Mehdi Hijaouy, de 53 años y actualmente en paradero desconocido, se ha convertido en los últimos días en protagonista de numerosos titulares por sus vínculos con los servicios de inteligencia marroquíes y, especialmente, por la entrevista que concedió hace unos días al medio Le Canard enchaîné. Distintas informaciones lo sitúan próximo a las estructuras de poder de Marruecos y a su aparato de seguridad. Pero, ¿quién es realmente Mehdi Hijaouy?
En torno a su figura persisten numerosas incógnitas y muy pocas certezas. Lo que sí parece claro es que durante años se movió en uno de los ámbitos más opacos del Estado marroquí. Su trayectoria lo llevó desde la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior del país, hasta el entorno más próximo del rey Mohamed VI. Un recorrido marcado por el ascenso, una primera caída, un inesperado regreso y, finalmente, una ruptura que terminaría convirtiéndolo en uno de los nombres más incómodos para el aparato de seguridad marroquí en los últimos tiempos.
Se le sitúa en puestos de máxima responsabilidad
Sobre su posición exacta dentro de la DGED existen distintas versiones, aunque varias fuentes lo sitúan en puestos de máxima responsabilidad. Claude Moniquet, antiguo miembro de los servicios de inteligencia franceses, afirmó en 2025 que trató regularmente con Hijaouy entre 2005 y 2014 y que durante aquellos años ejercía como jefe de gabinete de Yassine Mansouri, director de la DGED. Según su relato, Hijaouy organizaba reuniones en la sede del servicio y llegó a dirigir una de ellas sobre los grupos yihadistas del Magreb.
Pero Hijaouy no se limitó al mundo clandestino de los servicios. Con el tiempo comenzó a construir también un perfil público como especialista en inteligencia económica y estratégica. En mayo de 2020, la revista Challenge lo presentó junto a Adil Mesbahi como experto en estas materias y como fundador, junto a él, del Washington Strategic Intelligence Center, descrito como una plataforma estratégica o centro think tank. La publicación marroquí francófona señalaba, además, su formación en la École de Guerre Économique (Escuela de Guerra Económica de París). En los años siguientes, Hijaouy publicó en la misma revista distintos artículos relacionados con la seguridad y la inteligencia y quedó vinculado a una obra titulada Intelligence sécuritaire.
La carrera dentro de los servicios, sin embargo, no tuvo un desenlace lineal. Su primera salida del aparato de inteligencia está rodeada de versiones contradictorias. Mientras que la prensa marroquí —afín al régimen— ha sostenido que fue apartado en 2010 por falta de profesionalidad, Le Monde ofrece una cronología diferente y asegura que fue expulsado en 2014. Sea cual fuera la versión correcta, lo cierto es que su primera etapa en las estructuras de inteligencia terminó y durante varios años quedó alejado de los principales círculos de poder.
El giro llegó en 2017, cuando Hijaouy regresó al entorno de seguridad del régimen a través de Fouad Ali El Himma, uno de los hombres más próximos a Mohamed VI, conocido en el entorno como "virrey". Allí pasó a trabajar como asesor de seguridad, una función que habría desempeñado durante aproximadamente cinco años, según informó El Confidencial en una investigación junto a Forbidden Stories. El antiguo hombre de la inteligencia exterior volvía así a situarse en el centro de poder, aunque desde una posición diferente.
Los hermanos Azaitar y el deterioro de sus relaciones con el aparato de seguridad
Fue durante esta segunda etapa cuando comenzó a hacerse más visible su faceta pública. Y también cuando surgió una relación que, con el tiempo, adquiriría una importancia especial: su acercamiento a los hermanos Azaitar, conocidos por su trayectoria en las artes marciales y que en los últimos tiempos han desarrollado una relación estrecha con el monarca.
Hijaouy compartía precisamente esa afición. En diciembre de 2021 publicó en Challenge un artículo en el que defendía la incorporación de las artes marciales mixtas a la formación de los profesionales de la seguridad. El texto, que dejó de estar disponible en la web de la revista, le atribuye una defensa particularmente contundente de los hermanos Azaitar, hasta el punto de afirmar que atacar a los amigos del rey equivalía a "serrar la rama en la que uno está sentado".
La defensa de los Azaitar habría sido, según Le Monde, uno de los elementos que contribuyeron a deteriorar su relación con determinados sectores del aparato de seguridad. A partir de ese momento, las diferencias internas comenzaron a aflorar con mayor claridad.
Una fuente citada por El Independiente hace algo más de un año describió entonces una pugna en la que Fouad Ali El Himma habría desempeñado un papel central. Según ese testimonio, Hijaouy había sido apartado por el rey en 2014, pero El Himma lo recuperó tres años después como asesor de seguridad. La misma fuente sostuvo que la relación terminó deteriorándose cuando Hijaouy se acercó a los hermanos Azaitar y a otros círculos próximos al monarca.
El Livre Blanc y la ruptura definitiva
La ruptura definitiva comenzó a tomar forma en 2023. Ese año Hijaouy empezó a preparar un Livre Blanc, un documento de unas 120 páginas dedicado a la seguridad nacional. Según otra información de El Confidencial, el texto fue enviado en febrero de 2024 al rey Mohamed VI y al príncipe heredero Moulay Hassan. Pero para el diario francés, el libro tenía una lectura que iba más allá de una propuesta técnica: podía interpretarse como un intento de Hijaouy de recuperar influencia y reconocimiento dentro del régimen.
A partir de entonces, su nombre comenzó a aparecer asociado a una sucesión de procedimientos judiciales y acusaciones. En septiembre de 2024, las autoridades marroquíes emitieron una orden de búsqueda internacional contra él por delitos que incluían estafa y facilitación de la inmigración ilegal. La prensa marroquí añadió posteriormente acusaciones de falsificación documental, falsedad, asociación criminal y fraude agravado.
El caso llegó a España cuando Hijaouy fue detenido y puesto a disposición de la Audiencia Nacional en virtud de la orden de arresto marroquí. El tribunal decretó su libertad provisional con medidas cautelares, pero poco después el marroquí dejó de acudir a las comparecencias judiciales y se dio a la fuga, abandonando España antes de que se resolviera su extradición. Aunque su figura suele vincularse mediáticamente al caso Pegasus —instruido en el mismo tribunal y archivado provisionalmente por la falta de cooperación de Israel—, su expediente personal corresponde a un proceso distinto. Su paradero, desde entonces, es una incógnita, aunque fuentes consultadas por El Independiente confirman que no se encontraría ni en Francia ni en España. En cualquier caso, su salida del país no puso fin al conflicto. Más bien abrió una nueva fase.
Durante 2025, distintas informaciones describieron una ofensiva contra personas de su entorno en Marruecos. Le Monde relató algunas de ellas contra familiares, antiguos agentes y personas próximas a Hijaouy, mientras que Libération informó de la condena a tres años de prisión de su exmujer. En paralelo, comenzaron a multiplicarse las informaciones y acusaciones sobre el papel que el antiguo miembro de la inteligencia podría haber desempeñado en la filtración de información sensible.
Es en ese punto donde aparece Jabaroot, el grupo de hackers que difundió documentación sensible sobre miles de empleados del aparato de seguridad marroquí. En los últimos días, Hijaouy ha sido señalado en distintas informaciones como una posible fuente o colaborador, pero esa relación continúa siendo una cuestión controvertida. Aunque se sospecha que existe la posibilidad de que esa huida tenga relación con la filtración, no existe acreditación alguna de que esté detrás del grupo ni de que haya proporcionado directamente la información que han difundido los ciberdelincuentes.
Pegasus
El escándalo internacional de Pegasus estalló en 2021, cuando la investigación coordinada por Forbidden Stories, en la que participaron varios medios internacionales, reveló el uso del programa de espionaje contra miles de teléfonos. Entre los objetivos identificados aparecieron políticos, periodistas, activistas y responsables públicos de distintos países; uno de ellos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y algunos de sus ministros.
Marruecos quedó señalado en las investigaciones como uno de los Estados vinculados al uso del programa. Pero aquí resulta esencial distinguir entre sus servicios de inteligencia. La DGED es el servicio de inteligencia exterior; la DGST, dirigida por Abdellatif Hammouchi, es el principal organismo de inteligencia interior y seguridad territorial. Las informaciones disponibles atribuyen a la DGST el uso operativo de Pegasus, mientras que la posible participación de la DGED se sitúa en otro plano.
Por eso, atribuir directamente a Hijaouy la responsabilidad sobre las operaciones de Pegasus requiere cautela, pues que procediera de la DGED, que conociera los mecanismos de los servicios de inteligencia o que pueda haber tenido acceso a determinada información no demuestra por sí mismo que dirigiera o ejecutara operaciones con Pegasus.
Lo que dicen algunos analistas
Entre esas voces aparece el periodista Ali Lmrabet, quien ha asegurado "no tener ninguna duda" de que Hijaouy conoce la identidad de agentes de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), del servicio de inteligencia interior del país, relacionados con la desaparición o extracción de archivos del servicio. Sin embargo, recela de la idea de que, tanto él, como personas que trabajaban para él en la DGED infectaran el móvil de Pedro Sánchez; algo que afirma le parece "de película". En este sentido, ha constatado que la DGED nunca tuvo acceso a Pegasus, sino que era la DGST la que manejaba el spyware de la firma israelí NSO Group.
El analista Akram Kharief, director y fundador de MENA Defense, ha desglosado para El Independiente la reciente entrevista de Mehdi Hijaouy en Le Canard enchaîné, donde se expone la profunda implicación de la seguridad marroquí en operaciones de espionaje y manipulación política. Según Kharief, Hijaouy señala directamente a Abdellatif Hammouchi —jefe de la inteligencia— y a Fouad Ali El Himma —asesor del rey— como los principales orquestadores de estas operaciones encubiertas.
Entre las revelaciones más destacadas, Hijaouy afirma que Marruecos adquirió el programa espía Pegasus en 2017 y lo utilizó contra periodistas y políticos extranjeros. Asimismo, asegura que la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta no fue espontánea, sino una estrategia orquestada por las autoridades para presionar a España. Finalmente, el testimonio destapa una grave fractura en la inteligencia marroquí, revelando la deserción de oficiales clave y filtraciones masivas de datos como resultado de las luchas de poder en el entorno del palacio real.
La historia de Hijaouy termina, por ahora, en ese terreno incierto. El antiguo responsable de inteligencia que durante años trabajó cerca de las estructuras de poder marroquíes se encuentra fuera del alcance de las autoridades españolas y, según las informaciones disponibles, tampoco estaría en Francia. Sobre él pesan acusaciones judiciales en Marruecos y, al mismo tiempo, una sucesión de versiones sobre lo que sabe, los documentos que pudo manejar y sus posibles conexiones con las filtraciones que han golpeado al aparato de seguridad del país.
Lo que parece indiscutible es el recorrido: de las estructuras de la inteligencia exterior marroquí al entorno de los hombres más próximos al rey; de ahí, a una ruptura cuyo alcance todavía resulta difícil de reconstruir. Todo lo demás —su papel exacto en determinadas operaciones, su relación con Jabaroot o su conocimiento de los archivos de la DGST— forma parte de una historia que todavía está lejos de haber sido completamente esclarecida.
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