Parece que algo se mueve en el mundo catalanista. Me refiero a algo con afán constructivo que aspira a recuperar una iniciativa política con visos de ocupar el codiciado centro de la realidad catalana. El embrión de partido que está poniendo en pie Antoni Fernández Teixidó pretende hacer renacer el espíritu que convocó a abogados, notarios y empresarios en torno al Jordi Pujol de las primeras horas de la Transición bajo el paraguas de Convergència Democràtica de Catalunya. Es decir, recuperar a la alta clase media catalanista y moderada que en estos momentos se ha quedado huérfana de referencias políticas partidarias y se ve obligada a votar a ERC o incluso al partido de Puigdemont porque, catalanistas como son, jamás aceptarían votar a un partido «español». Pero que no están cómodos con la deriva radical y en buena medida políticamente suicida que exhiben las formaciones independentistas que ahora mismo se están disputando a cara de perro el poder en Cataluña y son directamente dependientes de un grupo de extrema izquierda anticapitalista y antisistema como es la CUP, cuyos cuatro escuálidos diputados siguen, igual que en la legislatura anterior, dictando al milímetro la deriva política de sus compañeros de causa: la independencia.

En ese caladero de profesionales de alto nivel es donde el proyecto de partido de Teixidó -bautizado de momento con el nombre de Lliures- cree el promotor de esta idea de una cierta refundación del catalanismo moderado que puede encontrar los apoyos necesarios para lograr un nivel suficiente de representación pública. De momento, el fundador de Lliures está dedicado a construir una estructura de cuadros que esté en condiciones de poder acudir a las elecciones municipales de mayo de 2019 con ciertas posibilidades de éxito. Esa debería ser de momento su máxima aspiración porque todavía no está claro que no vaya a acabar habiendo nuevas elecciones en los próximos meses a causa del fracaso de las negociaciones eternas entre los independentistas, vigilados muy de cerca por la CUP, que sigue conservando en sus manos la bola negra capaz de empujar al fracaso cualquier acuerdo que no satisfaga plenamente sus exigencias.

Teixidó pretende recuperar el espíritu que convocó a abogados, notarios y empresarios en torno al Jordi Pujol de comienzos de la Transición

Es decir, que por mucho éxito de público que lograra Teixidó en su esfuerzo por alumbrar un nuevo partido que devuelva la esperanza a los sectores más moderados de la sociedad catalana, la posibilidad de que Lliures esté en condiciones de concurrir con posibilidades de ganar un puñado de diputados en el parlamento catalán estaría en todo caso lejos de poder equilibrar la relación de fuerzas en la Cámara. Porque, suponiendo que los secesionistas lleguen finalmente a un pacto y que se pueda formar gobierno, dando por sentado que ese gobierno no va a durar cuatro años porque los mimbres con los que se puede construir no serán capaces de soportar una legislatura completa, este nuevo partido debería estar en condiciones de competir en campaña electoral en un plazo no superior a dos años, el máximo de vida que se puede razonablemente dar al nuevo gobierno ERC-Junts x Cat.

Si Teixidó lograra que los votantes le dieran suficiente apoyo como para sentar a cuatro o cinco  de los suyos en el parlament, se constituirían en una fuerza valiosísima capaz de romper el empate virtual entre el independentismo y el constitucionalismo y tendrían la capacidad de desmontar el dominio de los partidos favorables a la independencia que ahora mismo han sido derrotados en votos por Ciudadanos pero que conservan la mayoría absoluta en escaños.

Visto desde el lado constitucional, la idea tiene mucho interés porque es eso lo que necesitan los catalanes: una referencia propia, de centro

Pero podemos también estar delante de un nuevo cuento de la lechera. Ése es un riesgo cierto. Teixidó tendrá memoria del destino de otro partido, el CDS fundado por Adolfo  Suárez, en el que él fue primero portavoz y más tarde secretario general después de una batalla interna muy costosa para él,  que terminó renunciando a su cargo después de que ese partido fracasara estrepitosamente en las elecciones autonómicas catalanas de 1992. No le falta, por lo tanto, experiencia para afrontar un fracaso. Y para rematar, aunque no es mi voluntad echar por tierra la ilusión depositada en ese proyecto, es obligado recordar el triste destino de otro proyecto con vocación de centro liberal: el Partido Reformista, conocido popularmente como Operación Roca porque fue Miquel Roca, miembro de CiU, el partido de Pujol que auspiciaba ese proyecto, el candidato a la presidencia. Financiado muy generosamente por bancos y organizaciones empresariales y fervientemente apoyado por periódicos y  profesionales destacados, el partido se estrelló a la primera de cambio: en las elecciones generales de 1986 el flamante partido de centro liberal que había nacido con vocación de bisagra, no obtuvo ni un 1%  de los votos, exactamente 194. 538 votos. Quiere esto decir que el destino de los partidos que se instalan en esa  zona templada del espectro político ha solido ser la vida corta o directamente la muerte súbita.

Visto desde aquí, es decir, visto desde el lado constitucional, la idea tiene mucho interés porque es eso lo que necesitan los catalanes: una referencia propia, de centro, capaz de pactar a su derecha y a su izquierda pero dispuesta a mantenerse dentro del obligado ámbito de la legalidad. Lliures va a incorporar al disidente del secesionismo Santi Vila, que es ahora mismo objeto de todos los odios por parte  de sus antiguos compañeros de partido, que le llaman «traidor». Quizá sea ése un atractivo añadido a la aventura que Antoni Fernández Teixidó se dispone a emprender con el respaldo de importantes empresarios catalanes. Que la suerte le acompañe.