Se va el viejo Rey Juan Carlos, cojo, ensartado, desmontado, fragilísimo, clavado o desclavado, como esos cuerpos de Dalí. Se va como un rey elefante, a morir ya tras una cascada, sobre el cofre de riquezas de sus propios huesos. En realidad lo han echado, entre la Casa Real que está nerviosa, sobreactuada y condescendiente, y un Gobierno que no sólo tiene ministros jacobinos con guillotina de leñera, sino un presidente que los consiente.

Para poder acceder a este y otros contenidos debes de ser suscriptor.

Opciones de suscripción

¿Todavía no estás seguro? Consulta aquí todas las ventajas de suscribirte a El Independiente.

¿Ya eres usuario Premium?

Identifícate