Picasso decía que cuando llegue la inspiración, mejor que te pille trabajando. Sin embargo, en mi caso, es cuando monto en bicicleta cuando consigo algo de creatividad o se me ocurren temas sobre los que escribir en estos artículos quincenales o en otros trabajos de ficción. Afortunadamente, no me da por pintar sino por escribir, y, puedo grabar notas de voz con lo que se me va ocurriendo mientras pedaleo. Hoy venía pensando en la reconversión industrial que ha sufrido el sector bancario en nuestro país y en la menor repercusión que ha tenido en la opinión pública comparado con lo que ha pasado en otros sectores como la minería, siderurgia o pesca.

Entre 2009 y 2016 la banca española suprimió 82.285 empleos. Se dice pronto, el 30% de su plantilla. En cuanto a oficinas, cerraron 17.019, el 40% de las que existían previamente. Sin embargo, a nivel social no existe una percepción precisa del drama que ha sufrido el sector.

Sólo los empleados del mismo lo comentan sin levantar demasiado la voz. La razón es que es un sector estigmatizado por dos razones fundamentales. Primero, la desvergüenza de algunos avariciosos que se lucraron de una manera inaceptable. Segundo, el rescate financiero puesto en marcha por el Gobierno para salvar el sector.

Vayamos por partes. Empezando por el final, el rescate a las entidades en apuros ascendió a 54.000 millones en aportaciones de capital, y, se han recuperado hasta ahora 4.000, a lo que se pueden añadir otros 10.000 más. La broma nos va a costar 40.000 millones. Lo que no sabemos es cuánto nos hubiera costado si no se llega a hacer y hubiera quebrado buena parte del sector financiero en el país. Tampoco es posible saber hasta dónde hubiera alcanzado el efecto dominó en una industria apalancada como la bancaria y donde la piedra angular del negocio es la confianza. No olviden que el objetivo de los bancos siempre ha sido canalizar ahorro e inversión, por lo que esa reacción en cadena no acabaría en el sector, sino que devastaría el conjunto de la economía.

No sabemos lo que hubiera costado dejar quebrar a buena parte del sector financiero español

La ignorancia es muy atrevida y la demagogia supera lo imaginable. No salven a los bancos, déjenlos caer y nos hubiéramos ahorrado los 40.000 millones. Eso sí, los depósitos están a salvo por el Fondo de Garantía de Depósitos.

– ¿Qué el FGD no dispone de los recursos para cubrir todos los depósitos hasta 100.000 euros? –

– Va a ser que no.

– Pues que lo ponga el Gobierno.

– Mire usted, no me líe.

La realidad es que eran entidades en dificultades para obtener liquidez con la que pagar sus pasivos, porque los mercados de capitales estaban cerrados para ellas. Esa imposibilidad de financiarse, unida a un deterioro de los balances con mucho activo improductivo o mal valorado, hubiera obligado a esas entidades a vender muy por debajo de su valor sus activos y a cerrar el grifo de la financiación absolutamente. Lo peor es que cuando la desconfianza es tan grande el efecto hubiera alcanzado incluso a las entidades sanas.

La tormenta perfecta se cernió sobre el sector estos últimos años, tipos de interés en mínimos, mayores requisitos de capital y un aluvión de cambios regulatorios. Los reguladores, tan brillantes como siempre, no exigen mayores niveles de capital en las vacas gordas, sino cuando los diferenciales de tipos hacen prácticamente imposible el negocio bancario. Por no hablar de los derivados, a los que criminalizan asimilando una sencilla put a derivados de crédito complejos.

Lo inaceptable e irritante es que el Gobierno de turno nos haga pasar por imbéciles y nos quiera hacer creer que el rescate se va a hacer sin coste. Toda la vida salvar a un sector ha costado dinero a los contribuyentes, sea la banca, la minería, la siderurgia o el naval. Eso sí que no es de recibo y ellos lo sabían perfectamente.

En cuanto a la primera de las justificaciones de la estigmatización del sector, la codicia de algunos, produce desprecio y da la sensación de vivir en el lejano Oeste ver el enriquecimiento ílícito de algunos. Resulta repulsivo ver pasar por los juzgados a ejecutivos de numerosas entidades que se autoconcedían subidas de sueldo estratosféricas o préstamos con dudosas garantías. No nos quedemos con los titulares, lo que ha pasado es que se han perdido 82.285 empleos y los cuatreros no sé si llegarán al pico, a los 285 o a los 2.285.

Se han perdido 82.285 empleos en la banca, mientras que los cuatreros apenas suponen unos pocos miles

Tampoco acabo de tener claro que alguien que trabaje en banca se pueda ir a su casa con una pensión de 30, 50 o 70 millones de euros, aunque sean empresas privadas, porque ya hemos visto antes que la piedra angular de este sector es la confianza. Eso sí, poca gente habla de cómo multitud de empleados han tenido que asumir reducciones de salario y empeoramiento de sus condiciones laborales para poder mantener sus puestos de trabajo.

Pues sí, los trabajadores de este sector han sufrido mucho, aunque vistan con corbata y no con mono, aunque trabajen en cómodas oficinas y no en la oscuridad de 500 metros bajo tierra o en el frío mar. Pero no es suficiente. Toca seguir afrontando la transformación de esta industria con dos amenazas principales: un proceso de desbancarización imparable, asunto que trataremos otro día, y el desembarco de nuevos competidores al albur de la digitalización, competidores que hace años no nos podíamos ni imaginar, ¿Facebook, Amazon, Google, Apple? Saben todo de nosotros. ¿Cuánto tardarán en prestar o en captar depósitos? Lo bueno para ellos y para los bancos actuales es que si los tipos de interés siguen subiendo pronto su rentabilidad superará los costes de capital, alterando la tendencia de los últimos años.

Sea como sea, merece la pena reflexionar sobre lo que se ha podido hacer mal para que este desastre no haya tenido repercusión a nivel social. Suerte.


Kike González es exdirector de Renta Variable de Ahorro Corporación