José Soto Chica (Granada, 1971) es una de las voces más doctas y cautivadoras de la narrativa histórica y la divulgación medieval en España. Exmilitar profesional, centró su trabajo en el mundo académico cuando sufrió un grave accidente que le causó ceguera. Fue profesor en la Universidad de Granada y hoy es doctor en Historia Medieval, investigador y. Galardonado con el prestigioso Premio Edhasa por El dios que habita la espada, destaca por su capacidad única para fusionar el máximo rigor científico con el pulso del mejor thriller. En su novela Muerte en Toledo, el autor nos sumerge en una vibrante trama de espionaje, libros arcanos y ambición geopolítica que conecta el Toledo de Alfonso X el Sabio con los confines de un Mediterráneo.

Pregunta: La novela da especial énfasis a la conquista de Constantinopla en el año de 1204 por los cruzados. Un hecho que poca gente realmente conoce, a no ser que esté muy versado en historiografía.
Respuesta: Es un hecho fundamental en la historia porque es el momento en que el eje cultural del mundo gira. Si a comienzos del siglo XIII alguien quisiera hacerse con el saber (la medicina, la astronomía, la óptica o las matemáticas) hubiera tenido que ir a Constantinopla. Sin embargo, en 1204, cuando la Cuarta Cruzada entra a saco en Constantinopla, desaparece realmente el paradigma cultural y político del Imperio romano de Oriente, que había sido la principal potencia durante siglos y siglos. Ese día, se pierden las obras de Praxíteles, Escopas, Lisipo, Fidias... se queman bibliotecas enteras y desaparece una conexión con el mundo antiguo. ¿Adónde se reactiva otra vez esa conexión? Pues curiosamente en otra ciudad muy lejana de Constantinopla, y no está en Francia ni en Inglaterra, está en la España de Alfonso X el Sabio: Toledo.
P: Un reino realmente poderoso.
R: Totalmente. Que es otra cosa que tampoco nos cuentan de Alfonso X el Sabio, que fue un gran rey en el plano político-militar. Poca gente sabe, por ejemplo, que él envía 500 caballeros a luchar por Pisa contra las tropas de Génova y Florencia porque Pisa lo apoya a él en su reclamación del trono imperial. O que la primera embajada que envía el poderoso sultán mameluco Baybars (que acababa de vencer a los mongoles, lo cual entonces era como vencer hoy a Estados Unidos) no se la envía al Papa, ni al rey de Francia, ni al de Inglaterra, se la envía a Alfonso X. Fue la embajada más espléndida recibida por un rey en toda la Edad Media. Imagina lo que vieron los sevillanos en 1260 por las calles: lo que llega de Egipto es una jirafa, un elefante, un cocodrilo... las riquezas y las glorias y maravillas de Oriente paseando por Sevilla.
P: En ese afán por el saber que hay en la corte de Alfonso X, aparece un libro, el Secretum Secretorum ¿Qué era exactamente?
R: En teoría era el último libro que escribió Aristóteles y lo escribió solo para Alejandro Magno. Era un manual que te enseñaba a dominar a los hombres, bien por la razón, bien por la fuerza; es decir, un manual político. Pero hay algo curiosísimo que ya generó mucha intriga en la Edad Media: se supone que Aristóteles hizo una segunda copia al final de su vida y en ella metió las claves para encontrar su tesoro. Y su tesoro existió. Alejandro, en agradecimiento a su maestro, le envió 800 talentos de plata (un talento son unos 26 kilos). Aristóteles se convirtió en uno de los hombres más ricos de su tiempo. Sin embargo, si tú lees el testamento de Aristóteles (que lo conservamos recogido en varias obras antiguas), ahí salen solo cuatro o cinco talentos como mucho. ¿Dónde está el resto? Inmediatamente se generó la idea en la Edad Media de que ese libro no solo era poderoso porque te enseñaba las claves de cómo dominar a los hombres, sino porque si se lograban descifrar los enigmas que contenía, se podía encontrar el sitio donde supuestamente Aristóteles había escondido su tesoro antes de salir corriendo de Atenas para que no lo mataran.
P: Pero se supone que existe una copia de ese libro en la biblioteca de El Escorial.
R: Hoy sabemos que es falso; es decir, alguien escribió ese libro en el siglo XIII, llegó a España, terminó en manos de la Corona y luego en la biblioteca del Escorial, pero en su época se atribuía firmemente a Aristóteles. Lo curioso es que es un libro escrito en clave. Yo he podido leerlo y muchos de esos pasajes en clave los he usado en la novela para generar los enigmas que los sabios de Alfonso X tienen que ir desentrañando en su viaje para encontrar el tesoro de Alejandro.
P: También Umberto Eco, en El nombre de la rosa, habla de un libro perdido escrito por Aristóteles.
R: Es que Aristóteles representa y ejemplifica la sabiduría en la Edad Media; fue el autor más leído, buscado y traducido, tanto en el mundo musulmán como en el cristiano, fascinó a ambos. Pero curiosamente, mientras Umberto Eco usó el libro de la Comedia, realmente el libro más deseado de Aristóteles a lo largo de toda la Edad Media en Oriente y Occidente fue el Secretum Secretorum. Ese libro que nadie encontraba pero que todo el mundo buscaba trajo de cabeza a la humanidad. Yo lo comparo un poco con El Príncipe de Maquiavelo, pero escrito por Aristóteles, porque lo que enseñaba era cómo dominar a los hombres. En teoría eso es lo más precioso para un rey, saber cómo gobernar y cómo conseguir que los hombres hagan lo que tú quieras. Sin embargo, en la novela, el premio secundario (la plata) hace que el rey Alfonso X olvide lo primero. Está tan obsesionado por el dinero (porque es lo único que le puede abrir la puerta del Imperio) que el conocimiento de cómo gobernar bien se le olvida. Ya no le importa, lo que quiere es el dinero para ser coronado emperador.
P: ¿A qué se debe esa súbita obsesión de Alfonso X por el trono imperial?
R: Él tenía derecho dinástico por parte de madre, Beatriz de Suabia, por lo que creía que estaba en su derecho de reclamarlo. De hecho, tuvo el apoyo primero de tres y luego de cuatro de los siete grandes electores, pero era una carrera muy difícil. ¿Por qué? Porque al final todo se reducía a tener el apoyo de esos electores, y ese apoyo no se conseguía ni por la razón ni por el prestigio: en última instancia, era una cuestión de dinero. Además, cuando lees los textos de la época ves que no solo se trataba de sobornar al elector; había intrigas, asesinatos y espionaje, y todo eso estuvo presente en la Castilla de Alfonso X.
P:¿Qué papel juegan los diversos reinos peninsulares en la trama de la novela?
R: Vamos a tener un reino de León y Castilla muy potente, pero que todavía se está asentando en el sur. Vamos a ver Sevilla, una ciudad que todavía tiene un pie en el mundo musulmán y otro en el cristiano, y vamos a ver el reino de Granada. Hay una intriga porque el rey tiene que enviar a sus sabios escoltados por un caballero intachable (el protagonista de la novela), un hombre que se apega a sus valores y al honor. Es el típico dilema de muchos hombres honrados a lo largo de la historia: saben que sus valores son la fuente de su fuerza, pero también son la manera que tienen los demás de manipularlos porque conocen su punto débil. Al mismo tiempo, esa es su única fortaleza y salvación: mantenerse firme en sus convicciones morales. Este caballero tiene que conducir a los sabios a la Atenas del siglo XIII. Para llegar allí tienen que pasar por el Estrecho de Gibraltar, que está controlado por Granada (tanto Gibraltar como Ceuta), y ahí hay una aventura muy intensa. Hay una intriga de los nobles de Castilla que no quieren que su rey se haga con ese dinero para que no siga compitiendo por el Imperio, y se alían con el sultán de Granada. También veremos cómo el rey de Aragón y el rey de Navarra intentan hacerle la zancadilla a Alfonso X.
P: Esa Atenas no se parecía a la Atenas Clásica que nos podemos imaginar.
R: Así es, porque estamos hablando de una Grecia que no nos entra en la cabeza a nosotros hoy en día. En el momento de la novela, Atenas era prácticamente un pueblo grande de chozas de madera y de barro de donde sobresalían, como los huesos de un gigante, el templo de Zeus con sus columnas de 16 metros de altura, o la Acrópolis con el Partenón (que estaba convertido en una iglesia) y el Erecteion. Todo este conjunto de templos antiguos estaba rodeado por una muralla y por unas torres construidas por los francos, puesto que los cruzados la habían conquistado en 1205, de manera que la Acrópolis literalmente era un castillo francés.
Esa es también una reflexión del libro: nosotros creemos que nuestra civilización es algo inconmovible, y mañana desaparece. Los atenienses vivían entre edificios maravillosos pero ya arruinados, mientras que su presente era de barro y madera. Es una advertencia sobre nuestro tiempo: nuestra situación es frágil y, si no tomamos las decisiones pertinentes, también podemos despertarnos en un mundo de ruinas.
P: De hecho, pocos años después, Atenas es conquistada por los aragoneses.
R: Efectivamente, y dejaron huella. El recuerdo que dejaron los almogávares fue horrible. En Grecia todavía hoy, cuando alguien hace algo realmente espantoso, dicen una expresión muy socorrida: "Eso no lo haría ni un catalán". Para ellos fue el paradigma de la barbarie y del salvajismo. A nosotros nos encanta la historia de los almogávares porque son nuestros héroes de las crónicas, pero para los griegos a los que conquistaron, fueron lo peor de lo peor.
P: Toledo es el gran centro sobre el que gira la novela.
R: Durante prácticamente un siglo entero (desde mediados del XIII a mediados del XIV), en Toledo se va a reunir una cantidad de conocimiento impresionante. Los sabios que estaban en la corte de Toledo, en esa Escuela de Traductores (que nunca fue un lugar físico, sino una reunión de sabios en torno a los reyes), confrontaban conocimientos. Fue la primera vez que el saber atesorado en el mundo islámico, el mundo cristiano y el mundo hebreo se puso en relación directa. De esa confrontación nace realmente lo que va a ser el Renacimiento. Siempre hablamos de Italia, pero en la España de los siglos XIII, XIV y XV se escribieron y publicaron más obras de filosofía, astronomía y literatura que en ningún otro lugar de Europa. Si cuentas el número de "publicaciones" de la Castilla del momento, es un 60% superior a las que se publicaron en la Francia de la época.
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