Los buenos amantes del tango conocen bien el bandoneón. Algún despistado pensará que es un acordeón lo que sostienen los maestros del género argentino apoyado en su pierna. De una complejidad propia de los alemanes que lo inventaron para hacer música sacra, sus verdaderos virtuosos lo manejan golpeándolo contra sí y respirando a través de ese sonido melancólico y divino. Un monstruo como ese cayó en manos de un pibe bonaerense de apenas ocho años llamado Andrés Calamaro Masel (Buenos Aires, 22 de agosto de 1961). Verse con aquello entre las manos le tuvo que impresionar. Ese no fue su reto más importante. Convertirse en uno de los músicos de mayor influencia en la música de España, sí. Los Rodríguez tuvieron suficientes éxitos “acá” como para conseguirlo. ¿Por qué este país? Bueno, siempre dijo que quería “elegir del mapa un lugar sin nombrar dónde ir” y supongo que lo hizo porque “La vida es una gran sala de espera, la otra es una caja de madera”.

En Argentina, y siendo todo un VIP, vivió el abuelo de uno de los grandes músicos de los 80. Roland Jaime Orzábal de la Quintana (Portsmouth, Inglaterra, 22 de agosto de 1961) es conocido por ser la mitad de “Tears for fears”, y creador de himnos ochenteros como «Everybody Wants to Rule the World» o “Shout”. Para él, los instrumentos musicales forman parte de la magia del momento. Al menos eso leemos que ha argumentado al crear un pack en una conocida casa de subastas con todos los aparatos que le acompañaron durante sus giras más exitosas de hace tres décadas. Ya hay feliz comprador.  

El bandoneón del que hablábamos no es un instrumento especialmente extraño si lo comparamos, por ejemplo, con el “arpa láser” que ha usado frente a millones de personas Jean-Michel André Jarre Pejot, más conocido como Jean-Michel Jarre (Lyon, Francia, 24 de agosto de 1948). Este hombre, que consiguió en cuatro conciertos actuar ante más de ocho millones de personas, es el hijo de nada menos que uno de los mejores compositores de música para el cine llamado Maurice Jarre (Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, Ghost). Sin embargo, no tuvo su influencia musical, ni su compañía. Fue su madre la que tuvo el acierto de llevarle desde pequeño a ver conciertos de jazz y más tarde animarle a que formase parte del «Grupo de buscadores musicales de Goldeun», una idea del maestro Pierre Schaeffer. Ahí aprendió que se podía hacer música con cualquier cosa. Eso cambió para siempre su idea de “instrumento” y le convirtió en el padrino de la música electrónica. Si no es por las fotografías tomadas en los primeros años 70, resulta imposible imaginar su pequeño piso francés con decenas de aquellos primeros sintetizadores y una grabadora de cuatro pistas en la cocina, con la que consiguió vender 26 millones de copias de “Oxygene”.

Si los instrumentos del grupo no suenan bien en una actuación, hay pocos solistas que tengan el valor de parar un concierto y decidan cambiar el repertorio en directo… y en televisión. Ese momentazo, y nada menos que en Saturday Night Live, lo protagonizó Declan Patrick MacManus, más conocido por su nombre artístico Elvis Costello (Londres, Inglaterra, 25 de agosto de 1954). En realidad todo fue una excusa para tocar “Radio, radio”, que es la que querían interpretar en contra de lo que le pidió la cadena. Le costó doce años de veto televisivo, aunque participó en el aniversario del programa. Se considera en el ámbito de la cultura pop uno de esos momentos rebeldes que lanzan a un artista poco agraciado y voz discutible pero con enorme sentido del humor. 

Dejo para el final la historia más conmovedora de los nacidos en estos días de agosto. Eilleen Regina Edwards nació en Windsor, Ontario el 28 de agosto de 1965. Vendió más de 85 millones de discos como Shania Twain. En este caso la trompeta fue una parte importante de su adolescencia, pero en realidad el instrumento para ella era la música. Se refugió en ella cuando trataba de impedir con apenas once años que su madre acabara con la cabeza metida en el inodoro tras una paliza propinada por su padrastro. Ese mismo personaje es el que la rebautizó como “la que va en camino” (Shania, en el lenguaje de los ojibwa, tribu a la que pertenecía el indígena americano). La “Reina del Country” nunca lo tuvo fácil. Ni siquiera al nacer, que por poco la dan por muerta, o cuando tuvo que cortar leña o limpiar la casa de su profesor de canto para poder pagarle, con tal de aprender a usar su verdadero instrumento musical: su voz. Un timbre vocal que trajo indispensables dólares a una casa que realmente los necesitaba, y que la llevó a trabajar con uno de los productores más importantes del mundo: Mutt Lange. Se casaría con él años después, pero el artífice de buena parte de los éxitos de artistas como Britney Spears, Def Leppard, AC/DC, The Cars, Bryan Adams, Muse, Lady Gaga o The Corrs mantuvo una relación paralela durante años con una mujer cuyo marido destapó todo. Ahora este hombre está casado con nuestra artista de vida complicada. 

Me emociona pensar en el poder de la música cuando leo que Shania con diez años escribió su primera canción. Cantaba «¿Mamá, no saldrás a jugar?» al ver a su madre hundida por el maltrato. La música en sí misma puede ser el mejor instrumento.