"Estamos ante la confrontación del bien y del mal. Cualquiera que responsabilice a Ucrania da un regalo al agresor, a Putin. Aquí en Polonia tenemos muy presente la Segunda Guerra Mundial. Los nazis querían convencer al mundo de que era Polonia la culpable. Ahora pasa lo mismo con Ucrania". En el Warsaw Security Forum, esta semana, Donald Tusk, primer ministro polaco, se dirigía, sin nombrarlo, a Donald Trump, quien ahora quiere impedir que Ucrania juegue sus cartas al limitar su acceso a Starshield/Starlink. Su desesperación por los previsibles malos resultados en las elecciones de mitad de mandato le han llevado de nuevo en confiar en Vladimir Putin. El presidente ucraniano se siente traicionado, en vísperas de un invierno decisivo y probablemente sangriento.

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El plan de Rusia está claro: ataca las infraestructuras energéticas para dejar a Ucrania a oscuras. Para conseguirlo, Putin ha ofrecido el pacto del diésel a Trump, y el presidente de Estados Unidos, atrapado en las consecuencias de su intervención en Irán, ha querido creer que así bajarán los precios. Por eso presiona a Zelenski para que deje de atacar las refinerías rusas, algo que hace mucho daño al Kremlin. Y también exige al presidente ucraniano que celebre elecciones. En plena guerra. Sin embargo, le parece normal que Putin lleve 26 años en el poder y gane elección tras elección sin permitir que concurran los opositores.

Escalada por tierra, mar y aire

"Afrontamos uno de los más difíciles inviernos", reconoce Andryi Sybiha, ministro ucraniano de Exteriores, en Varsovia. Y expone la lista de todo lo que necesitan los ucranianos para superarlo. "Necesitamos transformadores, generadores y toda clase de apoyo para superar el invierno. Desafortunadamente esperamos una escalada por tierra, mar y aire. Nuestra prioridad son los sistemas de defensa aérea, por supuesto, interceptores. También cualquier tipo de munición, por ejemplo, de 20 mm, que usan los F-16, muy eficaces contra los nuevos drones rusos". 

A estas carencias se suma la dependencia de Ucrania y Europa de la tecnología estadounidense en materia de comunicaciones por satélite y sistemas de alerta de misiles. La limitación de Starshield, la versión militar de Starlink, desde el miércoles por la mañana hasta el viernes, ha hecho temer lo peor a los ucranianos. Sin esa guía, sus ciudades son más vulnerables a los misiles rusos, y la mayoría de los drones ucranianos quedan inoperativos. Esa decisión solo llevaría a que muchos más ucranianos murieran. Ya estamos viendo ataques con decenas de muertos en las ciudades.

Elon Musk, dueño del sistema de comunicaciones, apuntó a que había sido el Pentágono, que controla Starshield, quien había limitado el acceso. Señaló a Trump en última instancia. Una exclusiva de The Telegraph ha desvelado que la idea fue de Musk, quien no oculta sus simpatías por la extrema derecha global, aliada del Kremlin.

El almirante Giuseppe Calvo Dragone, jefe del Comité Militar de la OTAN, coincide con que estamos ante un momento decisivo. Acaba de estar en Kiev en la primera visita del comité militar aliado desde 2018. "El invierno que viene es un factor clave. Trataremos de aportar el máximo de interceptores y sistemas de defensa aérea. Nunca serán suficientes. Si podemos ayudarles a superar el cuarto invierno, en 2027 se marcará una diferencia. Estos cuatro meses serán cruciales".

Ucrania necesita el apoyo de la OTAN, la ayuda financiera de los Veintisiete, y la presión del Congreso de Estados Unidos, donde hay muchos republicanos proucranianos, para impedir que Rusia provoque una sangría estos meses venideros. Muchos en Ucrania están cansados de tanta sinrazón. Les hierve la sangre cuando escuchan cómo Trump no utiliza su poder en favor de la víctima sino del agresor.

Meloni, entre los aliados más fieles a Kiev

Al menos pueden contar con algunos buenos aliados entre los líderes europeos. Donald Tusk aseguró que iba al Consejo Europeo a pedir más sanciones. Su ministro de Exteriores, Radosław Sikorski, añadió que los europeos no iban a aceptar que los activos rusos estuvieran en un fondo controlado por Washington. "Por encima de nuestros cadáveres", afirmó Sikorski.

También ha sido muy contundente esta semana la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. A diferencia de otros líderes ultraconservadores europeos, Meloni es muy firme contra Putin. Y no tiene reparos en leerle la cartilla a Trump, a quien le ha dicho claramente que su pacto del diésel es, cuando menos, arriesgado. Supone, a su juicio, "una legitimación para Moscú mientras sus bombas siguen cayendo sobre las ciudades ucranianas, nuevos ingresos con los que financiar la guerra, un debilitamiento implícito de las sanciones. Todos son elementos que contradicen lo que hasta ahora han hecho los Estados occidentales, incluidos los Estados Unidos, para presionar a Putin a que se siente a la mesa de negociaciones". Y sigue: "El apoyo a Ucrania no es la alternativa a la paz: es lo que la hace posible. Porque si el agresor puede aspirar a la rendición de su adversario, ¿para qué necesita negociar?" A los filorrusos, les advirtió: "Yo no echo de menos los tanques rusos en Praga".

Sin embargo, los malos augurios también se ciernen sobre el escenario político que nos espera en 2027. Marine Le Pen, favorita en la contienda por la Presidencia de Francia, ha dicho que suprimiría la ayuda a Ucrania en seis meses si llega al Elíseo. Sostiene que la situación financiera de Francia no permite mantenerla. Ignora, o no quiere saber, que si pierde Ucrania, Europa va a tener que gastar mucho más en defenderse de Rusia.

La líder de Alternativa para Alemania, Alice Weidel, oculta su cercanía al Kremlin bajo el paraguas de la equidistancia: ninguno hace nada por la paz. AfD encabeza los sondeos, si bien no habría elecciones federales en Alemania hasta 2029.

Zelenski ante los Veintisiete y con Burnham

Esta semana Zelenski ha tenido una intensa agenda diplomática, con viaje a Londres y a Bruselas, donde ha asistido al Consejo Europeo. Tenía que insistir ante los europeos de la necesidad de mantener las sanciones. También les ha recordado que los ucranianos necesitan más ayuda financiera.

La Comisión Europea va a estudiar cómo facilitarles unos 70.000 millones de euros antes de fin de noviembre. Si hubiera voluntad y coraje político, los Veintisiete tendrían que recurrir a los 210.000 millones de euros en activos congelados rusos. Bélgica, el país donde se encuentran, es el que más se opone por las consecuencias jurídicas posteriores. Cuando hay niños muriendo bajo las bombas rusas, estar dándole vueltas a qué hará Rusia si se utilizan esos activos demuestra que a Europa le faltan agallas.

En Bruselas Zelenski ha escuchado buenas palabras. "No estáis solos", le decía Tusk. Zelenski les ha recordado: "Si Putin gana, todo lo que os mantiene unidos y permite a vuestros pueblos vivir en paz, desaparecerá". A sus interlocutores les ha explicado cómo el invierno ya ha llegado a Ucrania, donde los problemas de suministro de gas, agua y electricidad son cada vez mayores. Mientras Zelenski mantenía reuniones con los líderes europeos, el Kremlin lanzaba otro ataque con drones contra la infraestructura energética ucraniana en la ciudad de Lutsk.

Inseguridad entre los que volvieron

El riesgo ahora es que muchos de los ucranianos que regresaron a sus hogares tras huir de la guerra tengan que volver a desplazarse. Cada vez más viviendas sufren daños y quedan inhabitables. Los cortes de luz y gas son frecuentes, y el coste altísimo.

"Para millones de ucranianos, el reto ya no es simplemente si pueden volver a casa. Se trata de si pueden permanecer allí de forma segura y, en estos momentos, las condiciones lo están dificultando", ha declarado Arthur Erken, director regional de la Organización Internacional para la Migración (OIM) para Europa y Asia Central.

Según los últimos datos de la OIM, la intención de marcharse de nuevo es mayor entre quienes han regresado en los últimos tres meses. Las necesidades de alojamiento son considerables. Se estima que 1,45 millones de repatriados viven actualmente en distritos de primera línea, incluidos 565.000 solo en la región de Járkov.

Quienes se fueron a países vecinos, como Polonia, ven cada vez más difícil regresar. Ahora escuchan también en ciudades como Varsovia las sirenas, pero son medidas preventivas. Nada que ver con lo que sufren sus parientes en Kiev, donde ese sonido significa bombardeo.

A los que teorizan sobre lo que significa vivir en un país libre, el ministro Sybiha les dice contundente: "La idea de libertad se está defendiéndose en las trincheras de Ucrania ahora mismo. Nosotros estamos pagando el precio. Es en Ucrania donde se está defendiendo el liberalismo frente a la tiranía. El futuro de Europa y de la arquitectura de seguridad se decide en Ucrania ahora".