Trincheras, bombardeos y grandes batallas. La Guerra Civil fue un conflicto armado a gran escala, que se extendió por todo el territorio español. Sin embargo, en la penumbra de la retaguardia se libró una batalla paralela y silenciosa que resultó decisiva. El espionaje, la infiltración y los mensajes encriptados también jugaron un papel determinante en el destino de España.

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Los '007' españoles proliferaron por todo el país, llevando a cabo una labor vital para sus respectivos ejércitos. Pero también llegaron a nuestras fronteras espías extranjeros, en lo que sería el gran banco de pruebas para las potencias que poco después se enfrentarían en la Segunda Guerra Mundial.

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Como explica el historiador y periodista Jesús María Pascual, autor de El espionaje en la Guerra Civil: La información como arma, la inteligencia jugó un papel decisivo en el conflicto: "La Guerra Civil no solamente se ganó con armas y con material bélico tradicional, sino también con información". Según el experto, hubo varios casos concretos de batallas que se deslizaron para un lado o para otro teniendo en cuenta la información que daban los espías.

Primeros pasos accidentados en ambos bandos

Antes del estallido del conflicto en julio de 1936, los servicios secretos no contaban con una estructura organizada ni unificada. El historiador José Luis Hernández Garvi, coordinador del libro Espías en la Guerra Civil Española: Agentes secretos, enemigos invisibles y contrainteligencia en España entre 1936 y 1939, destaca que antes de ese momento, los servicios secretos de la República no estaban consolidados. Fue la propia dinámica de la guerra la que obligó a ambos bandos a construir a contrarreloj sus aparatos de inteligencia.

El bando republicano se enfrentó a un grave problema de dispersión. "Muchas de las organizaciones políticas republicanas tenían sus propios servicios de inteligencia, por lo que la coordinación fue mucho más complicada", detalla Hernández Garvi. Con el tiempo, el Gobierno del Frente Popular fue articulando organismos como el Servicio de Información Especial Periférico, especializado en infiltrar agentes tras las líneas enemigas.

Por su parte, el bando franquista estructuró el Servicio de Información y Policía Militar. Gracias a la ayuda alemana e italiana, su espionaje tuvo más medios técnicos y estuvo mejor estructurado, según señala Pascual. Pone como ejemplo el sistema que idearon para sistematizar los interrogatorios: "A todos los detenidos se les preguntaba las mismas cosas como qué fuerzas había en el otro bando, quiénes eran los que dirigían o cuántas armas tenían".

España se convierte en un banco de pruebas en preparación de la Segunda Guerra Mundial

JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ GARVI, HISTORIADOR

A pesar de estas diferencias, republicanos y nacionales venían del mismo aparato estatal, el de la Segunda República. "Al principio de la guerra se daba el caso curioso de que los dos bandos usaban las mismas claves de comunicación", comenta el periodista. Así, ambos conocían el lenguaje secreto del adversario, por lo que sus mensajes eran muy fácilmente descifrables.

No fue la única chapuza durante este periodo. En un claro contrasentido, los agentes de ambos bandos portaban carnés de identidad que los acreditaban formalmente como miembros de los servicios de información. "Lo contrario al secreto que debe acompañar al trabajo de un espía", subraya Pascual.

La batalla de los criptógrafos

Uno de los factores tecnológicos que otorgó una ventaja a los nacionales fue la adquisición de varias máquinas Enigma de la Alemania nazi. Habría que esperar hasta la Segunda Guerra Mundial para que el matemático Alan Turing lograse descifrar la clave de la comunicación secreta alemana, un hito fundamental para la victoria de los aliados.

En el caso de España, Hernández Garvi aclara que las máquinas que llegaron a nuestro territorio eran diferentes a las que usaron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. "Era un modelo comercial, pensado pues para mantener cifrados los mensajes entre empresas", matiza. En el Museo del Ejército en Toledo todavía se conserva uno de estos artefactos.

La destreza del criptógrafo Antonio Sarmiento León-Troyano fue decisiva para que el bando sublevado incorporase estas máquinas a sus servicios de espionaje. "Fue capaz de aprender tanto su funcionamiento que hasta escribió un manual de uso", apunta Jesús María Pascual.

La República, por su parte, logró contrarrestar esta superioridad gracias al talento de Faustino Camazón, un brillante criptógrafo que, en palabras del historiador, "creó un sistema de claves para que las comunicaciones no pudieran ser descifradas por el enemigo". Años más tarde, formaría parte del equipo que trabajó junto a Turing para descifrar Enigma, una máquina que conocía bien por su trabajo durante la Guerra Civil.

El espionaje cotidiano

Más allá de las complejas labores de encriptado que se desarrollaban en las oficinas de los servicios de inteligencia, la información que obtenían los espías también fue crucial. Es de sobra conocida la "quinta columna", la red de simpatizantes franquistas que operó desde el Madrid republicano durante su asedio.

Pascual recuerda que estos hombres actuaron en el interior de la capital "para suministrar información al ejército franquista sobre dónde estaban las defensas republicanas". De hecho, los servicios republicanos lograron confiscar un plano detallado de estas defensas elaborado por los quintacolumnistas antes de que llegara a manos del enemigo.

Les mandaban mensajes en el papel de los cigarrillos o en el dobladillo de la ropa interior

JESÚS MARÍA PASCUAL, PERIODISTA E HISTORIADOR

Estos espías idearon métodos de inteligencia que en ocasiones superaron a las mejores novelas de intriga. Se mandaron mensajes con tinta invisible hecha con zumo de limón que se revelaban al calor escritos en cartas aparentemente inofensivas o se ocultaba información en el reverso de los sellos postales.

En este ámbito, el periodista e historiador destaca el papel que tuvieron las mujeres dentro del Servicio Vasco de Información. Esta unidad obtuvo datos valiosos gracias a las "agentes" que aprovechaban las visitas a sus maridos y familiares encarcelados para introducir y sacar información de las prisiones. "Les mandaban mensajes en el papel de los cigarrillos o en el dobladillo de la ropa interior", explica.

España, preludio de la Segunda Guerra Mundial

Al igual que en otros terrenos, las potencias extranjeras ensayaron sus técnicas de inteligencia durante la Guerra Civil, en la que muchas participaron activamente. "España se convierte en un banco de pruebas en todos los sentidos precisamente en preparación de la Segunda Guerra Mundial", señala el historiador Hernández Garvi. Especialmente en el caso de Madrid y Barcelona, que se convirtieron en los principales focos de atracción para espías alemanes, soviéticos y británicos.

Por nuestro territorio pasaron figuras de la talla de Wilhelm Canaris, el jefe del servicio de inteligencia militar nazi. El maestro de espías del Tercer Reich tuvo un vínculo especial con España. Estuvo destinado en la embajada alemana en Madrid durante la Primera Guerra Mundial y mantuvo una amistad personal con Franco, del que llegó a ser confidente. Hernández Garvi que, tras ser ejecutado por su implicación en la Operación Valkiria, "Franco firma una orden para que a su viuda se le conceda una pensión desde España".

Planearon un atentado durante una audiencia militar utilizando un arma camuflada en la cámara de un fotógrafo

JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ GARVI, HISTORIADOR

Otro personaje clave fue Joan Pujol García, conocido como "Garbo". Obsesionado con frenar a Hitler, el espía español se ofreció a los aliados y, cuando éstos no le prestaron atención, decidió comenzar a trabajar para los alemanes como agente doble. Como apunta el historiador, "su trabajo fue decisivo a la hora de organizar el desembarco de Normandía".

La guerra secreta también dejó episodios dignos de película. Uno de los más singulares fue el de Sarvapoldi Hammaralt, un químico hindú educado en Berlín que se presentó ante Franco asegurando que podía transformar cualquier metal en oro mediante procesos alquímicos. Necesitado de fondos para comprar armamento, el bando franquista le dio credibilidad y recursos. Sin embargo, se acabó descubriendo que era un espía enviado por los servicios secretos británicos. "Tras ser descubierto, Hammaralt desapareció, supuestamente eliminado por los servicios secretos de Canaris", detalla Hernández Garvi.

Más conocido es el caso de Kim Philby, el famoso espía británico al servicio de la Unión Soviética. Bajo la tapadera de ser un corresponsal del diario The Times, supuestamente los soviéticos le habrían encargado asesinar al mismísimo Franco. "Planearon un atentado durante una audiencia militar utilizando un arma camuflada en la cámara de un fotógrafo", explica el historiador. El desenlace de este episodio es conocido: "Al final parece ser que se echaron atrás".