Internacional

La revuelta estudiantil desbanca al nacionalista Vucic en Serbia tras doce años de hegemonía

Aleksandar Vucic comparece en Belgrado tras su derrota en las urnas este domingo.
Aleksandar Vucic comparece en Belgrado tras su derrota en las urnas este domingo. | Marlo Djokovic / EPA / EFE

Doce años de control casi absoluto sobre los resortes del poder en Serbia han llegado a su fin en las urnas. La opositora Lista de Estudiantes, una formación nacida al calor de las masivas protestas universitarias contra la corrupción institucional y la deriva autoritaria del país, ha asestado un golpe de gracia al régimen del populista nacionalista Aleksandar Vucic al obtener la mayoría absoluta en las elecciones legislativas anticipadas celebradas este domingo. Tras una jornada marcada por una afluencia a las urnas que rozó el 70% –un nivel de movilización inédito en un cuarto de siglo–, el propio Vucic ha comparecido para reconocer una derrota inapelable que reconfigura por completo el tablero político de los Balcanes.

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Con proyecciones que sitúan a los universitarios entre los 135 y los 140 escaños de un Parlamento de 250 diputados, el actual mandatario asumió el veredicto en un discurso de tono agrio y beligerante. "Está claro que hemos perdido estas elecciones. Ganó la Lista de Estudiantes", admitió el líder conservador, de 56 años. No obstante, lejos de tender puentes hacia la transición, Vucic acusó a los vencedores de haber basado su campaña en mentiras, vaticinó que la gestión del futuro gabinete será "desastrosa" y advirtió de que su formación plantará una dura batalla desde los bancos de la oposición: "Quiero agradecer a toda nuestra gente. Tendremos 105 diputados. Lucharemos y les mostraremos qué es la oposición".

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Colapso del bloque oficialista

Según las estimaciones del instituto demoscópico Ipsos, la Lista de Estudiantes se ha hecho con 140 actas parlamentarias, frente a las 103 cosechadas por el SNS, que se deja al menos 26 diputados respecto a las elecciones de 2023, cuando revalidó una holgada mayoría absoluta. El recuento de la organización no gubernamental CeSID, con el 56% de los votos escrutados, refrenda esta misma fotografía: 139 asientos para la candidatura universitaria y 104 para los nacionalistas.

La debacle del oficialismo es todavía más profunda por el colapso de sus aliados tradicionales. El Partido Socialista, socio del SNS a lo largo de los últimos años, no ha alcanzado el umbral del 3% necesario para mantener su representación, perdiendo de golpe los 18 escaños que ostentaba. El nuevo hemiciclo queda así reducido prácticamente a un cara a cara entre los estudiantes y el SNS, con la única salvedad de los escaños reservados por ley a las minorías étnicas: tres representantes para la comunidad húngara, dos para la albanesa y uno para la bosniaca.

La maniobra política con la que Vucic forzó el adelanto electoral ha terminado por volverse en su contra. Hombre fuerte del país desde 2014 –primero como primer ministro, cargo que ocupó hasta 2017, y después al frente de la jefatura del Estado–, Vucic dimitió de la presidencia el pasado mes de septiembre con la intención de pilotar de nuevo el Ejecutivo y afianzar su hegemonía. El plebiscito personalista en el que convirtió los comicios ha sellado, por el contrario, la mayor crisis de su trayectoria política.

Explosión de júbilo en las calles de Belgrado

El agorero balance de Vucic contrastó radicalmente con la explosión festiva que inundó la capital serbia nada más confirmarse las estimaciones electorales. Miles de ciudadanos, en su inmensa mayoría jóvenes, se echaron a las avenidas céntricas entre cánticos de "¡Victoria!" y "Vucic se va, Vucic se va", acompañados de fuegos artificiales, bengalas y escenas de abrazos y lágrimas, informan para EFE Ivan Blazhevski y Antonio Sánchez Solís.

La emblemática plaza Slavija, epicentro neurálgico de las movilizaciones opositoras durante los dos últimos años, volvió a abarrotarse por completo. A escasos metros, la euforia ciudadana tuvo su reflejo simbólico en el Parque de los Pioneros, ubicado entre el Parlamento y el Palacio Presidencial. Este espacio público llevaba meses clausurado y ocupado de forma intermitente por grupos de encapuchados afines al régimen, empleados como fuerza de choque frente a las marchas cívicas. Tras conocerse el escrutinio, cientos de manifestantes derribaron las vallas perimetrales y recuperaron el recinto. "Esto significa que por fin somos libres", celebraba Elena, una estudiante de 18 años, entre la multitud. A su lado, Misha, de 23, resumía el alivio generacional: "Es tan hermoso. Las cosas van a ir mejor, van a ser maravillosas".

La jornada, no obstante, no estuvo exenta de momentos de tensión. Grupos de manifestantes se encararon con cordones policiales en las avenidas que habían sido bloqueadas horas antes por las fuerzas de seguridad; los agentes acabaron cediendo el paso y varios coches policiales fueron golpeados durante su retirada.

Pese a la impronta juvenil del movimiento, la movilización trascendió a los campus. En las celebraciones se hicieron visibles ciudadanos de mayor edad que trazaban paralelismos directos con el otoño del año 2000, cuando la revuelta popular puso fin al régimen de Slobodan Milosevic –de quien el propio Vucic fue ministro de Información en los estertores de la guerra de Kosovo–. "Esperamos un futuro europeo, con todos nuestros vecinos. Vivir en paz", señalaba Bojan, de 48 años, aludiendo a aquel hito histórico. La afluencia electoral, cercana al 70%, ha rozado precisamente el récord registrado hace veintiséis años en aquellas elecciones que desembocaron en el derrocamiento de Milosevic.

Novi Sad, el detonante de la revuelta

El origen del tsunami político que ha desalojado al SNS se sitúa dos años atrás, en la tragedia de la estación ferroviaria de Novi Sad, al norte de la capital. El derrumbe del voladizo del edificio causó la muerte de 16 personas apenas meses después de que las instalaciones hubieran sido sometidas a una profunda remodelación a cargo de consorcios empresariales chinos, articulada a través de contratos estatales completamente opacos.

Lo que nació como una exigencia ciudadana de responsabilidades técnicas y judiciales derivó con rapidez en una impugnación total al sistema. Las sospechas fundadas de negligencia y cobro de comisiones conectaron con un profundo malestar larvado durante años por el deterioro del Estado de derecho, la falta de transparencia en las licitaciones públicas y el control férreo ejercido desde el Gobierno sobre el panorama mediático. Aquellas concentraciones iniciales se convirtieron en un movimiento nacional de resistencia que finalmente cuajó en la plataforma electoral de los universitarios.

Al frente de esta corriente se han situado perfiles de la sociedad civil y del ámbito académico que han logrado articular el descontento transversal de la sociedad serbia. El académico Radomir Saičić, una de las figuras de referencia de la candidatura, definía los resultados de este domingo como "una victoria del coraje sobre el miedo, una victoria de la esperanza sobre la indiferencia, una victoria de la fe en que Serbia puede y debe ser diferente".

Por su parte, el cardiólogo Ilija Srdanović, número uno de la lista estudiantil y previsible encargado de encabezar el nuevo Ejecutivo, marcó las líneas maestras de la etapa que se abre para el país balcánico: "Construiremos una Serbia mejor, por el bien de nuestros ciudadanos, y para unas mejores relaciones con nuestros vecinos y con toda la comunidad internacional".

Fin a una década de equilibrios autoritarios

La victoria de la oposición clausura una etapa de doce años caracterizada por un pragmatismo autocrático en el que Vucic supo rentabilizar la posición geográfica de Serbia. Durante su mandato, el país vio cómo se degradaba de manera sistemática su puntuación en los índices de Transparencia Internacional, al tiempo que las instituciones comunitarias advertían de forma recurrente sobre la erosión de las libertades democráticas y la independencia judicial.

El proceso de adhesión a la Unión Europea, iniciado en 2012, quedó prácticamente congelado mientras Belgrado tejía una densa red de alianzas alternativas: China se consolidó como el segundo mayor inversor del país, únicamente por detrás de los socios europeos, se preservó una estrecha sintonía con Moscú para garantizar el suministro del gas ruso del que Serbia es altamente dependiente y se cultivaron cálidos lazos con el expresidente estadounidense Donald Trump.

Con una cómoda mayoría parlamentaria en sus manos, la Lista de Estudiantes asume el reto mayúsculo de articular una administración sin experiencia previa de gobierno, depurar las responsabilidades pendientes en la gestión de infraestructuras y reconstruir la credibilidad institucional de un país que ha decidido poner punto final a su etapa más prolongada de poder personalista.

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