Desde el estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán el 28 de febrero de 2026, unos 2.000 buques comerciales y alrededor de 20.000 marineros han quedado varados en el golfo Pérsico, según la Organización Marítima Internacional y la propia ONU. Trabajadores del mar convertidos en espectadores forzosos y abandonados a su suerte dentro de un panorama geopolítico impredecible.
Tras más de 50 días como rehenes en el estrecho, comienza a haber signos de agotamiento psicológico y estrés entre las tripulaciones, según los reportes de la Organización Marítima Internacional (OMI). Las alertas constantes por posibles ataques con drones, la presencia de minas marinas y el patrullaje hostil de lanchas iraníes han mermado su salud mental.
Muchos armadores y sindicatos temen que, incluso si el estrecho se abriera el día de mañana, gran parte de las tripulaciones no se encuentren en condiciones psicológicas de operar los navíos. Además, estos trabajadores apenas tienen apoyo desde el exterior. Solo el caso de agencias como el United Kingdom Maritime Trade Operations Centre (UKMTO está en este momento brindando asistencia y comunicación a estas embarcaciones atrapadas.
A esto se le suma una falta de suministros básicos, las tripulaciones denuncian una cada vez mayor escasez de agua potable, comida fresca y combustible. Al no poder atracar ni recibir asistencia logística, los barcos están racionando severamente sus provisiones.
Se está estudiando la manera de poder repatriar a la mayor parte de trabajadores posible, sin embargo, el espacio aéreo en la región está cerrado o severamente restringido. Para salir, tendrían que abandonar los barcos y cruzar zonas de alto riesgo en Irán o Irak por carretera. A pesar de todo, algunas empresas navieras están prohibiendo a sus tripulaciones abandonar sus buques por temor a que el barco quede sin mantenimiento y a la imposibilidad de contratar a una nueva tripulación que esté dispuesta a trabajar en una zona de guerra.
¿A quién pertenecen estos barcos?
No se trata de embarcaciones vinculadas a una sola empresa o país. Los cerca de 2.000 buques atrapados componen una muestra representativa de la flota mercante global, quedándose varados en el estrecho simplemente porque se encontraban cargando o transitando la zona cuando estalló el bloqueo.
Un ejemplo claro de esta diversidad es el buque Monte Urbasa, de 274 metros de eslora operado por la empresa española Ivaizabal Tankers. Este barco zarpó de Arabia Saudí a principios de marzo y lleva casi dos meses fondeado con 26 tripulantes a bordo (tres de ellos españoles), sin poder continuar su ruta. Como ha recalcado recientemente Naciones Unidas al exigir su liberación, la abrumadora mayoría de estos buques son estrictamente comerciales, provienen de países que no están implicados en el conflicto de Oriente Medio y no tienen ningún valor militar.
Por qué los seguros navales mantienen atrapada a la flota
Otro factor que mantiene fondeados a tal cantidad de buques junto con sus tripulaciones como rehenes se debe al estricto control del mercado asegurador internacional.
Las aseguradoras han disparado las primas de riesgo bélico a cifras millonarias e inasumibles, amenazando con anular la cobertura de cualquier navío que intente moverse sin pagarlas o sin tener una escolta militar que garantice su paso franco.
Esta crisis en los precios obliga a los armadores a paralizar sus flotas, ya que prefieren mantener a sus marineros atrapados en el estrecho antes que arriesgarse a la quiebra absoluta en caso de ataque. Mientras tanto, el propio sector asegurador presiona a los gobiernos para que escolten a los barcos y eviten así tener que indemnizar miles de millones por "Pérdida Total Constructiva" que es el estatus que acabarían recibiendo las naves si estas quedan varadas por más de seis meses.
La operación de escolta de EEUU
Acorralados, los miles de marineros internacionales han sido descritos por el propio Trump como "víctimas de las circunstancias". No obstante, ante la enorme crisis de la cadena de suministro, Estados Unidos ha lanzado una operación para "guiar" a los barcos de países "neutrales e inocentes" fuera del estrecho. Según informes recientes del Comando Central de EEUU (CENTCOM), dos buques mercantes de bandera estadounidense ya han logrado transitar la zona bajo la estrecha escolta de destructores misilísticos de la Marina, y se planea el tránsito de muchos más.
Mientras los gobiernos de Washington y Teherán miden fuerzas, el destino de las tripulaciones secuestradas del Epaminondas y el MSC Francesca, así como el de los 20.000 marinos que llevan semanas fondeados bajo el sol del golfo, depende de que la diplomacia logre abrir las puertas de una ruta que hoy es un callejón sin salida.
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