Según análisis de organismos y think tanks como el FMI (Fondo Monetario Internacional) y CEBR (Centre for Economics and Business Research), hasta hace apenas unos meses, las proyecciones geopolíticas y económicas en el continente asiático parecían inalterables. La India (o Bharat), propulsada por un crecimiento económico envidiable (7% en 2024 según el FMI) y una demografía imparable, parecía estar cada vez más cerca de conseguir su asiento en el podio de las superpotencias mundiales. Sin embargo, la escalada bélica en Oriente Medio tras la guerra de Irán ha alterado estas estadísticas, provocando que las ambiciones de Nueva Delhi choquen frontalmente con la cruda realidad.
La economía perdedora del conflicto
La economía india se está llevando la peor parte del conflicto en Irán. Al ser uno de los mayores importadores de crudo del mundo, la volatilidad de los mercados energéticos ha destruido las optimistas previsiones macroeconómicas de su gobierno para 2026.
Agencias internacionales como Moody's y Goldman Sachs han rebanado drásticamente las proyecciones de crecimiento del país, bajándolas hasta el 5.9% - 6%, lejos del 7.4% que se anticipaba a inicios de año o del 8% que aseguraba alcanzar el primer ministro Narendra Modi. Además, la divisa india ha sufrido un revés histórico, cotizando en niveles alarmantes de 94-95 rupias por dólar estadounidense, lo que encarece masivamente las importaciones, según The Economic Times.
Pero hay más: el desabastecimiento de Gas Natural Licuado (GNL) proveniente de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos ha obligado al cierre temporal de plantas petroquímicas y de fertilizantes, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del país. "Podríamos estar ante el mayor shock petrolero desde la década de 1970", advirtió recientemente la economista Gita Gopinath, señalando que la prolongación del conflicto en el golfo puede acabar dinamitando la salud fiscal de las economías emergentes, situando a la India en una situación endeble.
El gran puerto asiático estancado
Más allá de los datos económicos, la guerra amenaza con destruir la joya que ostentaba el país hindú para materializar sus ambiciones geopolíticas en Asia: el puerto de la ciudad de Chabahar en Irán.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de la India invirtió cientos de millones de dólares en el desarrollo de este complejo portuario con el objetivo de circunvalar el bloqueo terrestre impuesto por su vecino Pakistán, abriendo así una ruta comercial que conecte directamente con los mercados del centro del continente asiático y Europa.
No obstante, con Irán convertido en un teatro de operaciones militares y las exenciones de sanciones occidentales al borde de la expiración, la multimillonaria apuesta india se encuentra hoy en un limbo. El corredor de transporte Norte-Sur, cuyo objetivo era rivalizar con la Nueva Ruta de la Seda de China, está actualmente paralizado.
¿Superpotencia en pausa o desvío permanente?
La guerra de Irán no ha acabado con el potencial que posee a largo plazo el país, pero sí ha expuesto las debilidades de su desarrollo. Esta crisis muestra como la trayectoria de la India hacia el estatus de superpotencia no depende únicamente de sus reformas internas, sino de su capacidad a la hora de blindarse ante los giros inesperados de la geopolítica global.
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