«París bien vale una misa», dicen que pudo decir, aunque no es seguro,  Enrique IV, rey de Francia, que cambió sin problema varias veces de religión según convino a sus necesidades y sus circunstancias y que para ceñir la corona francesa quizá pronunció esta frase que, en cualquier caso, cuadraba perfectamente con su pensamiento. Eso mismo es lo que le pasa a Montoro con los independentistas de PDECat, que antes de profesar su fe en la secesión era el partido conservador que siempre había acudido al rescate de los distintos gobiernos, no sólo para aprobar los presupuestos generales en cada legislatura sino para hacer aportaciones muy interesantes a la legislación, también económica, de nuestro país.  Y como necesita pero no puede obtener los votos que un Partido Socialista en barbecho y en estado de espera no le puede y no le quiere proporcionar, el ministro de Hacienda recurre a sus antiguos socios de votación y ahora, en el caso de los catalanes, férreos adversarios políticos.

No es descartable que Montoro llegue a algún acuerdo con los diputados comandados por el procesado Homs

Pero a los independentistas catalanes les interesa tanto como al PNV que las cuentas del Reino de España estén aprobadas a tiempo. Así que, aunque a cambio de sus ocho votos reclamen contrapartidas que nunca serán relativas a su fantasía independentista porque ya saben que el Gobierno nunca va a jugar a eso, no es descartable que el ministro llegue a algún acuerdo con los diputados comandados por el procesado por el Tribunal Supremo, Francesc Homs. Lo cual deja en evidencia lo profundamente que corren por el subsuelo las corrientes que nos conducen a todos por los mismos caminos y hacia los mismos objetivos. En  definitiva, lo frívola y superficial que en la marcha de España resulta esa  reivindicación independentista que los gobernantes de Cataluña enarbolan con el único propósito de mantenerse en el poder a base de excitar la fe de sus seguidores y traducirla luego en votos en las próximas elecciones autonómicas, y lo sólida y permanente que es esa corriente que nos une por debajo.

No se sabe si los independentistas de PDECat decidirán finalmente ofrecer sus votos para que el Gobierno salga airoso del trance pero el sólo hecho de que Montoro se haya reunido con Ferran Bel y que la negociación continúe permite a Mariano Rajoy vender su mensaje de que está dispuesto a tratar con los representantes del Gobierno catalán todos los asuntos concretos. Todos menos uno.  Y a los independentistas les conviene también no romper todos los lazos con el Gobierno y con el Partido Popular porque de eso depende que obtengan ventajas que necesitan, como puede ser la recibida ayer  con motivo de la composición de la muy delicada Comisión de Secretos Oficiales, donde el PP ha votado a favor de que no sólo ERC, sino incluso PDeCat, que no tiene grupo parlamentario propio, formen parte de ella.

Los de Albert Rivera han tenido que aprender aprisa que, en materia de cuentas, todo es bueno para el convento

Pero ahora el momento político, de choque público pero leves acercamientos no tan públicos como discretos, o incluso secretos, podría incluso permitir que los diputados de Homs constituyan una llamada Agrupación Parlamentaria, que no tiene las prerrogativas de un grupo pero que les permitiría disponer de más tiempo en sus intervenciones, cosa que necesitan tanto como el aire que respiran porque han perdido cualquier atisbo de presencia pública y de notoriedad parlamentaria. Y en ese sí es no es que están protagonizando los independentistas con el Gobierno hay que inscribir los  frecuentes contactos de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría con el líder de ERC, Oriol Junqueras, y la participación de representantes del Gobierno catalán en las comisiones de Mercado Único y de Dependencia que se decidieron en aquella Conferencia de Presidentes Autonómicos que presidió la vicepresidenta acompañada por el ministro Montoro con la publicitada ausencia del presidente Puigdemont.

En estos asuntos tocantes al dinero, las exigencias iniciales de  Ciudadanos de no acordar nada con partidos que defiendan la autodeterminación, y eso incluye a los catalanes y por supuesto al PNV, se han convertido en papel mojado en cuanto el Gobierno ha tenido que remangarse para superar la limitación que le supone estar en minoría en el Parlamento. Y los de Albert Rivera han tenido que aprender aprisa que, en materia de cuentas, todo es bueno para el convento.