Internacional

Dos milenios de cristianismo amenazados por la ofensiva israelí en el Líbano

Un soldado israelí coloca un cigarrillo en una estatua de la Virgen María en el sur del Libano
Soldado israelí "dando" un cigarrillo a una estatua de la Virgen María en el sur del Libano

La escalada militar en el Líbano, llevada a cabo por Israel e intensificada en 2026, está provocando una crisis que amenaza con alterar irreversiblemente el mosaico demográfico y religioso de Oriente Próximo. Como consecuencia de los ataques se están desmantelando las comunidades cristianas del sur del país. Su presencia se remonta a los primeros años del cristianismo, con la ciudad de Tiro con la mayor afluencia en estos nuevos creyentes. El libro de los Hechos de los Apóstoles documenta cómo San Pablo encontró a una comunidad de cristianos ahí establecida.

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Hoy, el Líbano posee el panorama religioso más diverso de Oriente Próximo, con 18 confesiones reconocidas oficialmente. La demografía se divide casi por la mitad entre musulmanes, con un 60% entre chiíes y suníes, y cristianos de mayoría maronita con un 30%.

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Debido a esta situación, aunque el objetivo declarado por el Gobierno israelí es neutralizar la infraestructura militar del grupo chií Hizbulá, los bombardeos israelíes tienen un impacto devastador sobre la población cristiana de la región.

Bajo el fuego cruzado

En los últimos meses, el avance de las tropas israelíes más allá del río Litani ha arrastrado al frente de guerra a pueblos que intentan mantenerse al margen del conflicto. Localidades como Rmeish, Debel, Ain Ebel y Al-Qlayaa se han convertido en escenarios bélicos que ponen en riesgo a sus habitantes, como el caso de la familia Karam a principios de junio. El doctor James George Karam y sus dos hijos universitarios (Theodosia y Tony) fueron alcanzados por un ataque aéreo israelí cuando estaban en su vehículo cerca de Al-Qlayaa, muriendo los tres. Regresaban de Sidón, donde los jóvenes habían acudido a rendir sus exámenes académicos.

Hay casos más al norte, a las afueras de Sidón, concretamente en la localidad predominantemente cristiana de Maghdoucheh y la vecina Anqoun, la cual además albergaba a miles de desplazados de todas las confesiones. Estas sufrieron bombardeos masivos apenas unas horas después de recibir avisos de evacuación. A causa de estos ataques, el sur del país del cedro cada vez se ve más desprovisto de sus habitantes originarios, y sus respectivas confesiones. 

Templos en ruinas

A la par de la destrucción material, el liderazgo cristiano libanés ha denunciado un patrón de destrucción y faltas de respeto hacia los recintos sagrados. Las autoridades israelíes justifican sus ataques con el argumento de que los monasterios e iglesias alcanzados son usados por Hezbolá para sus intereses terroristas. Así, edificios de culto en pueblos como Deir Mimas y Yaroun recibieron daños severos de fuego de artillería pesada.

Restos del convento de las Hermanas Basilianas Salvatorianas en Yaroun.

En mayo, la difusión de imágenes que mostraban a soldados israelíes profanando estatuas de la Virgen María en la aldea de Debel y de Jesucristo en Yaroun encendió la opinión internacional. Aunque líderes religiosos judíos y sectores de la comunidad internacional condenaron de inmediato los actos tachándolos de vandalismo aislado, para los cristianos locales representó un mensaje de inequívoco desprecio hacia su arraigo en la región, una indignación recogida por asociaciones como Mission Network News.

Soldado de las IDF a martillazos con la estatua de un Jesús crucificado.

El temor a la desaparición

A diferencia de conflictos anteriores, como la ocupación de 1982-2000, donde las aldeas cristianas servían a menudo como zonas neutrales de refugio, la táctica actual de dispersión y bombardeo de saturación llevada a cabo por Israel no discrimina sectores. Ahora, desde las iglesias locales hasta el Vaticano han multiplicado sus llamamientos diplomáticos urgentes a que se finalicen las hostilidades, advirtiendo que la pérdida de la pluralidad religiosa en el Líbano despojaría al país de su identidad fundacional, además de extinguir a una de las comunidades religiosas más antiguas del mundo.

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