Quedan 190 días para la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. El presidente, Emmanuel Macron, agota lentamente su segundo mandato con la calle al rojo vivo, una situación económica incierta, y una batalla por la sucesión inquietante. Los dos aspirantes al Elíseo más extremistas, Marine Le Pen, en la derecha, y Jean-Luc Mélenchon, en la izquierda, son los que tienen más opciones de llegar a la segunda vuelta, si los candidatos más moderados no encuentran un representante capaz de movilizar a los más sensatos. En los últimos días hemos visto a los estudiantes protestando con rabia contra los recortes, y dosis de violencia preocupantes. Mélenchon ha celebrado la "nueva toma de la Bastilla", en alusión al hito que marcó el inicio de la Revolución francesa.

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La revuelta que ahora preocupa a Macron y a su primer ministro, Sébastian Lecornu, empezó el 17 de septiembre en el instituto Saint-Exupéry de Créteil, en la periferia de París. De nuevo faltaba un profesor a clase y no había sustituto, a pesar de que hay un sistema en Francia por el que hay docentes liberados disponibles para estas eventualidades. Pero la burocracia los acaba dejando en el limbo mientras los alumnos pierden el curso. Y eso pasa en asignaturas fundamentales. Lo sufren, sobre todo, los que más tienen que perder: quienes viven en las periferias.

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Los docentes protestaron por la falta de personal y los alumnos comenzaron a bloquear el centro. Pocas semanas después, la escena se había multiplicado por Francia. Las marchas desembocaron en una gran manifestación el 6 de octubre a la que se sumaron los sindicatos. Los organizadores aseguraron que fueron unos 450.000.

A pesar de los intentos de diálogo del gobierno, y sus ofertas, muy limitadas por la creciente deuda, los estudiantes se mantienen en las calles. El 8 de octubre, la plaza de la Bastilla volvió a llenarse de estudiantes. La demanda de mejoras en la enseñanza ha encontrado eco en una sociedad preocupada por el coste de la vida, el deterioro del estado del bienestar, y el hartazgo con una clase política que vive en su burbuja.

Un movimiento partidista

El historiador e hispanista francés Benoît Pellistrandi es un buen conocedor del mundo docente. Imparte clases a opositores y su esposa es profesora de español. Explica a El Independiente que los profesores eran conscientes de que este curso sería complicado. "Sabemos de la repercusión de los acontecimientos políticos en la juventud. No esperábamos que estallara tan pronto. Hay un efecto sorpresa". Ahora confían en que las aguas se calmen con las vacaciones escolares que empiezan el 17 de octubre.

A juicio del profesor Pellistrandi, "este movimiento de protesta es partidista. Es un adelanto de lo que ocurrirá si Marine Le Pen gana las elecciones. El 40% de los jóvenes se inclina por votar a La Francia Insumisa (LFI), que lidera Mélenchon. Hay una gran mayoría de jóvenes radicalizados a la izquierda. La cuestión es si esto puede dar pie a un movimiento social y político. Es cierto que estos jóvenes que estudian bachillerato expresan un malestar generalizado, confuso, pero real. Pero hay una cuestión de fondo más allá de la manipulación política". Reconoce el hispanista coincidencias con la movilización por la vivienda en España.

Deterioro de los servicios públicos

La cuestión de fondo son unos servicios públicos cada vez más deteriorados. La enseñanza era uno de los pilares de la República, facilitaba la movilidad social. Pero la falta de medios es más grave en los barrios más empobrecidos, donde suele haber más población inmigrante. Así la segregación se va perpetuando.

Faltan profesores cuando hay ausencias. También los docentes cada vez están peor pagados. El sueldo está por debajo de la media de la OCDE: en 1980 un profesor ganaba 2,5 veces el sueldo mínimo al empezar y cuatro veces al fin de su vida laboral. Ahora solo al terminar ingresa 2,5 veces el mínimo. Si a ello se suma que cada vez los alumnos les ven como referentes, el aliciente para dedicarse a la enseñanza es mínimo. Pero de la protesta no se entiende que se hayan dedicado a destrozar escuelas, incluso algunas de las mejor acondicionadas.

El efecto del caos

"A Mélenchon le viene muy bien este movimiento. Pero también favorece a Marine Le Pen, sobre todo si se impone el caos, porque hay una demanda de orden. La imágenes de institutos quemados y violencia urbana chocan a la mayoría silenciosa. Le Pen satisface esa demanda. Mélenchon corre el riesgo de aparecer como el candidato del desorden. Pero es más fuerte que él porque tiene la rabia dentro de él y tiene la capacidad de movilizar a las masas. Muchos dicen que Mélenchon sabe que no puede ser presidente y lo que quiere es el caos", señala Pellistrandi.

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Desde el 17 de septiembre, al menos 6.600 personas han sido arrestadas por las protestas, la mayoría menores de edad, y unos 700 policías y gendarmes y algo más de 200 manifestantes han resultado heridos. Hay al menos 18 investigaciones en curso por violencia policial. El gobierno ha empezado a imponer medidas como prohibir el lanzamiento de granadas aturdidoras y de gases.

Rechazo total a Macron

También hemos visto cómo el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, llegaba a justificar el uso de la violencia, aunque luego se ha retractado. El edil se ha convertido en una estrella de la protesta al empatizar con los jóvenes y secundar sus demandas. Por el contrario los manifestantes detestan a Macron y así corean: "Macron t'est foutu, le lycéens sont dans la rues", una versión de uno de los lemas de los chalecos amarillos. O bien más personal: "Macron, à 14 ans, toi tu avais Brigitte. Au même âge, eux portent les bleus causés par la République!" (Macron, a los 14 años, tú ya tenías a Brigitte. ¡A la misma edad, ellos ya tenían los moratones que les había dejado la República! Solo el 18% de los franceses le consideran "un buen presidente", según una encuesta publicada en Le Parisien.

"Necesitamos ya medidas concretas. Mientras no se pongan encima de la mesa 10.000 millones de euros, no pararemos la movilización", ha advertido a los medios franceses la portavoz de la Unión estudiantil, Sabrine Kharbach, quien habló de una lucha "histórica" que va más allá al agregar reivindicaciones de otros colectivos como agricultores. El Gobierno de momento ha puesto sobre la mesa el envío de 3.000 profesores para reemplazar a los vacantes, y excluir educación de los recortes del presupuesto. Lecornu, que acaba de cumplir un año como primer ministro, tiene poco margen de maniobra con una deuda del 120% y la presión que los bonos franceses padecen en los mercados.

Marine Le Pen, clara favorita

En el agregador de encuestas de Politico, Marine Le Pen figura como clara favorita en primera vuelta con el 33% de los votos, seguida por el ex primer ministro Édouard Philippe y por Mélenchon, casi empatados (18% y 17%). En cuarta posición aparece el socialista Raphaël Glucksmann con el 11%, aunque no está claro quién será el candidato del PS.

Este fin de semana se celebran las primarias en el partido de Glucksmann. Cinco aspirantes compiten en el proceso, que se desarrolla mediante voto electrónico: Olivier Faure, primer secretario del Partido Socialista (PS); el eurodiputado Raphaël Glucksmann; los diputados socialistas Jérôme Guedj y Emmanuel Maurel; y la ex candidata presidencial en 2007 Ségolène Royal. Si nadie logra la mayoría absoluta, habrá una segunda vuelta. Y hay un tapado, aunque esté a la vista de todos, el ex presidente François Hollande, quien no oculta sus ganas de tomarse la venganza. Macron, a quien Holland catapultó como ministro, se desentendió de él cuando se presentó la primera vez, en 2017. En todo caso, como pasa en la derecha moderada y el centro hay demasiados egos compitiendo y un gran vacío de liderazgo.

En la segunda vuelta, según los sondeos, Marine Le Pen se impondría tanto a Philippe como a Mélenchon. "Marine Le Pen suele pinchar en campaña. Sale con ventaja enorme, pero puede bajar. Mélenchon tiene la dinámica de la radicalidad. pero es una debilidad para él. Ni el centro izquierda ni el centro derecha tienen un candidato creíble con capacidad de liderazgo. Lo cierto es que el debate político gira en torno a Le Pen y Mélenchon. Hay dos jugadores de primera división y los otros de segunda B", argumenta Benoît Pellistrandi.

Fin de mandato agónico

La movilización que vemos ahora anticipa que el fin de mandato de Macron será agónico. Su adiós será trágico si finalmente le sucede Marine Le Pen. "Cuando en 2017 fue elegido dijo que iba a hacer que desaparecieran las razones para votar a la extrema derecha. Nunca fue tan alta la extrema derecha en Francia. En caso de victoria de Le Pen, estará condenado por la historia y la memoria", concluye el profesor Pellistrandi. 

Y en la calle seguirá Mélenchon, tan combativo como le hemos visto estos días. En noviembre de 2022, en una extensa entrevista concedida a la prestigiosa revista mensual La revue des deux mondes, Mélenchon reconoció: "La onda expansiva de la revolución de 1789 no se ha agotado. Sigue fecundando la actitud revolucionaria del pueblo francés y de otros pueblos del mundo". Dará la batalla para dar la sorpresa en la sucesión, y será implacable si es Marine Le Pen quien sucede a Macron.