Después del fin de semana más violento de su segundo mandato, el presidente Emmanuel Macron se ha dirigido a los franceses en horario de máxima audiencia, en vísperas de un viaje de tres días a los países del Golfo. Previamente se reunió con el primer ministro, Sébastian Lecornu, y con el ministro del Interior, Laurent Núñez, entre otros. En una intervención de escasos nueve minutos, Macron ha reconocido que el momento es de "extrema gravedad" y requiere de la unidad de fuerzas políticas y sindicales para impedir la escalada. Ha advertido a los violentos: "Seremos inflexibles. Escuchar y dialogar no significa ni debilidad ni impunidad".

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Macron ha denunciado las acciones de "alborotadores procedentes de grupúsculos de extrema izquierda, a los que se han sumado numerosos delincuentes", a quienes acusa de haber incurrido en una "violencia desenfrenada". El presidente se ha preguntado cómo hay franceses que pueden hacer tanto daño a Francia. "Nada lo justifica", ha remarcado. Ha autorizado a los prefectos (delegados de gobierno) a prohibir las manifestaciones cuando lo consideren oportuno.

Ha diferenciado entre quienes protestan con reivindicaciones legítimas y los violentos. Ha dicho que entiende las preocupaciones de los estudiantes, y ha prometido buscar respuestas adecuadas. "Nuestra responsabilidad es doble: escuchar a los airados y entender sus motivaciones, y hacer respetar el orden republicano", ha señalado, al tiempo que ha elogiado a las fuerzas del orden, que seguirán actuando "con transparencia".

Este lunes el primer ministro va a presidir una célula de crisis para acelerar la respuesta a los damnificados. El discurso de Macron ha sido un derroche de oratoria pero sin concreción. Los franceses siguen sin saber cómo el gobierno va a restablecer el orden, y va a impedir nuevos disturbios.

Marine Le Pen: "Profunda crisis de autoridad"

Por ello, las palabras de Marine Le Pen, favorita para suceder a Macron en el Elíseo, cobran especial relevancia. Dos horas antes, Marine Le Pen ha divulgado un video en el que ha denunciado cómo "el poder macronista, agotado y desorientado, ahora parece incapaz de hacer otra cosa que comentar su propia impotencia".

Le Pen asegura que Francia vive "una profunda crisis de confianza y de autoridad que supone una amenaza para la democracia". Según la líder ultraderechista, el país se encuentra "atrapado entre la violencia y la impotencia".

Ha dicho que ella aplicaría tres principios: el principio de responsabilidad, es decir, quien causa los daños ha de hacer frente a los gastos. "La justicia será rápida y efectiva, y la sanciones se aplicarán", ha dicho. En segundo lugar, ha aludido al restablecimiento del orden republicano. "No hay libertad sin autoridad", ha reseñado. Y en tercer lugar, "la vuelta a un Estado que escucha, que responde y que decide".

En resumen, Marine Le Pen quiere dar esperanza al tiempo que promete que con ella al frente volverá el orden. Sus críticas se dirigen contra Macron y su gobierno, a quienes hace responsables de la falta de respuesta al caos. Segura de pasar a la segunda vuelta, Marine Le Pen está interesada en enfrentarse al líder de La Izquierda Insumisa porque frente a él su ventaja es más clara que si su contendiente es un representante moderado como Édouard Philippe o incluso el socialista Raphaël Glucksmann.

Curiosamente, Le Pen ha empleado el término racaille (escoria) para dirigirse a los que han causado la violencia en varias ciudades de Francia, de París a Marsella. También Nicolas Sarkozy, entonces ministro del Interior, habló de racaille cuando habló de los que sembraron el caos en 2005. Dos años después, Sarkozy ganó las presidenciales. Marine Le Pen, solo tendrá que esperar hasta la próxima primavera.