Las televisiones de Estados Unidos y las principales redes sociales emitieron en horario de máxima audiencia en la costa Este de EEUU, madrugada en España, el encuentro más esperado de la campaña presidencial 2016: el primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. Unas 180 millones de personas han seguido este encuentro crucial en la campaña de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Había grandes expectativas sobre lo que los candidatos podían presentar, sobre el tono del enfrentamiento personal entre Trump y Clinton, tras los debates de las primarias, y sobre quién ganaría y podría despuntar en las encuestas. Finalmente, el encuentro ha sido moderado, sin choques de trenes, pero han faltado las propuestas, lo que más esperan los ciudadanos, especialmente los indecisos.

A seis semanas de las elecciones y con un empate técnico entre Clinton y Trump, según la última encuesta publicada por Bloomberg, el mismo día del debate todavía parte de la población de Estados Unidos no sabe a quién va a votar. Grupos de votantes clave, como los independientes o los millennials, esperaban escuchar en el debate ideas más claras, planes de acción del candidato republicano y la candidata demócrata, y la hoja de ruta de las personas que aspiran a ser presidente de la nación. Pero tanto ellos, como los ya convencidos, tendrán que esperar al segundo encuentro previsto para el día 9 de octubre porque el debate ha sido muy contenido (un dato que hay que tener muy en cuenta cuando Donald Trump es uno de los protagonistas).

Los ataques personales ocuparon gran parte de los 90 minutos sin publicidad que duró el encuentro. Hillary Clinton acusó a Trump de mentir en varias ocasiones, de no publicar su declaración de la renta (ampliamente cuestionada desde que oficializó su candidatura en junio de 2015) y le recordó cómo ha tratado de forma despectiva a las mujeres durante toda su campaña. Trump presentó a su oponente como una “típica política” que dice mucho y hace poco, y le embistió con uno de los temas que más daño puede hacer a Hillary Clinton: la polémica con los miles de correos electrónicos que envió desde su cuenta oficial cuando ocupaba su cargo de secretaria de Estado durante la Administración Obama. Le propuso a Hillary Clinton hacer pública su declaración de la renta a la vez que ella desvelara sus correos. Clinton estaba lista para afrontar esta cuestión y reconoció el error. Su entrenamiento se notó.

Hillary Clinton se permitió el lujo de dirigirse a su oponente por su nombre de pila: Donald

Durante todo el debate Hillary Clinton estuvo calmada, dando respuesta a todo lo que se le preguntaba de forma contundente, y riéndose de forma irónica ante algunos ataques de Trump, quien intentó dejarle en ridículo en varias ocasiones. Incluso se permitió el lujo de dirigirse a su oponente por su nombre de pila. Al tercer «Donald» del debate las redes sociales no pasaron este detalle por alto y lo interpretaron como una forma de intentar poner nervioso al republicano. Su golpe maestro fue cuando reconoció que se había preparado «para el debate y también para ser presidenta». En líneas generales, ha sido un buen debate para Clinton (aunque podría haber demostrado mucho más) y se ha mostrado como la candidata más presidenciable de los dos.

Donald Trump, del que se esperaban gritos, descalificaciones y, siguiendo el patrón de anteriores debates, incluso algún insulto, sorprendió al público por su tranquilidad, rota en varias ocasiones, pero sin llegar a los niveles vistos durante las primarias. Su primera media hora fue muy buena, en ella explicó qué quería hacer para aumentar la prosperidad del país y cómo quería hacerlo. Pero una vez terminado este bloque comenzó a interrumpir a Clinton y al moderador, y a alzar su mano y su dedo índice, en uno de sus gestos más peculiares. Intentó desmentir algunas frases que se le atribuían (con poco éxito ya que los fact-check, que en directo comprueban si los candidatos dicen la verdad o mienten estuvieron a pleno rendimiento). Trump mostró una nueva cara, sin lograr vencer a Clinton, según las primeras encuestas publicadas minutos después de terminar el debate.

En cuanto al resto de elementos que ambientan un show político de estas características hemos visto de todo. El debate arrancó unos minutos tarde, previsto para las 21h en Nueva York, 3 am en España, debido a algunos problemas técnicos pero las principales cadenas ya habían conectado con la Universidad de Hosftra (Nueva York). Antes de que salieran los protagonistas a escena, las redes y  las televisiones se fijaron en el saludo entre el ex presidente Bill Clinton y Melania Trump, cuando accedían a sus asientos.

El moderador, Lester Holt, presentador de Nightly News de la NBC, era la primera vez que se enfrentaba a un debate presidencial y, aunque se esperaba más acción por su parte, estuvo totalmente ausente. No sé sabe si por precaución para evitar un escrutinio negativo por parte del público o por inexperiencia, Holt se ha limitado a pedir al público que se callara en un par de arranques de aplausos, ya que no estaba permitida reacción alguna de la audiencia. Simplemente ha enunciado los seis bloques, y si era necesario interrumpía levemente a los candidatos, algo que a Trump parecía molestarle.

Ni una palabra sobre la cuestión migratoria. Nada sobre la propuesta de Trump de construir un muro en la frontera con México

Los temas, a pesar de tener una lista ya establecida, han sido muy variados. Los candidatos han abordado asuntos como la economía y los salarios, la guerra de Irak, su historial personal, sus familias, la partida de nacimiento del presidente Barack Obama, la cuestión racial y el control de armas. Pero llama la atención de lo que no se ha hablado: ni una palabra sobre la cuestión migratoria. Nada sobre la propuesta de Trump de construir un muro en la frontera con México (aunque el candidato nombró a este país cinco veces en los primeros minutos del debate). Sin referencias a la comunidad hispana, electorado clave en las elecciones del próximo 8 de noviembre.

Y como viene siendo habitual en un encuentro de este tipo desde hace varios años también se vivió el «otro debate» en las redes sociales, en las que periodistas, asesores, ciudadanos y miembros de los equipos de campaña de Trump  y de Hillary comentaban todo lo que ocurría en el escenario.

En definitiva, se esperaba un debate histórico entre la primera mujer y el primer outsider de la política que aspiran a ocupar el Despacho Oval. Sin embargo, hemos visto un encuentro a ratos tedioso, sin propuestas ni ideas. Las próximas citas clave de este ciclo electoral son el día 4 de octubre, con el primer y único debate entre los candidatos a vicepresidente, el demócrata Tim Kaine, y el republicano Mike Pence, y el día 9, con el segundo de los tres debates presidenciales. Confiemos en que se dejen de lado los ataques y tanto Clinton como Trump trabajen en sus estrategias para demostrar por qué merecen el voto de los ciudadanos para llegar a ser presidentes de Estados Unidos.

Inés Royo es investigadora de The Hispanic Council.