No. La polémica pública no beneficia a Podemos. Y, sobre todo, a su líder. El pulso interno en el partido ha dañado la imagen y el prestigio de Pablo Iglesias. La consulta sobre el sistema de votación de cara al Congreso de febrero reveló que Íñigo Errejón, su número dos, le pisa los talones, que las diferencias entre ambos, en términos cuantitativos, son mínimas. Pero después, tras los mensajes pacificadores y de unidad, llegó la defenestración de José Manuel López (ratificada hoy en la Asamblea de Madrid) y cuyas causas han sido explicadas por su sucesora, Lorena Ruiz-Huerta, en una entrevista a eldiario.es: «Defiende un modelo más vertical, tecnocrático y subordinado al trabajo institucional».

La decisión de Ramón Espinar de prescindir de López (las causas de su caída servirían para borrar de un plumazo a todo el errejonismo) levantó una oleada de protestas de conocidos errejonistas en las redes sociales, contestadas por el inner circle de Iglesias (Montero, Mayoral, Echenique) con un hashtag suficientemente explícito: #IñigoAsíno. La disputa, según la interpretación de la mayoría de los medios, a quien más ha perjudicado ha sido al secretario general de Podemos. Entonces, llegó el comandante y mandó parar.

El vídeo de Iglesias revela toda una concepción de la política, que le retrata como un populista químicamente puro

El vídeo lanzado en su cuenta de Twitter por Iglesias, con el fin de «contener» las disputas internas en público, revela toda una concepción de la política, que le retrata como un populista químicamente puro. Se apoya el líder de Podemos para difundir su mensaje en un vídeo grabado con anterioridad al que se ha superpuesto un mensaje de whatsapp enviado por Teresa Torres, que se presenta así misma como «la abuela de Podemos». La pieza no tiene desperdicio. Teresa -el pueblo- le pide a Pablo -el líder- que se «dejen de líos», que no hay por qué dar tres cuartos al pregonero con peleas internas sin sentido. Eso sí, ella deja bien claro quién debe mandar en Podemos: «Indiscutiblemente, Pablo Iglesias es el líder. Tiene esa fuerza, ese poder…». Queda un poco raro que en un mensaje que, supuestamente, se remite a una persona se hable de ella en tercera persona, como si se supiera que iba a ser posteriormente transmitido urbi et orbi por su destinatario.

La abuela de Podemos concluye su alocución con una confesión de principios: «Podemos es mi partido, soy yo y mi familia». «El partido lo es todo, y fuera del partido no hay salvación posible», decían los viejos comunistas. En un corte posterior, Teresa Torres remacha: «Mi marido y yo sabemos que eres el que tiene que estar» (dirigiéndose, naturalmente, a Iglesias).

Iglesias se despide como «vuestro secretario general»: la petición de cese de hostilidades es una sugerencia, es una orden

Pertrechado en el whatsapp de Teresa, el líder de Podemos, desde la atalaya del que se sabe indiscutible, a imagen y semejanza de Hugo Chávez, como un pequeño aprendiz de Fidel Castro, hace acto de contricción. «Perdonadme por haceros pasar esta vergüenza», lamento que se repite como una letanía a lo largo de su larga y lacrimógena carta (a Teresa le ha confesado que también lloró con su watsapp), lectura que se ameniza con imágenes de manifestaciones y concentraciones multitudinarias en las que él siempre está presente. «Os pido que os contengáis… Se lo debemos a Teresa».

En el montaje audiovisual, no se ha dejado nada a la improvisación. Cuando se despide, Iglesias no lo hace como «compañero Pablo», sino como «vuestro secretario general». Por si alguien tenía alguna duda de que la petición de cese de hostilidades no se trata de una sugerencia, sino de una orden.