"Mi padre era camarero y ganaba más de lo que yo consigo como ingeniero. Pero en España ni tenía trabajo fijo ni podía ahorrar y optar a comprarme un piso. En Polonia sí. Por eso me he instalado aquí y, tal y como están las cosas, no me planteo volver". Rubén Cantero García, de 35 años, es uno de los nuevos emigrantes españoles. Son jóvenes universitarios, con conocimientos de inglés, y abiertos a conocer mundo. Para un país como Polonia del que partieron miles hace apenas dos décadas en busca de trabajo hacia otros destinos europeos, como España, es sorprendente. Muchos de esos emigrantes polacos han vuelto debido al éxito de la economía.
Polonia vive un momento de despegue con gran carga simbólica. Como publicamos en El Independiente, la renta per cápita, teniendo en cuenta el poder adquisitivo real, ya es más alta en Polonia (58.560 dólares) que en España (58.350 dólares). Menos de cuatro décadas después de la caída del comunismo, Polonia supera al primer gran país de la UE en renta per cápita PPA. El PIB de España es superior (hay más población) y la renta per cápita, pero lo relevante, a fin de cuentas, es cómo es la calidad de vida real del ciudadano.
De Castro Urdiales a Łódź
El caso de Rubén Cantero es paradigmático. Procede de Castro Urdiales, una población de 33.000 habitantes en Cantabria. Estudió Ingeniería y acabó trabajando en un taller en Miranda de Ebro. Su novia, Joanna, a quien conoció cuando ella estudiaba con una beca Erasmus en Asturias, primero se trasladó con él a España. Podía teletrabajar en su empresa. Pero Rubén se quedó sin trabajo y entonces se plantearon probar suerte en Polonia. Ya hace casi seis años del salto.
El destino fue Łódź, la cuarta ciudad de Polonia, con unos 700.000 habitantes. Allí, al cabo de solo dos meses, Rubén encontró empleo en su especialidad: en el ámbito de la resonancia magnética en hospitales. Y sin saber polaco. Se maneja en inglés en su empresa. Primero fueron tres meses, luego seis. Y, finalmente, un contrato fijo: el sueño incumplido de millones de jóvenes españoles.
El sueldo inicial, 4.000 zlotys netos al mes (algo menos de 1.000 euros), era modesto al principio. Pero cada año ha ido aumentando entre un 5% y un 10%. Su novia también consiguió un contrato fijo en atención al cliente gracias a sus conocimientos de español y portugués. Gana el doble que Rubén. Por primera vez en su vida Rubén podía ahorrar.
"En verano nos casamos y nos compraremos un piso en Łódź. No pienso marcharme de Polonia. Sobre todo cuando veo lo que está pasando en España", dice Rubén. De los veinte compañeros de su generación de Castro-Urdiales, con los que sigue manteniendo un estrecho contacto, solo uno ha conseguido un crédito para comprar un piso y otro ha adquirido un terreno para construir una casa. El resto de treintañeros sigue viviendo con sus padres o alquilan un piso.
Me siento más protegido laboralmente en Polonia porque no vislumbro perder mi empleo o que me echen"
MATEO, LICENCIADO EN FÍSICAS
Mejores condiciones laborales
Mateo, de 33 años, es de Gijón. Lleva nueve años en Polonia. Estudió Físicas pero no encontró nada interesante en Asturias. Como Rubén, subraya cómo sus opciones en España son peores de las que tuvieron sus padres. "Ellos viven en el centro de Gijón. Mis amigos ya no se pueden permitir buscar algo por esa zona. En Polonia, la mayoría de mis amigos llevan ya diez años independizados. En España, la mayoría no puede aún. Los que tienen opción son los que han heredado", cuenta el joven asturiano.
Cuando se trasladó a Polonia, no sabía cómo saldría el experimento. Empezó trabajando en una escuela de idiomas pero pronto una empresa le ofreció un puesto en contabilidad. La ventaja era que proporcionaban alojamiento y cubrían los gastos, aunque el sueldo era modesto (unos 600 euros mensuales). Pero aquello fue "una catapulta". Hace seis meses que trabaja en Datos y Ciberseguridad.
"Los salarios se han multiplicado por dos. Tengo más beneficios. Podría aspirar a más. Pero estoy cómodo en mi empresa. Aquí la gente cambia constantemente de empleo. Puedes optar a otra empresa y mejorar tus condiciones", señala Mateo, quien también reside en Łódź, una ciudad que le recuerda a Gijón, "pero sin mar". La localidad, que fue en el siglo XIX muy floreciente por sus empresas textiles, está experimentando un renacimiento tras años de decadencia.
Lo que más le atrae de trabajar en Polonia son las condiciones laborales. "Puedo trabajar en remoto cien por cien. Mi contrato incluye ocho horas diarias sin interrupciones. No tengo que desplazarme. Trabajo en función de objetivos, no de horas. No tengo que perder el tiempo en la oficina. Ni tengo que hacer horas de más", explica el joven.
"Me siento más protegido laboralmente en Polonia porque no vislumbro perder mi empleo o que me echen. Hay poco paro. En los tres meses de sueldo íntegro encuentro otro puesto seguro", añade. Si encontrara esas mismas condiciones en Asturias, volvería. Pero, con pareja polaca, ya se ha comprado un piso. Les costó unos 110.000 euros y han hecho reforma.
Un autónomo de Cádiz
El caso de Carlos Weber, de 39 años, es algo diferente porque es autónomo. Es un gaditano al que le gusta el frío, quizá por su ascendencia alemana. Estudió Ciencias Ambientales, pero trabaja como guía y hace free tours en Cracovia, la ciudad que, junto con Varsovia, más turismo atrae de Polonia.
"Tengo buena calidad de vida. Trabajo siete horas al día. Hay meses muy fuertes y otros menos, pero me organizo. El turismo español es fuerte, y también vienen muchos latinoamericanos. Me gusta la historia del país, la cultura, me atraen las lenguas eslavas. Nunca me he sentido fuera de lugar", afirma Carlos.
"Me hice autónomo en una hora y media. Tengo un perfil de confianza, que es parecido al certificado digital. Para enterarme mejor he contratado un gestor. Tengo una caja registradora pequeña y está conectado con Hacienda. Todo lo que gano lo meto ahí. El gobierno sabe directamente lo que has ganado. Si ingresas menos de 240.000 zlotys (unos 60.000 euros) al año no pagas IVA. Pero sí pagas seguridad social y eso es en función de la facturación. Entre el 20 y el 30 por ciento. Si el beneficio es menor a 30.000 zlotys al año (unos 7.000 euros), no pagas impuestos. De media tengo unos ingresos de unos 1.500 euros mensuales", indica Carlos, quien ve más facilidades para emprender en Polonia.
Un país con pleno empleo
El pleno empleo es uno de los pilares de lo que el profesor Witold Orłowski no duda en llamar "el milagro económico polaco". Hay trabajo en abundancia a pesar de la llegada de millones de inmigrantes, muchos de ellos de Ucrania y Bielorrusia. Son casi cuatro décadas de crecimiento económico dinámico y casi ininterrumpido. Polonia está cosechando los frutos de dos oleadas de grandes reformas. Primero, la denominada "terapia de choque" de Leszek Balcerowicz tras la caída del comunismo y, después, los beneficios de la entrada de Polonia en la Unión Europea en 2004. La adhesión puso en marcha un gigantesco flujo de subvenciones de la UE (cerca de 200.000 millones de euros netos). Pero aún más importante es que, gracias a ella, Polonia se convirtió en un destino atractivo para la inversión extranjera.
Ningún país poscomunista ha logrado un progreso tan enorme en el espacio de una generación"
Leszek Balcerowicz, impulsor de la 'terapia de choque'
"Cuando cayó el comunismo y empezamos a aplicar reformas radicales, no se podía calcular con precisión cuánto tiempo nos llevaría alcanzar la media de ingresos de los países de Europa occidental. Pero hoy resulta que ningún país poscomunista ha logrado un progreso tan enorme en el espacio de una generación", afirma Balcerowicz. "En 1989 no podíamos conformarnos con medias tintas, porque, en los albores de los cambios políticos, Polonia se enfrentaba al mismo tiempo a una inflación catastrófica, una enorme deuda y una estructura de propiedad desastrosa, en la que el Estado dominaba de forma absoluta".
Enormes sacrificios
Ahí reside sin duda la clave del éxito polaco. Unas condiciones históricas extraordinarias en las que toda la nación aceptó enormes sacrificios con tal de salir del atolladero que había dejado el comunismo. La prioridad era la integración lo más rápida posible con Occidente mientras Moscú siguiera débil. En el Acuerdo de Asociación firmado ya en 1991 con las entonces Comunidades Europeas, Polonia aceptó, por tanto, una apertura casi total de su mercado. A cambio, obtuvo una cláusula que hoy parece modesta, según la cual "Polonia declara que su objetivo es adherirse a la CEE y Bruselas toma nota de ello".
Desde la perspectiva de 2026, resulta que esta estrategia fue acertada no solo porque permitió a Polonia llegar a la Europa libre, sino sobre todo porque obligó a una mejora extraordinaria de la productividad laboral y creó las condiciones para un desarrollo sin precedentes de las infraestructuras.
El peligro, según los expertos, es que no se sigan impulsando reformas. "Es cierto que, en términos de nivel de vida, Polonia puede superar en un plazo de 10 a 20 años el nivel de renta per cápita de Alemania. Pero no lo conseguirá sin cumplir tres condiciones: sanear las finanzas públicas, realizar inversiones masivas en las últimas tecnologías y mejorar el nivel de educación". El rápido crecimiento económico no está garantizado para nadie para siempre. Hay riesgos como la crisis económica, la amenaza rusa, y el ascenso del nacionalpopulismo.
Sin embargo, para los jóvenes españoles como Rubén, Mateo, o Carlos, la Polonia de hoy les ofrece un nivel de vida mejor que el que pueden disfrutar en España. Algo no funciona si los licenciados en la actualidad solo pueden aspirar a ser funcionarios o emigrar para gozar de cierta estabilidad económica.
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