En este país cohabitan dos castas. Por un lado, los empleados públicos. Por el otro, el resto. Unos montan la de Dios porque un día les congelan el salario y les quitan algunas pagas extras. Otros cientos de miles se aguantan cuando les ponen en la puta calle y se buscan la vida. Según la EPA, el salario medio del empleado público es de 2.598 euros brutos al mes, mientras, en el sector privado se queda en 1.719. Unos tienen la posición asegurada de por vida, otros no.

Reconozco qué si uno se fija en esos fríos números sin más puede haber algo de trampa. Se debe ajustar por cualificación y experiencia para disponer de dos magnitudes homogéneas. Pues bien, existe un informe encargado por la Comisión Europea (Labour market wages development) que efectúa esos ajustes. La conclusión del mismo, es que los salarios en el sector público son un 20% superiores al sector privado. Medalla de bronce para España entre los 22 países analizados.

Cierto es que para acceder a un empleo público hay que superar unas oposiciones duras, en algunos casos muy duras y que están abiertas a quién quiera presentarse cumpliendo una serie de requisitos. Por otro lado, obtener un empleo en la empresa privada tampoco resulta tan sencillo. Hay mucha competencia, las pruebas de selección son severas, a nadie le regalan empezar a trabajar en Garrigues o en Telefónica; mejor dicho, a pocos, porque el nepotismo es uno de los grandes males de este país. Pero ésos no son ni nobles ni plebeyos, son realeza.

Un estudio europeo concluye que los salarios del sector público son un 20% superiores al sector privado

Y no es exclusivo del sector privado, porque no es raro tampoco ver a sagas de familias entre Notarios, Registradores u otro tipo de posiciones públicas. Un ejemplo muy ilustrativo de lo que es acceder a un empleo privado fueron unas pruebas para una Caja de Ahorros a las que se presentaron miles de candidatos compitiendo por un par de docenas de plazas. Entre los requisitos para ser cajero de una sucursal en Mansilla de las Mulas estaba una licenciatura y dominio del inglés. ¡Manda huevos! Para presidente del Gobierno no te lo exigen, pero sí para hacer pagos y cobros en un pueblo por donde el último guiri que entró en la sucursal apareció en cuadriga.

No acaba ahí. Fui testigo directo de la compraventa de una compañía y la transacción tenía que ser aprobada por el regulador. Siendo precisos, la reguladora tardó desde noviembre hasta finales de julio en aprobar la operación. Que si el mes de diciembre es básicamente inhábil, que si enero empieza el día 10, que si hay muchos expedientes, que si un compañero está de baja, que si no damos abasto, que si ahora te pido una cosa, más tarde otra cosita más, nunca a la vez porque realmente no se miran el expediente en su totalidad, etcétera.

Lo peor es el silencio administrativo, si uno plantea alguna cuestión a la administración, al otro lado no hay nadie. O si lo hay, pues peor, se enojan y vuelta el expediente a la casilla de salida. Y no es un caso aislado. Para más inri, expedientes de ese tipo se han aprobado en menos de dos meses pues venían bendecidos por algún ser o ente superior. Doble rasero de nuevo.

Hay más ejemplos. Muchas empresas dejaron de emitir bonos en España para hacerlo en Dublín o Luxemburgo ante la falta de agilidad y respuesta del regulador. No se trata de ser más laxos, se trata de ser más responsables, más agiles, más proactivos, más facilitadores de la actividad económica.

¿Han estado pendientes de licencias de construcción alguna vez? Pues más de lo mismo. Que si el funcionario A no le ha pasado al funcionario B el modificado de la división horizontal. Entontes el funcionario B decide que sin esa modificación él no avanza. Se solicita algo y se tarda una semana, un mes, dos meses, tres meses. En definitiva, lo mismo: impotencia, indefensión absoluta del ciudadano, falta de implicación del funcionario de turno porque ni le va ni le viene.

Sobre todo, no existe procedimiento sancionador, ni multas, ni nada parecido hacia el funcionario o funcionaria –como sí existe para el ciudadano que paga sus nóminas. Entre tanto, el empresario pierde meses en empezar a construir ese proyecto que le ilusiona o el ciudadano tarda un trimestre en poder escriturar la vivienda una vez finalizada la obra. Falta la firma de un señor, que se la pase a otro señor para que se la lleve a un concejal. ¿Quién se responsabiliza de que esto funcione? Nadie.

¿Quién se responsabiliza de que la Administración funcione? Nadie

Como no deseo buscarme nuevos enemigos, bastante tengo con las hordas, no voy a hablar de las jornadas laborales de algún funcionario público que conozco. Tampoco de esos que quieren extender su vida laboral hasta los 70 porque si se jubilan pierden poder adquisitivo. Y total, como son dinosaurios, pueden pasar la mañana caliente en la oficina leyendo el periódico. Nadie les exige nada y en su casa tendrían que asumir algunas obligaciones.

No entraré en el caso de esa joven recién obtenida la oposición que se incorpora a su destino. A las pocas semanas de ingresar en el funcionariado recibe la reprimenda y exigencia de sus compañeros veteranos para reducir a la mitad el número de expedientes que saca adelante. No voy a extenderme tampoco de lo que pude ver en el ejército mientras hacía la mili  -sí hice la mili, fui de los últimos de Filipinas, una mili ligera, tengo que reconocerlo-, pero es que para los militares profesionales para los que trabajaba hacer una tarea a las 12 de la mañana era una aberración porque era última hora. Y ellos cobraban por ello.

El sector público debe prestar una serie de servicios básicos y estoy encantado con los médicos y cuerpos de seguridad del Estado. ¿Puede haber algo más aberrante que la discriminación salarial de la policía nacional frente a determinadas policías autonómicas? Lo único que pido es una reducción de la burocracia, que se exija productividad y responsabilidad a los funcionarios de turno. No hay derecho a tener que soportar ese desamparo cuando toca hacer algún trámite administrativo, tienen que ayudar, agilizar, no entorpecer. Así conseguiríamos un país moderno.

Soy un iluso, lo sé, porque quién debería mover ese árbol son los políticos, y, lo primero que habría que hacer es podar el suyo. Decía Cicerón, «nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia». Pero a él no le tocó sufrir el siglo XXI. Suerte.