José María Aznar ha sido el político más importante del centro derecha español desde la muerte de Franco. Más que Fraga. Sí, porque el León de Villalba -como se le conocía- logró conformar a una derecha hija del franquismo (AP), pero que, precisamente por ello, no servía como alternativa de poder al PSOE ahormado por Felipe González.

Aznar, contra todo pronóstico, rompió el techo de Fraga y logró llevar al PP al triunfo en 1996 y a una inimaginable mayoría absoluta en 2000.

Es decir, logró que una parte importante de la sociedad española asumiera que existe un espacio de centro derecha no franquista. Ésa fue una operación política de altura que supuso, al mismo tiempo, la refundación del partido.

El ex presidente del Gobierno es, por encima de todo, un hombre de partido. Sabe lo importante que es tener detrás una organización potente. En el pecado lleva la penitencia, porque ese gigante político que creó no sólo se sustentó en el entusiasmo de sus cientos de miles de militantes, sino también en oscuras operaciones de financiación para las que dejó las manos libres a Álvaro Lapuerta y a Luis Bárcenas, entre otros.

Rajoy es un heredero político de Aznar. Tanto, que fue elegido a dedo por él para que le sucediera como cabeza de lista del PP en las trágicas elecciones de marzo de 2004.

Aznar sabía lo que hacía. Dejó al margen a su amigo Rodrigo Rato, tal vez porque pensó que el ex ministro de Economía y Hacienda tenía su propia agenda y, por tanto, podía volar por sí sólo. También orilló a Jaime Mayor Oreja, porque creía que daba al PP un tono demasiado alineado con una derecha dura. Es decir, optó por el que pensaba que tenía menos perfil de los tres, por el que creyó que sería el mejor guardián de su legado político.

Aznar quiere influir desde fuera en el PP, pensando en dar sustento ideológico al partido y en un nuevo líder, que podría ser Núñez Feijóo

Pero Rajoy no tardó mucho en despegarse de la tutela de su mentor. A partir de 2008 creó su propio equipo y marcó sus prioridades. El líder del PP no llegó a la presidencia del Gobierno en 2011 por ser un ideólogo, un líder carismático, sino como la tabla de salvación para un país que iba directo al precipicio.

La ruptura entre Aznar y Rajoy no ha sido, por tanto, un divorcio express, sino que ha sido la consecuencia lógica y natural de un distanciamiento que ha tenido su flujos y reflujos. Recomiendo leer a Victoria Prego, José Antonio Zarzalejos y Lucía Méndez, para tener un cuadro completo sobre este asunto.

Pero ahora la pregunta es: ¿qué va a hacer Aznar? Una persona cercana al ex presidente, Cayetana Álvarez de Toledo, apunta en El Mundo a «un nuevo centro derecha español» con los «atributos del primer Sarkozy«. ¿Está insinuando la creación de un nuevo partido?

Es posible que en el entorno del ya ex presidente del PP haya gente que abogue por crear una nueva organización que defienda con mayor entusiasmo la unidad de España, la bajada de impuestos o la lucha contra el terrorismo yihadista, pero dudo de que Aznar tenga esa idea en la cabeza.

Como hombre de partido, sabe bien lo que supone montar una alternativa con opciones reales de poder. Ya existen ejemplos como para pensárselo dos veces: Vox, UPyD, etc.

Es un paso táctico. No piensa en el Congreso de febrero, que será un paseo militar para Rajoy, sino en el próximo

Además, Aznar sigue pensando en el PP como en su partido. Por tanto, el movimiento del ex presidente hay que interpretarlo de otra forma. Es un paso táctico. Desde FAES, como un centro de ideología, reflexión y pensamiento, tratará de influir en el PP, intentará darle un armazón ideológico del que ahora, en su opinión, carece. Influencia que no sólo se circunscribirá a los aspectos programáticos, sino también a las personas. Aznar no piensa en el Congreso de febrero, que será un paseo militar para Rajoy, sino en el próximo.

Aznar jugará sus bazas y da vueltas ya a quién mejor puede sostener unos principios que él cree que deben cohesionar a un partido al que ahora sólo mantiene unido el poder. Núñez Feijóo podría jugar ese papel, si es que el presidente de la Xunta se deja, naturalmente.

Aunque a su lado tiene grupos que le apoyan (como Libres e Iguales), e intelectuales de peso, como Mario Vargas Llosa, y tampoco le falte financiación (algunas empresas españolas y latinoamericanas siguen aportando dinero a la FAES y al Instituto Atlántico), Aznar puede correr el riesgo de cometer el mismo error que su admirado Sarkozy.

El paso del tiempo no perdona y la historia, como decía Carlos Marx en El 18 brumario de Luis Napoleón, nunca se repite dos veces de la misma forma. Aznar tiene todo el derecho del mundo a dar su opinión, a intentar marcarle el paso al PP, a promocionar un candidato a su gusto para que ocupe el puesto de Rajoy… Pero tiene que ser consciente de que sus posibilidades de éxito dependen directamente de los posibles fracasos del actual Gobierno. El primer test lo vamos a tener en Cataluña. Y la primera víctima de esta guerra interna puede ser Soraya Sáenz de Santamaría. O no.