Mario Jiménez fue el hombre que Susana Díaz puso en la Gestora socialista como su hombre de confianza, el representante de su larga mano en Madrid. Pero el número dos de la dirección provisional del PSOE ha ido creciendo en notoriedad y su prestigio se ha incrementado muy considerablemente desde aquel desdichado día de octubre en que tuvo lugar aquel célebre Comité federal que despeñó a Pedro Sánchez. Y eso ha sido así porque en su calidad de portavoz de la Gestora ha hecho un excelente papel. Jiménez, junto a Javier Fernández ha ofrecido durante estos meses la cara más inteligente, reflexiva y sensata que se le ha visto al PSOE en mucho tiempo. Impresión que quedó corroborada ayer cuando presentó el documento base sobre el que habrá de trabajar el equipo de Eduardo Madina para elaborar la ponencia que se discutirá y enmendará en el Congreso de mayo.

Fue un alivio escuchar los planteamientos expresados ayer por Jiménez  cuando explicó que el PSOE aspira a promover unas instituciones fuertes porque ellas son la garantía que impedirá el avance del «populismo destructivo que pretende debilitar nuestro sistema democrático». Naturalmente, el portavoz de la Gestora socialista se esforzó por situar a su partido en medio de lo que él calificó como la amenaza que representa el «inmovilismo» del PP y la que supone un partido como Podemos que a lo que aspira es «romper con elementos fundamentales como el pacto constitucional de 1978» además de renegar de las instituciones.

Evidentemente, y aunque Jiménez las plantee por necesidad de su discurso como dos amenazas equivalentes no lo son ni de lejos porque pertenecen a dos categorías muy distintas: una puede ser una opción polítca de gestión de los asuntos y la otra es una enmienda a la totalidad del sistema existente. Pero el hecho de que los actuales dirigentes del PSOE hayan identificado con tanta claridad el peligro que supondría el éxito de las fuerzas podemitas y su determinación, por lo menos de momento, de enfrentarse  a ese movimiento destructivo poniendo de nuevo en pie a un partido socialista fuerte que, atención, tiene que «enriquecerse en sus direcciones y sus cuadros con el mayor talento posible» demuestra que el PSOE puede haber encontrado por fin el camino que le lleve a la relevancia política en España. Y lo que sonó a muchos como música celestial fue la afirmación del documento presentado según el cual se quiere buscar un»partido más abierto», que se rija por los principios de «mérito» y «capacidad». Amén a eso.

No es Jiménez el autor del texto que servirá de base para posteriores discusiones dentro del PSOE, pero sí ha sido quien ha puesto voz a esas atinadas reflexiones y quien, en definitiva, ha encarnado ante la opinión pública una actitud y un propósito político que devuelve a ese partido la solidez y la dignidad perdidas. Una pérdida de la que por cierto, también se ha hecho eco el documento cuando habla de  la «profunda crisis interna y la áspera pugna política que ha transmitido a la sociedad preocupación y enfado» con el «telón de fondo del modelo de partido y la democracia interna» en el seno del PSOE.

En definitiva, y dado que es seguro que Fernández no va a estar disponible más allá de sus actuales responsabilidades en Asturias, Mario Jiménez se ha destacado como uno de esos políticos socialistas que tienen en la cabeza ideas y voluntad de servicio a la población además de a su partido. Es decir, algo más que planes estrictamente personales de ascenso en el escalafón. Pero en este último aspecto, el de su futuro junto a, o sucesivo a, Susana Díaz, resulta que su paso por este martirio de la gestora lo ha situado en el radar de los políticos que podrían ocupar muy bien el puesto de la actual presidenta de la Junta en el caso de que ella se decidiera a dar el paso hacia la secretaría general y abandonar su puesto a frente del gobierno andaluz. Ahora bien, no es probable que Jiménez se plegara a jugar el rol del secundario que le guarda la silla a la jefa por si necesita volver. Este señor, que además de ser portavoz de la Gestora del PSOE, es portavoz del grupo socialista en el Parlamento de Andalucía, tiene entidad suficiente para jugar un papel satisfactorio y eficiente al frente de la Junta. Si aspira a dejar de ser el eterno acompañante, estaría muy puesto en razón.