Cultura

La tecnología de la Guerra (V)

Centauros de hierro y acero, la caballería que definió la Edad Media

Batalla de Agincourt, 1415, inglés con iluminaciones flamencas, de la 'Crónica de San Albano' de Thomas Walsingham (pergamino), escuela inglesa, (siglo XV)
Batalla de Agincourt, 1415, 'Crónica de San Albano' de Thomas Walsingham (escuela inglesa, (siglo XV)

Durante más de tres siglos, el retumbar de los cascos sobre la tierra y el destello del metal bajo el sol anunciaban la llegada la ingeniería guerrera más devastadora de la Edad Media. Entre los siglos XII y XV, la caballería europea no solo dominó los campos de batalla desde las llanuras de Flandes hasta los reinos cristianos de Ultramar, sino que vertebró la estructura social, económica y cultural de todo un continente. Su dominio se basó en premisa de concentrar la energía en la punta de la lanza y lanzarla en una carga frontal devastadora.

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"Un guerrero franco a caballo es un proyectil capaz de atravesar las mismísimas murallas de Babilonia". — Ana Comneno, princesa e historiadora romano-bizantina (La Alexiada, Libro XIII).

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El impacto de la lanza calada

Los orígenes de esta hegemonía militar se gestaron entre los siglos VIII y IX bajo el Imperio Carolingio, cuando la difusión del estribo (traído a Europa por los hunos y avaros) y la silla de arzón elevado permitieron al jinete afianzarse con firmeza sobre su montura. Sin embargo, fueron los normandos entre los siglos X y XI los que la consagraron como una fuerza de impacto imbatible.

Ilustración de "Yvain o el caballero del león", Chrétien de Troyes. Se muestra a dos caballeros enfrentándose con la lanza calada.

El salto cualitativo de la caballería europea a partir del siglo XII se debió principalmente a una tríada tecnológica: el estribo rígido, la silla de arzón alto y la técnica de la lanza calada (lance couchée). Con esta técnica, la lanza se sujetaba firmemente bajo el axila y se apoyaba en el ristre de la coraza. Además, el corazón de la caballería europea se encontraba el destrero (destrier), un caballo criado y entrenado exclusivamente para la guerra de contacto. Un animal robusto, de fuerte musculatura trasera, ágil y con una altura media de entre 1,50 y 1,60 metros.

Esta disposición creaba un enorme proyectil humano cuya fuerza incrementaba según el número de caballeros que integraban la formación. Esto guerreros contaban con capas de hierro de su armadura que aumentaban su masa, sumada a los más de 500 kilos del caballo que se arrojaba al galope contra el enemigo. Estos elementos se canalizaban en la punta de la lanza calada.

Además, al chocar contra las filas enemigas, el impacto no dependía del músculo del hombre, sino de la velocidad del caballo. Ninguna formación de infantería ligera de la época podía resistir el impacto inicial sin fragmentarse. Así se recoge en batallas como Las Navas de Tolosa (1212) o Montgisard (1177).

Francisco de Paula Van Halen, Batalla de Las Navas de Tolosa. 1864

Una evolución constante

El equipamiento de la caballería europea atravesó una revolución permanente para contrarrestar el avance de otras armas, ya fueran arrojadizas o de corte. Durante el siglo XII, el caballero vestía un hauberk o loriga de cota de malla de hierro que cubría desde la cabeza hasta las rodillas, complementado con el yelmo cónico de nasal y un gran escudo en forma de lágrima.

Tapiz de Bayeux, Escena 51 (parcial). La batalla de Hastings: caballeros y arqueros normandos.

Por el contrario, durante el siglo XIII-XIV, para contrarrestar los proyectiles de las ballestas, la malla se reforzó con placas de metal sobre el pecho y las extremidades, dando paso al yelmo cerrado (grand bacinete). Ya en el siglo XV, surgieron las escuelas siderúrgicas gótica (alemana) y milanesa (italiana). El caballero era equipado con una verdadera "catedral de acero" articulada de entre 20 y 25 kilos de peso, tan perfectamente equilibrada sobre el cuerpo que permitía a su usuario, con el correspondiente entrenamiento, correr, montar a caballo y resistir impactos directos.

Caballero a caballo en batalla, siglo XIV.

Sus ocaso

Ningún sistema militar dura para siempre. A lo largo del siglo XIV y principios del XV, una serie de batallas demostraron que la hegemonía de la caballería europea estaba cada vez más puesta entredicho.

En las batallas de Crécy (1346) y Agincourt (1415), los arqueros ingleses (longbowmen) demostraron que las enormes ráfagas de flechas podían desbaratar la carga de la caballería en terrenos fangosos antes de que esta alcanzara la línea enemiga. Además, cuerpos militares como los cuadros de picas suizos, la disciplinada infantería de las villas suizas y flamencas recuperó las erizadas formaciones de picas de tres y cuatro metros de largo, contra las cuales los caballos simplemente se negaban a cargar.

Los cuerpos de caballería no desaparecieron, pero tuvieron que reinventarse. Los jinetes fueron progresivamente dejando de tener una importancia decisiva en las batallas, y su papel estuvo parejo con el de la infantería. A pesar de todo, el uso de la caballería como arma estaría presente hasta bien entrado el siglo XX.

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