El Tribunal Constitucional se encuentra en Varsovia en la Avenida Szucha. El edificio está enfrente del actual Ministerio de Educación. Allí instaló su sede la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial. En aquel tiempo estaba cerrado el acceso. Ahora también. En este escenario se ha librado el último episodio de un choque institucional que se remonta a 2015 y que ha tenido varias etapas. La batalla política entre la Polonia liberal y proeuropea con la Polonia ultranacionalista y euroescéptica se ha canalizado en el control del Tribunal Constitucional, en la práctica invalidado desde que llegó al poder la coalición que lidera el liberal Donald Tusk en 2023.
El viernes por la noche las imágenes del despliegue de policías antidisturbios en torno a la sede del Tribunal Constitucional llamaron la atención internacional. El primer ministro ordenó que protegieran el edificio, ya que la juez de más larga trayectoria, Anna Korwin-Piotrowska, había suspendido temporalmente al presidente del Constitucional, Bogdan Święczkowski, nombrado por el anterior gobierno del PiS, por impedir a los nuevos jueces designados por el actual Sejm (Parlamento) empezar a desempeñar sus tareas.
Con estos ochos nuevos jueces, que sustituyen a aquellos cuyo cargo ha llegado a su fin, pasaban a ser minoría los designados por el PiS. Por eso, el presidente, Karol Nawrocki, afín al PiS, puso pegas a cinco de ellos, y se negó a estar presente en su juramento. Aún así lo hicieron. Pero a la hora de empezar a trabajar se encontraron con impedimentos del presidente del Constitucional, que fue anteriormente jefe de la Agencia de Seguridad Interna y fiscal nacional durante el gobierno del PiS. El ministro de Justicia, Waldemar Żurek, suspendió la inmunidad a Bogdan Święczkowski y a su número dos. Como preveía el gobierno, Bogdan Święczkowsk intentó burlar la orden y entrar en el edificio, donde se han atrincherado los nuevos jueces.
Kaczyński y sus amistades peligrosas
Desde que juraron los nuevos jueces, el líder del PiS, Jarosław Kaczyński, ha alentado a sus seguidores a concentrarse ante el edificio del Tribunal Constitucional. El sábado 17 de octubre se manifestaron allí unas 4.000 personas procedentes de diversas partes del país. Entonces Tusk se dio cuenta de que el alcance de la protesta en realidad era un fracaso para el PiS, que en las encuestas va perdiendo apoyos.
El PiS, que fue el partido más votado en 2023 aunque no logró suficiente respaldo para formar gobierno, ahora ronda el 20%. El bloque conservador está más fragmentado que nunca: más a la derecha del PiS está Konfederacja (liberal en economía), la Confederación de la Corona Polaca del antisemita Grzegorz Braun, y más en el centro la nueva formación del ex primer ministro Mateusz Morawiecki.
Todos ellos se han colocado contra Donald Tusk y su intervención para recuperar el control del Tribunal Constitucional, sin que eso signifique que vayan a confluir electoralmente. Les coloca ante una encrucijada al tener que definirse. En realidad, Braun es un apestado, sobre todo para Morawiecki. Y la foto de Braun con Kaczyński es demoledora y un regalo para Tusk.
Cuenta atrás para un 2027 al rojo vivo
Donald Tusk y Jarosław Kaczyński son los dos principales protagonistas de esta batalla por el control del Constitucional, antesala de lo que serán las próximas legislativas de 2027. Los dos buscan movilizar a sus fieles. La polarización es máxima, como se ha comprobado este fin de semana.
Para Tusk fue clave la movilización de sus fieles y otros ciudadanos más a la izquierda, hartos de las políticas del PiS. Busca repetir esa gesta al plantarse frente a ese llamamiento velado al Polexit que hizo esta semana Kaczyński, o al defender el estado de Derecho en esta pugna por el Constitucional. En su intervención en televisión, fue tajante: "No vamos a ceder ante la ilegalidad y la violencia". Sin mencionarle, retrató al presidente Nawrocki como un abusón que intenta imponerse por la fuerza. En un video pudo verse al presidente forcejeando a empujones con la juez Korwin-Piotrowska para poder entrar al recinto.
Las formas en cómo se ha recuperado el control son discutibles, según la mayoría de los juristas. Pero el fondo es indiscutible: en un comunicado, varios ex presidentes del Constitucional de Polonia, Marek Safjan, Andrzej Zoll, Jerzy Stępień y Bohdan Zdziennicki reprocharon al presidente de la República su bloqueo. Es el Sejm el que tiene la facultad de nombrarlos. Así lo ratificó también previamente la Comisión de Venecia. La Comisión Europea ha defendido al primer ministro, Donald Tusk, en esta disputa.
La pugna por el control del Constitucional ya comenzó en 2015, y entonces fue Plataforma cuando nombró varios jueces cuando ya se terminaba su legislatura, después de haber perdido el poder. Posteriormente, se echaron atrás y lamentaron el error. El PiS, tras dejar el poder, se aferró al control del Constitucional, de tal forma que esta instancia quedó invalidada en la práctica. El gobierno prefirió esperar a que los jueces fueran cumpliendo sus mandatos para proceder a sus relevos. En marzo fue cuando el Sejm designó a ocho que tenían que ser sustituidos. Como en total son 15, quedarían en minoría los designados por el gobierno anterior.
El polémico papel del presidente Nawrocki
Entonces intervino el presidente, Karol Nawrocki, quien está perfilándose como aspirante a suceder a Kaczyński, de 77 años, como líder del PiS. Hay que tener en cuenta que Polonia no es una república presidencialista, si bien el presidente se elige por sufragio universal. Pero sus poderes están limitados, precisamente para evitar tentaciones autoritarias. Y eso fue idea de Adam Michnik en tiempos de Lech Wałęsa.
Ya con el anterior presidente, Andrzej Duda, la dinámica fue todo lo contrario a la colaboración con el gobierno de Tusk cuando asumió, en diciembre de 2023. Por eso era muy importante para Tusk que el sucesor de Duda fuera un candidato propuesto por Plataforma Cívica. Por un margen escaso, sin embargo, el liberal Trzaskowski, alcalde de Varsovia, perdió en la primavera de 2025 frente a Nawrocki, un historiador sin trayectoria política.
Kaczyński, con un olfato político excepcional, ya fue quien descubrió a Duda, que partió con todos los pronósticos en contra frente a Bronisław Komorowski, que era el presidente. Con Nawrocki volvió a acertar. Al votante del PiS le entusiasmó ese hombre de complexión fuerte y trato campechano.
La última batalla entre Tusk y Kaczyński
Aunque queda algo menos de un año para las legislativas, tanto Tusk como Kaczyński están ya calentando motores. Los dos son unos animales políticos extraordinarios. Llevan siendo protagonistas de la lucha política en Polonia desde el ingreso del país en la Unión Europea, hace más de dos décadas. Polonia se ha transformado en una economía de éxito, hasta tal punto de que ha sido invitada este fin de semana a participar en el G20 en Atlanta, donde estuvo el ministro polaco de Exteriores, Radoslaw Sikorski.
Para disgusto de los nacionalpopulistas, y sobre todo de Nawrocki, que presume de buena relación con Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, elogió la trayectoria económica y de defensa de Polonia ante Sikorski, a quien se le ve como un eventual sucesor de Tusk.
El movimiento en el Constitucional tuvo lugar el viernes, víspera de uno de los puentes más festivos en Polonia. Todo el mundo se traslada a sus lugares de origen para rendir homenaje a sus difuntos. "Somos pocos porque la gente está en los cementerios. Yo soy un patriota polaco que no quiere que los comunistas impongan su voluntad. Espero que Tusk entre en razón. Si no, habrá enfrentamientos", nos decía el sábado Zbigniew, de 66 años, procedente de Siedlce.
Según afirna el politólogo Rafal Chwedoruk, en Gazeta Wyborcza, "el problema es que el tema del Constitucional solo es comprensible para un número reducido de votantes, que no necesitan ser convencidos de todos modos. Lo que parece es que la función principal del planteamiento de Tusk, lo que se trasladó en su discurso, es empezar a movilizar al electorado de Plataforma".
Está claro que Donald Tusk eligió la fecha intencionadamente. Primero vio que los fieles a la causa del PiS con el Constitucional no eran tantos. Luego decidió que había que dar un golpe de timón, para demostrar carácter de cara a los votantes. El presidente estaba de camino a Senegal y dio la vuelta, mientras un coro de ultraderechistas lanzaba en redes la idea de que se estaba dando un golpe de Estado. Lamentablemente para Kaczyński y Nawrocki se hizo eco del mismo mensaje Dmitri Medvedev, uno de los halcones del Kremlin. Es decir, la ultraderecha francesa, con Marine Le Pen y Jordan Bardella, al frente, junto con Medvedev como aliados, dibuja un escenario ideal para Donald Tusk.
Te puede interesar