"Colère et honte", reza el titular de Le Figaro tras el fin de semana más violento en Francia en décadas. La ira de los que ya no se sienten representados por el Parlamento y solo ven la protesta en la calle como vía para expresar su malestar. La vergüenza de quienes hacen balance de los daños y aún dan gracias por que no hubo víctimas. La oleada de manifestaciones ha recorrido este fin de semana varios países de Europa: desde Francia a Bélgica, Italia, y también Albania. En Portugal y España también hay plantes para denunciar la imposibilidad de acceso a la vivienda. Este sombrío panorama lo aprovechan grupos como Black Block, la ultraizquierda más radical, y los delincuentes, algunos vinculados a las mafias de la droga y otros a la marginalidad. Mientras tanto, se frotan las manos Donald Trump y Vladimir Putin.

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En Francia, el presidente Macron ha salido este lunes de viaje a los países del Golfo, a pesar de caos que se vivió el fin de semana. Dio su mensaje a la nación el domingo por la noche y luego rechazó la dimisión del ministro del Interior, Laurent Núñez, a quien reprocha no haber previsto el alcance de las movilizaciones, ni la infiltración de elementos peligrosos. En su alocución, Macron acusó a grupúsculos de ultraizquierda de los disturbios violentos, que se saldaron con más de 2.300 detenidos y casi mil gendarmes y policías heridos.

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Tras una reunión con el gabinete este lunes, el primer ministro, Sébastian Lecornu, anunció que se aplicarían toques de queda "parciales y localizados". Se han implantado en París, Marsella, Lyon... Son las primeras medidas junto con el refuerzo de la seguridad con vistas a las protestas convocadas para el próximo sábado 24 de octubre.

De la protesta pacífica al vandalismo

Para evitar que se repita lo sucedido el pasado sábado las autoridades francesas han de repasar a fondo qué pasó en esa jornada aciaga. Durante gran parte del día estudiantes, sindicalistas, agricultores, a los que se unieron los chalecos amarillos, se manifestaron pacíficamente. A medida que avanzó la tarde pasaron a primer plano los llamados Black Bloc, es decir, anarquistas y simpatizantes de la izquierda radical. Enmascarados y vestidos de negro, no llevaban pancartas ni planteaban reivindicaciones. Se movían en pequeños grupos, coordinando a la perfección sus acciones a través de las redes sociales. Esa es una clave a la que tendrán que estar más atentos. El objetivo: llegar a los centros de las ciudades y atacar los símbolos del poder.

En París, cuando no se topaban con unidades policiales bien equipadas en la Avenue de l’Opéra, intentaban asaltar la zona de la Asamblea Nacional, más al sur. O los alrededores del Panteón, al otro lado del Sena. Las fachadas de los hermosos edificios haussmanianos quedaron cubiertas de señales de su presencia. Por un lado, la "A" dentro de un círculo, símbolo de los anarquistas. Por otro, el acrónimo ACAB (Alle Cops Are Bastards, todos los polis son unos cabrones). También usan los números que corresponden a esas letras en el alfabeto: 1-3-1-2.

Los agentes perdieron rápidamente la orientación. No podían estar en todas partes. Unos días antes, debido a que uno de los manifestantes había resultado herido, se les había prohibido el uso de granadas de aturdimiento. No tenían suficiente munición. En general, eran muy pocos. Los alcaldes se han quejado por no contar con suficientes efectivos.

Al caer la noche los Black Bloc ya no estaban solos. Grupos de simples delincuentes observaban cómo se desarrollaban los acontecimientos. Y cuando comprobaban que la policía había perdido el control de alguna calle o barrio, comenzaba el saqueo descarado. Así, ese fin de semana, miles de tiendas y restaurantes fueron víctimas de los ladrones, a menudo todo el patrimonio de una vida de pequeños empresarios. Unos 2.000 comercios en todo el país. Los daños se elevan a cientos de millones de euros. Pero para los ladrones, el botín más valioso eran las tiendas de joyería cara, perfumes de lujo, equipamiento deportivo profesional y teléfonos móviles. Todo aquello que es fácil de vender y por lo que se puede obtener mucho dinero. Este lunes ya aparecían muchos de estos objetos anunciados en diversas plataformas.

Influencers y blogueros apoyados desde el exterior

Fédéric Martel en Radio France también apuntaba que, "según fuentes policiales y de inteligencia territorial, la movilización de los alborotadores también ha sido provocada, acentuada, acelerada o instrumentalizada por influencers y blogueros apoyados o impulsados por potencias extranjeras como Irán, Argelia y Rusia".

En ese sentido, llama la atención con qué atención siguieron en el Kremlin las protestas en Francia. Rybar, una plataforma de propaganda rusa, divulgó un mapa de Europa en el que analizaba la "estación caliente", marcada por diferentes crisis nacionales. Este escenario de caos en Europa le interesa al Kremlin. También Trump apuntó que en el caso francés todo tiene que ver con la inmigración.

Otros recuerdan que solo el papel de la mafia de la DZ puede explicar el carácter increíblemente organizado y extremadamente violento de las manifestaciones. Lo que más desconcierta es cómo el Estado francés fue incapaz de reaccionar porque nadie predijo el asalto.

Italia, esquema similar

El mismo esquema se repitió en la marcha del sábado en Milán, convocada para protestar contra el aumento del coste de la vida. Comenzó de forma pacífica, pero terminó con alborotadores enmascarados lanzando piedras, adoquines y otros objetos contra la policía antidisturbios e incendiando barricadas construidas con mesas de bar. La policía utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud.

En línea con Macron, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, dijo que, si bien manifestarse es un derecho, "incendiar nuestras ciudades no lo es". En una publicación en las redes sociales, señaló que los "vándalos" habían aprovechado las protestas "para sembrar el caos, atacar a los responsables de garantizar la seguridad y tomar como rehenes a ciudades enteras". El Ministerio del Interior ha decidido enviar a 500 soldados a Milán para vigilar las calles en los próximos días.

Albania, contra el primer ministro

En Albania, el malestar con el gobierno cristalizó en mayo por el permiso dado al yerno de Trump, Jared Kushner, para construir un proyecto turístico de lujo en un humedal protegido. Es la revolución de los flamencos.

Pero en las última semanas son los estudiantes los que han salido a las calles por el costo de los estudios y el deterioro de los centros escolares, a la vez que denuncian la corrupción del gobierno de Edi Rama. Ahora no se conforman con menos que la dimisión de Rama. Han pasado de manifestarse pacíficamente a quemar edificios gubernamentales. El domingo provocaron un incendio en el Tribunal Supremo.

Cultura del motín

¿Cómo se explica esta violencia desaforada? El politólogo Jérôme Fourquet explica en Le Parisien que se ha instalado "una cultura del motín" en el país. Diferencia dos tipos de alborotadores: los cuasi profesionales, militantes de la ultraizquierda a menudo procedentes del movimiento Black Bloc; y los vándalos, mucho más numerosos, que asisten porque ven la oportunidad de sembrar el caos.

"La calle se convierte en un gigantesco desahogo pulsional, donde la rabia se expresa, pero de manera festiva y lúdica. Para los participantes, estos motines tienen un carácter placentero y totalmente transgresor, ilustrado por la expresión muy común: ¡Vamos a joderlo todo! Se viene a buscar la adrenalina, la gran emoción y la manifestación de su omnipotencia, todo ello por un riesgo mínimo. Porque hay pocas probabilidades de ser detenido y aún menos de recibir una condena severa después. [...] Es un verdadero tema de civilización y es vertiginoso".

La rabia es el elemento que tienen en común. Y el hartazgo con una clase política con la que no se sienten representados, salvo excepciones. La Francia Insumisa de Mélenchon en Francia intenta instrumentalizar esta contestación, aunque en última instancia tendría que justificar la violencia y eso es un bumerán para cualquiera que quiera llegar al poder. La pregunta es si realmente quiere Mélenchon, o su razón de ser es la revolución por la revolución.