A principios del siglo XIX, el continente europeo temblaba al escuchar un nombre. No era el de una nación, sino el de una fuerza militar sin precedentes en la historia contemporánea. La Grande Armée (el "Gran Ejército") de Napoleón Bonaparte. El pilar sobre el que se sostuvo el imperio napoleónico fue la cúspide de la evolución logística, táctica y organizativa de los ejércitos europeos.
"En 1792 apareció una fuerza que desafió toda imaginación. La guerra se convirtió de repente en un asunto del pueblo, y con ello la energía de los ejércitos franceses alcanzó un grado de intensidad que demolió en un instante las barreras y convenciones del antiguo arte militar." — Carl von Clausewitz, De la guerra (Libro VIII, Cap. 3B).
PUBLICIDAD
El sistema de Cuerpos de Ejército
La Grande Armée fundamentó su hegemonía en la velocidad de maniobra, la autonomía operativa y el genio estratégico de su Emperador, pero la verdadera revolución radicaba en su estructura organizativa: el sistema de Cuerpos de Ejército (en francés, Corps d'Armée).

Antes de Napoleón, los ejércitos marchaban como una sola masa lenta y predecible. Napoleón dividió su ejército en unidades modulares de entre 20.000 y 30.000 hombres. Cada Cuerpo de Ejército era un "ejército en miniatura" autosuficiente, que integraba su propia infantería, caballería, artillería, zapadores y estado mayor.
Así, las tropas marchaban por rutas separadas, lo que les permitía avanzar mucho más rápido que un ejército unificado, facilitando la logística y el forrajeo (dar de comer a los caballos) en el terreno. Sin embargo, aunque marchaban dispersos para "engañar" al enemigo sobre el objetivo real, Napoleón tenía la capacidad de concentrar varios Cuerpos en un solo punto en cuestión de horas para entablar batalla. Como resumió décadas después el general prusiano Helmuth von Moltke: "Marchar separados, luchar juntos".
La combinación de armas perfecta
La Grande Armée perfeccionó el concepto del uso combinado de armas, donde cada brazo militar cubría las vulnerabilidades del otro. La infantería era el yunque del ejército. Se dividía entre la infantería de línea (el núcleo) e infantería ligera (Voltigueurs y Chasseurs), que actuaban como hostigadores del enemigo. Napoleón popularizó el Orden Mixto, una formación que combinaba batallones en línea (para disparar ráfagas) y batallones en columna (para avanzar rápido y cargar con la bayoneta calada).

La caballería francesa se dividía en Pesada (Coraceros y Carabineros) y Ligera (Húsares y Cazadores a Caballo). La caballería pesada actuaba como fuerza de choque. Sus cargas masivas rompían las líneas de infantería enemiga desorganizada. Por otro lado, la caballería ligera eran los ojos y oídos del ejército. Realizaban misiones de reconocimiento, escaramuzas y, lo más importante, la persecución implacable del enemigo en retirada para aniquilarlo por completo.

Napoleón, en sus orígenes formado como oficial de artillería, consideraba este brazo militar como algo crucial. Centralizó y estandarizó los cañones de sus ejércitos. Su táctica estrella era la Gran Batería, que consistía en concentrar el fuego de decenas de cañones en un solo punto para resquebrajar las defensas enemigas antes de que la infantería o la caballería lanzaran el ataque final.

La reserva de élite
El gran orgullo de Napoleón y de la Grande Armée era la Guardia Imperial. Originalmente una pequeña escolta, creció hasta convertirse en un Cuerpo de Ejército de élite de más de 50.000 hombres en 1812. Se requerían años de servicio y haber participado en varias campañas para poder ser parte de ella y se dividía en la Vieja Guardia (los más veteranos) y Joven Guardia.

Estas tropas conformaban el as en la manga que Napoleón la utilizaba solo en momentos críticos de la batalla. Cuando el resto del ejército estaba agotado y las líneas enemigas flaqueaban, el avance implacable y majestuoso de los "Osos" de la Vieja Guardia (llamados así por su gran sombrero), era suficiente para romper la moral final del adversario.
Ejemplos de hegemonía
La Grande Armée demostró su supremacía en campañas que definieron el arte de la guerra moderna. Durante la batalla de Ulm (1805) se demostró la velocidad del sistema de Cuerpos. En solo unas semanas, Napoleón movió su ejército de 200.000 hombres desde los campamentos de Boulogne, en la costa del Canal, hasta el río Danubio, en Alemania, a una velocidad de 30 kilómetros al día. Sorprendió al ejército austriaco por la retaguardia antes de que pudiera reaccionar, rodeándolo y forzando la rendición de 60.000 soldados.

Sin embargo, la obra maestra de Napoleón se considera la Batalla de Austerlitz (1805), durante la misma campaña. Con la Grande Armée inferior en número ante rusos y austriacos, Napoleón simuló debilidad en su flanco derecho, invitando al ataque aliado. Cuando los aliados cayeron en la provocación y atacaron ese flanco, Napoleón concentró a sus Cuerpos en el centro enemigo, capturando las Alturas de Pratzen y dividiendo el ejército aliado en dos, dispersándolo y derrotándolo. La combinación de velocidad de maniobra, la Gran Batería de artillería y la carga de caballería de la Guardia selló la victoria más brillante del Emperador.
El legado
Aunque la Grande Armée desapareció tras la derrota de Napoleón en la Batalla de Waterloo (1815), su legado es eterno. Introdujo el sistema de personal de estado mayor permanente, la logística basada en etapas y la autonomía de los Cuerpos de Ejército, conceptos que siguen siendo la base de la organización militar moderna hoy en día y se siguen estudiando en academias militares.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado