La jugada de la moción de censura contra Mariano Rajoy le ha salido redonda a Pedro Sánchez, al menos en un primer momento, que es el que estamos viviendo ahora. El hecho de que una mayoría incontestable apruebe la composición del nuevo Gobierno demuestra de entrada dos cosas: una, que ha acertado con los nombramientos de su equipo ejecutivo; y dos, que la población, también la que tiene posiciones de centro y de derecha, estaba ya harta del gobierno anterior, que se ha convertido en el pagano absoluto de las consecuencias provocadas por los casos de corrupción que han asolado al Partido Popular.

Pedro Sánchez, que estaba sumido en el pozo de la indiferencia por parte de los electores, que ha encontrado un atajo legal y ha conseguido llegar a La Moncloa por la puerta de atrás porque no se ha sometido al escrutinio electoral, ha aprovechado sin embargo todos estos inconvenientes y los ha sabido convertir en un trampolín eficacísimo para saltar sobre sus limitaciones y ponerse de un brinco, ¡hale hop!, por delante de todos sus adversarios. Algunos pueden argumentar que éste ha sido un caso de inmensa suerte, pero a la suerte hay que saber acompañarla y Sánchez ha sabido hacerlo.

Con un Partido Popular recluido por el momento en el pabellón de los heridos pero aún conservando un nada desdeñable 25% de intención de voto, el Partido Socialista ha sabido situarse en la cabeza de la carrera sin ni siquiera haber tenido que exponer ante el Congreso un programa de Gobierno que no tenía elaborado, dado que tan sólo una semana antes nadie en ese partido albergaba la más remota intención de llegar al poder de una manera tan fulminante. A pesar de todo, a pesar de haberse presentado con el único arma de su propósito de sacar al PP del gobierno y a pesar de haber contado para el éxito de la operación con el apoyo de unos nada deseables compañeros de aventura, Pedro Sánchez está ahora mismo cómodamente instalado ya en la posición de favorito del electorado. Y no sólo eso sino que cuenta también con la opinión favorable de ciudadanos que hace tan sólo un mes de ninguna manera hubieran aprobado, ni su gestión en su partido, ni su posición política ante las grandes cuestiones que importan al país.

Si acierta en los próximos meses, el PSOE estará en condiciones de “robar” votos en todos los caladeros

Es más, el efecto de esta moción de censura y su privilegiada situación de hoy permite pensar que, si acierta en los próximos meses, cosa que habrá que comprobar con el paso de los días, el PSOE está ahora mismo en condiciones de “robar” votos prácticamente en todos los caladeros de su alrededor. Desde luego, a día de hoy y mientras el nuevo Gobierno no se equivoque, Sánchez está ya recogiendo a manos llenas los votos de quienes habiendo  apoyado anteriormente al PSOE se habían pasado a Podemos. Muchos de esos electores están regresando a las filas socialistas nada más que por haber conocido la composición de su Gobierno y haber tomado nota de las primerísimas medidas adoptadas en esta primera semana de gestión, lo cual deja al partido de Pablo Iglesias muy mal parado y considerablemente debilitado en sus perspectivas electorales inmediatas.

Por esa razón, el ofrecimiento de Iglesias al presidente de convertir al partido morado en su “principal socio de Gobierno” no tendría que tener en principio perspectivas de saldarse con éxito: ésta era la ocasión de oro de Pedro Sánchez de empujar a la formación de Iglesias al rincón de los partidos menores y no era conveniente para sus intereses a largo plazo que la desaprovechara. Pero la necesidad del PSOE de ganar peso en la Cámara es mucha y esa reunión secreta que conocimos ayer sábado entre los dos líderes políticos permite aventurar que Sánchez se va a acercar a Pablo Iglesias para poder sumar apoyos en el Congreso, cosa que necesita imperiosamente para aprobar cualquier ley. Eso le sitúa en una posición de riesgo porque si él necesita los escaños de Podemos, lo que Iglesias necesita es recuperar los votos que se le están yendo hacia el PSOE y, si le es posible, “robarle” cuantos más votantes mejor. El acercamiento del partido morado tendrá siempre el objetivo último de ir ocupando poco a poco el espacio de la izquierda y desplazar al PSOE hacia el centro. Esa alianza, de producirse, cuenta por ese motivo con muchas contraindicaciones.

Y no sólo eso. Habida cuenta de los datos que publica el Instituto DYM para El Independiente/Prensa Ibérica, no es en absoluto descartable que Ciudadanos acabe pagando con una apreciable fuga de votos hacia el PSOE su decisión -que se ha demostrado que fue muy dañina para sus propios intereses- de haber forzado a Rajoy a no renunciar a tiempo y haber impedido así que Sánchez pudiera presentar la moción de censura. Si Albert Rivera no hubiera amenazado con  exigir la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas, el PNV no habría retirado su apoyo al anterior gobierno, Rajoy seguiría hoy gobernando y Ciudadanos podría haber continuado tranquilamente hasta los próximos comicios su crecimiento a base de  “robarle” los votantes y los cuadros medios al Partido Popular. Pero ha sido el PSOE el que se ha beneficiado de la carambola y, aunque en menor medida que Podemos, Ciudadanos es hoy uno de los claros damnificados de la operación y el PSOE el más claro beneficiado.

El Partido Popular sigue conservando un suelo nada despreciable de apoyos

Por lo que se refiera al PP, asombrosamente sigue conservando un suelo nada despreciable de apoyos que seguramente crecerán si este partido es capaz, en el año y medio largo que queda para las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2019, de recuperarse del formidable golpe recibido con su abrupta salida del gobierno y logra aupar a un nuevo líder que reagrupe a las maltrechas bases y convoque de nuevo a sus antiguos votantes a otorgar una vez más su confianza al nuevo equipo. De momento, éstas no son más que conjeturas pero los datos que ofrece el sondeo del Instituto DYM para El Independiente/Prensa Ibérica hablan de un suelo de los populares lo suficientemente sólido como para situar a ese partido en el segundo lugar en la preferencia de los electores a pesar de estar sufriendo una de las peores épocas de su historia. Parece, pues, que el bipartidismo no está de momento tan muerto como muchos vaticinaban.

Pero a partir de ahora, este Gobierno bendecido por la mayoría y no rechazado por apenas nadie, entra en terreno minado. Eso quiere decir que todas las decisiones que adopte van a ser examinadas con lupa a la luz de las consecuencias que esas decisiones acarreen al país porque, aunque es cierto que su constitución ha generado conformidad general, resulta francamente exagerado afirmar, como hizo el viernes la portavoz Isabel Celáa, que haya provocado entusiasmo. No, lo que ha provocado es un cierto alivio y una cierta pero desconfiada esperanza. Por eso Sánchez no debe olvidar que éste no es un Gobierno que haya nacido de unas elecciones y cuente por lo tanto con el respaldo cuantificado y acreditado de una mayoría de ciudadanos. Tiene que tener muy presente que no dispone del respaldo popular y que es eso precisamente lo que tiene ahora la oportunidad de conquistar. Porque el electorado va a tener muy en cuenta el resultado de sus acciones en dos aspectos de la vida nacional especialmente delicados: uno es la economía y su esencial traslación en los datos de paro y el otro es lo que resulte de su política de “diálogo y normalización” en las relaciones con los independentistas catalanes.

Ya pueden los miembros del Gobierno hacer gestos llamativos y resultones, como el muy acertado de acoger en España a los migrantes del Aquarius o adoptar medidas de carácter social que incrementen su prestigio, que si en cualquiera de esos dos aspectos llegaran a fracasar y dejaran la  situación igual o peor de la que se encontraron, todo el respeto del que gozan hoy se esfumará de inmediato y el cauto respaldo que se les ha otorgado mayoritariamente les será retirado como por ensalmo. Insisto: no es un Gobierno salido de las urnas sino de una moción  de censura y ese pecado original se puede convertir en una piedra de molino atada a su cuello si no logran tener un éxito indiscutible en las dos cuestiones capitales que importan hoy a los españoles. Tienen muy poco tiempo para alzarse con el premio de una victoria electoral que hace un mes les era totalmente inalcanzable y han empezado con una buena base. Habrá que ver si consiguen no tropezar.