con maestría la novela negra en un arma de resistencia frente a un futuro incierto e inquietante.

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A sus 89 años, Márkaris ha logrado que en las investigaciones de los crímenes su personaje Kostas Jaritos, elevado a jefe de las Fuerzas de Seguridad del Ática, desnude a la sociedad griega, con los desheredados que provocó una profunda crisis económica y los marginados que ahora alimenta una recuperación que ha llenado las calles de turistas, pero solo el bolsillo de unos cuantos pocos. “Los políticos no lo entienden, pero las clases medias se están yendo al garete, y resulta peligroso para las sociedades”, advierte uno de los Midas de la novela negra europea en una extensa entrevista con El Independiente.

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A razón de una novela por año, Márkaris vuelve a citarse con su legión de lectores españoles en El fraude es el futuro, que publica esta semana Tusquets. Jaritos -con su ritual del cruasán y café a primera hora de la mañana y su pasión por los souvlakis que tanto disgusta a su esposa Adrianí, de frases lapidarias- se enfrenta en esta ocasión a la Inteligencia Artificial y su potente capacidad de manufacturar trampantojos.

Pregunta.- Traducida a una veintena de idiomas y con especial éxito en Italia o España. ¿Cuál es su receta para seducir a tantos lectores?
Respuesta.- El punto de partida de casi todas mis novelas es un acontecimiento que ocurre ya sea en la sociedad, en la economía o en la política y que me saca de quicio. Una vez que me enfado, me digo a mí mismo: Ahora es el momento de escribir la historia y superarlo. Así es como empiezo. Son noticias que leo en los periódicos o que observo en la gente.

El novelista griego Petros Markaris. | Francisco Carrión

P.- La ira como inspiración. ¿Cuáles son hoy los temas que le indignan?
R.- Para mí, uno de los grandes problemas de este tiempo actual es la violencia de los jóvenes, que va en aumento en la sociedad griega. Mi generación y  muchas generaciones posteriores y anteriores a la mía crecieron en sociedades con un sistema de valores. Los jóvenes de hoy en día crecen en sociedades donde el único valor es el dinero. Esto tiene una consecuencia: la división de la sociedad en dos mitades, ganadores y perdedores. Y muchos de estos jóvenes piensan que, utilizando la fuerza, se pondrán del lado de los ganadores. Esto es muy peligroso, no solo como iniciativa, sino como punto de partida para la vida.

Tengo 89 años y me siento políticamente al margen; si hoy tuviera 30 no sé si saldría a la calle

P.- Su nueva novela El fraude es el futuro aborda otro asunto que le inquieta…
R.- Sí. Trata de la Inteligencia Artificial. Todo el mundo está loco con la IA. Dicen que hará esto y lo otro y lo de más allá. Y lo que me preocupa es que todo el mundo, casi toda la gente, ve los aspectos positivos del invento, que existen, no lo niego, y no entiende los peligros.

P.- ¿Cuál es el lado oscuro?
R.- Lo mismo ocurrió, diríamos, con el átomo. Hay que entender que una cosa es crear un gran invento y aprovechar sus efectos positivos, y otra muy distinta es preguntarse: ¿Cómo evitar los efectos negativos? A nadie le preocupa eso. Es lo mismo que ocurre con el átomo, exactamente lo mismo. Y esto es muy preocupante para las generaciones venideras, no para la mía. Ya se ve en la literatura. ¿Cuántos libros de autores famosos se reescriben con IA? En muchos países, quiero decir, los libros se traducen con IA. Y ahora en Inglaterra, publicar música escrita y compuesta por IA es legal.

P.- ¿Usa la IA?
R.- No. Ni para las novelas ni para mi vida cotidiana. Siempre hay dos caras en los inventos, pero solo vemos la cara sonriente. No vemos lo que hay detrás. La IA ya ha llegado a la literatura. Te puedo decir que se están reescribiendo muchas novelas. Ni siquiera hay una ley que lo impida. Y se venden legalmente. Y nadie hace nada al respecto. Lo que vemos en la literatura, seguirá ocurriendo en muchos otros campos. Estoy seguro de ello.

P.- Se convirtió en novelista ya en la madurez, pero lo ha hecho con una productividad sorprendente..
R.- Escribo una novela al año. Algunas sorpresas son tan inesperadas que te dejan pensativo. Era muy amigo del escritor italiano Andrea Camilleri. Nos conocimos cuando yo tenía 67 años y él 79. Hasta ese momento, no sabíamos lo paralelas que eran nuestras vidas. Los dos empezamos en el teatro. Yo como traductor y escritor; Andrea como director. Los dos pasamos a escribir guiones. Mi actividad como guionista empezó cuando me hice amigo del director griego Theo Angelopoulos. Y los dos pasamos a las novelas policíacas cuando teníamos cierta edad. Él había cumplido los 53 años y yo los 57. Te voy a contar la historia de cómo empezó todo. Desde 1990 hasta 1992, escribí los guiones de una serie policíaca muy famosa de la televisión griega. Cuando empecé el tercer año, en 1992, de repente, un día, mientras estaba sentado frente al ordenador, vi junto a la pantalla a una familia de tres personas. Parecían estar vivas. Un hombre, una mujer y un niño. En aquel momento no sabía si el niño era un niño o una niña. Una típica familia griega de clase media-baja. Y me dije a mí mismo: «Ya he escrito en la serie sobre muchas familias griegas de clase media-baja, ya basta». Así que seguí con mi trabajo, pero el hombre era muy insistente. No se iba. Era como verlo cada mañana delante de mí. Y eso se convirtió en una tortura porque no podía concentrarme en las escenas y los guiones. Hasta que un día me dije: “Si este hombre me tortura así, o es policía o es dentista”. Y ese fue el momento en que lo decidí. Sabía el nombre de Jaritos, su apellido y su nombre Kostas. Conocía el nombre de su mujer, y sabía que la hija era una niña. Así es como empezó todo. Y por eso mi primera novela transcurre en una cadena de televisión.

P.- ¿Cuánto se parecen Márkaris y Jaritos?
R.- A nivel personal, no tenemos puntos en común. Saritos tiene algunos puntos en común con mi padre, pero la persona que es igual o idéntica a mi madre es Adrianí, su esposa. Adrianí es mi madre. En el tipo de comida y la forma de cocinar, en cómo responde y en cómo trata a su marido, en todo.

P.- Las frases lapidarias que suelta son las de su madre…
R.- Sí, y todo empezó con los tomates rellenos y los pimientos. Es un plato muy común y muy apreciado tanto en Grecia como en Turquía. Y mi madre preparaba unos tomates rellenos y unos pimientos estupendos. Así que, cuando estaba pensando en un plato que acercara a Jaritos a su mujer cuando tenían tensiones, se me ocurrió ese.

Adrianí es mi madre. En el tipo de comida y la forma de cocinar, en cómo responde y en cómo trata a su marido, en todo

P.- Lleva unido a Jaritos unos 30 años. ¿En qué momento está su relación?
R.- Es muy buena, es estupenda. Nos entendemos muy bien y me alegro de ello porque seguir escribiendo a esta edad es una gran alegría.

P.- Se acerca a los 90 años..
R.- Tengo 89. Y es una alegría. Tengo mucha suerte, lo sé. Y es un gran placer.

P.- Y se le ve con energía…
R.- Trabajo todos los días, incluidos los domingos y los sábados, de 10 de la mañana a 2 de la tarde, y de 4:30 de la tarde a 7:30. Siete horas al día, todos los días, solo para las novelas policíacas.

P.- ¿Por qué le dio precisamente por la novela negra?
R.- Las novelas policíacas son un buen punto de partida para hablar de la sociedad, de la política, de la economía. Las raíces de esta forma de escribir se encuentran en las novelas del siglo XIX. ¿Cómo empieza Los miserables? Con una historia policial. ¿Crimen y castigo? Con una historia de crímenes. Y muchas otras novelas. En todas ellas, los escritores utilizan la historia policíaca como punto de partida para hablar de la sociedad. Eso significa que lo que estoy intentando hacer es exactamente esto: utilizar la historia policíaca para hablar de la sociedad, la política y la economía.

P.- Sus novelas han sido clave para conocer y sentir cómo el pueblo griego ha navegado por una grave crisis económica y político durante los últimos 15 años. ¿Cómo observa hoy a su país?
R.- Mis preocupaciones no se limitan a mi país. Me preocupa la política en Europa y en todo el mundo. Al ver lo que está pasando, me enfado de nuevo porque nadie parece entender que esta tensión está hundiendo realmente a las sociedades, tanto económica como socialmente. En todos los aspectos. Por eso, no sentía ninguna simpatía por Henry Kissinger. Pero Kissinger dijo un mes antes de morir, sobre la guerra en Ucrania: “Estos problemas solo se pueden resolver en la mesa de negociaciones”.

En Estambul, tenía muchos amigos judíos cuando era joven. Incluso hablaba ladino con fluidez. Ahora veo la situación y cómo Israel está respondiendo a Hamás, que es una organización terrorista. No tengo dudas ni problemas al respecto, pero matar a gente inocente me vuelve loco. Y ahora tengo 89 años y no puedo entender cómo, ni siquiera hoy en día, la existencia de una persona no tiene valor.

P.- ¿Estamos perdiendo la humanidad que nos queda?
R.- Claro. Matar a gente inocente como respuesta a lo que hicieron es demasiado. Porque los israelíes que fueron asesinados por Hamás eran personas inocentes, pero la gente de Gaza también es inocente. Lo que está pasando es una catástrofe humanitaria.

P.- ¿Y dónde está la Unión Europea y sus políticos?
R.- En ninguna parte. Nada. Los estadounidenses apoyan a Netanyahu. Los europeos se centran en Ucrania, lo cual es en parte comprensible, pero nadie está interesado en contribuir y detener esta guerra. Nadie.

El gran problema de la izquierda es que se ha convertido en parte del sistema

P.- Y, mientras tanto, el populismo crece en territorio europeo. ¿Se puede ser optimista?
R.- Cada vez que alguien me pregunta si soy optimista, respondo citando a un escritor alemán muy famoso, Heiner Müller, quien dijo que el optimismo no es más que falta de información.

P.- ¿Hacia dónde va la UE?
R.- No lo sé. Este es un momento muy crítico para la Unión Europea. Ni siquiera estoy seguro de si seguirá siendo una unión. Es muy crítico. No lo sé. Creo que ni yo ni nadie puede decir nada, prever cuál será la evolución.

P.- Si la UE fuera un paciente, ¿cuáles serían sus principales problemas?
R.- El dinero… El gran problema de la Unión Europea es que sigue siendo la Comunidad Económica Europea. La Unión Europea fue incapaz de construir una política europea… quiero decir, una política común. Estaban unidos en una economía consensuada, pero cada país, en política, tiene su propia forma de actuar. Ahora la Unión Europea está pagando el precio por ello.

El auge de la extrema derecha es un gran problema. Por lo que sé, también está creciendo en España. Es importante en Italia, lo es en Francia y lo es en Alemania. Y dicen que el equilibrio ha desaparecido porque, en años anteriores, antes de 1990, cuando se disolvió el Pacto de Varsovia, existía una forma común de equilibrio entre la derecha y la izquierda. Ahora ya no hay equilibrio. También se ve en España. Hay extrema derecha, pero la izquierda simplemente no tiene importancia. Lo mismo ocurre en Grecia. Lo mismo en Italia.

P.- ¿Está la izquierda dormida o fuera de combate?
R.- Si me preguntas, te diré que el gran problema de la izquierda es que se ha convertido en parte del sistema. Y cuando entras en el sistema, tienes que aceptar las reglas del sistema. Así de sencillo. La izquierda que yo conocí en mi juventud y durante casi toda mi vida eran partidos que se oponían al sistema. Esa es una gran diferencia.

P.- Así que se perdió el idealismo…
R.- Sí.

Mis novelas no llaman a la protesta. Es algo que deben hacer los activistas de izquierda

P.- ¿Qué hay de los que votan a la extrema derecha?
R.- No son solo ignorantes. Están totalmente insatisfechos con la dirección que están tomando las cosas en el ámbito político. No tienen una izquierda a la que recurrir como alternativa. Y votan a la extrema derecha, sobre todo en países como Alemania, por desesperación. Y lo primero que hace la desesperación es nublar el juicio.

P.- ¿Los políticos tradicionales escuchan el descontento?
R.- Los políticos tradicionales que conozco, independientemente de si son de derechas o de izquierdas, están desesperados. No encontrarás a ningún político en Grecia, ya sea de derechas o de izquierdas, ya sea un político veterano o uno retirado, que acepte la realidad actual.

P.- ¿Ha salido Grecia del túnel que supuso la crisis económica?
R.- La economía griega está estabilizada e incluso en alza. Pero el problema es que el aumento de la riqueza es solo para unas pocas personas, y una gran mayoría está sufriendo a causa de la guerra en Ucrania y el aumento de los precios. El problema de la vivienda y los alquileres es muy grave. Creo que en España también es así. Todos los partidos de derecha dicen que la economía va cada vez mejor, que hay crecimiento. Sí, esa es una parte de la visión. Pero la brecha de la desigualdad está aumentando.

P.- ¿No se ha aprendido nada de la crisis?
R.- No. Y lo que es muy preocupante, y los políticos no lo entienden, es que las clases medias se están yendo al garete, y esto es muy crítico y peligroso para las sociedades. La brecha entre ricos y pobres se ampliará, y esta mayor brecha no beneficia a los partidos de derecha, sino a la extrema derecha. Porque la gente, cuando vota, sabe que los partidos de derecha están del lado de unos pocos. Ahora lo entienden y piensan que la alternativa es la extrema derecha.

P.- Sospecho que considera que estamos sembrando las semillas para un nuevo desastre social…
R.- Sin duda. Nos encaminamos hacia otra crisis. En Grecia el partido en el poder y sus políticos piensan que, cuando hay un aumento de la riqueza, todo el mundo se beneficia. Dejando de lado el hecho de que algunos se beneficiarán enormemente y otros en un nivel mínimo, pero ambos tendrán una vida mejor. Lo que no entienden es que esas vidas mejores nunca serán lo suficientemente buenas como para evitar un enfrentamiento entre la minoría de los ricos y la mayoría de la gente que ha perdido su existencia de clase media.

P.- ¿Cuál es la solución?
R.- No lo sé. No soy político. No puedo encontrar la solución. Solo puedo, como escritor, intentar explicar el problema. Eso es todo lo que puedo hacer.

No hemos aprendido nada de la crisis. Los políticos no entienden que las clases medias se están yendo al garete

P.- Y lo hace en forma de novelas policíacas. ¿Son su modo de resistencia?
R.- En cierto modo, sí. O una forma de intentar ayudar a la gente a entender lo que está pasando.

P.- ¿Sus novelas, donde se reúne tanta indignación social, llaman a la protesta?
R.- No. Perdón. Esto es algo que deben hacer los activistas de izquierda, no yo.

P.- ¿Cree que la gente debería salir ahora mismo a la calle, tomarla y protestar contra el sistema?
R.-  Lo que veo hoy en comparación con mi juventud es la mera sombra de una protesta. He visto, he vivido y he participado en protestas durante mi juventud que eran enormes.

P.- Y si no tuviera 89 sino 30 años. ¿Se iría a protestar hoy?
R.- La época en la que yo tenía 30 años y la actual son tan diferentes que, la verdad, no lo sé. No puedo decírtelo y no te lo voy a decir, no solo porque no tengo claro qué haría yo —lo cual es cierto—, sino también porque no sé cómo reaccionarían otras personas de mi edad. No lo sé.

P.- Escuchándolo aquí en su casa me da por pensar que los de su edad son más revolucionarios que buena parte de los jóvenes de hoy…
R.- Sí, es cierto. Pero esto tiene que ver con una larga historia de lucha… Y me refiero a protestas. Es una larga historia. Especialmente en países como Italia, España o Grecia. Sabes, cuando hablo con alemanes, a menudo les digo que lo que voy a contarles ahora solo lo pueden entender los españoles, porque han pasado por una guerra civil, igual que los griegos. “Vosotros no podéis entenderlo”, les digo a los alemanes.

P.- A sus lectores españoles les sorprendió el cambio de coche de Jaritos: su Fiat Mirafiori por un Seat Ibiza
R.- Te voy a contar como me surgió la idea. Antes tenía un coche italiano, un Fiat. Y cuando empecé a escribir, creo que era mi segunda o tercera novela, por aquel entonces tenía otra editorial y estaba en España. Hablé con ellos. Les dije: “Creo que Jaritos venderá su coche y se comprará otro”. Y me dijeron: “No cambies ese viejo Fiat, es muy interesante”. Y yo ya tenía una idea. Les dije: “¿Queréis saber qué tipo de coche, qué marca de coche va a comprar?”. Dijeron que sí. Les dije: “Claro”. Y cuando me iba, me dieron un catálogo de coches. Así llegué al Seat Ibiza.

P.- El propio Jaritos explica que lo hizo en solidaridad con el sur de Europa. Una suerte de hermandad que no sé si sigue vigente…
R.- Sigue funcionando, afortunadamente. Aunque nuestras historias no sean siempre las mismas, por otro lado hay una cultura que nos mantiene unidos.

P.- ¿Cuál es tu mensaje para las generaciones jóvenes?
R.- Lo que tengo que decir como mensaje está escrito en mis novelas.

P.- ¿Puedo preguntarle cómo se define políticamente?
R.- ¿Ahora?

P- Sí.
R.- En ninguna parte. Estoy al margen. Tengo 89 años y tengo que observar la sociedad y la política y, bueno, opinar al respecto. No pertenezco a ningún partido ni estoy a favor de ninguno. Y si no estoy de acuerdo con ningún partido, entonces no voy a votar. Eso es todo.

Los jóvenes de hoy en día crecen en sociedades donde el único valor es el dinero; están convencidos de que usando la fuerza pueden estar entre los ganadores

P.- ¿No vota?
R.- A veces sí, a veces no. Depende.

P.- Alguien podría decirle que se está volviendo anarquista, como algún personaje de sus novelas al que persigue Jaritos…
R.- ¿Yo? No, no soy anarquista. Nunca lo he sido. No es que me esté volviendo más radical, pero me alegra poder seguir viendo con claridad la situación de la sociedad y los problemas de nuestra sociedad. Y puedo decirte que ahora los veo con más claridad que antes.

P.- ¿Cuál le gustaría que fuera su legado?
R.- Mi legado es lo que transmito a través de mis libros. No tengo ningún otro legado. Y no tengo ningún otro mensaje. Lo que tengo que decir está dicho en mis libros.

P.- Es obvio que le interesan los perdedores y  los marginados de la sociedad. Me pregunto si en algún momento se ha dicho a sí mismo: “Vale, no tengo más ideas, me rindo”...
R.- Me da miedo ese momento. Sé que llegará, pero me da miedo. Porque, digamos que lo que me mantiene en buen estado es la felicidad de saber que todavía tengo ideas que puedo escribir. Así que, a veces habrá un final, lo sé, pero digo que mientras pueda seguir, no quiero pensar en ello. Eso es todo.