El transistor de mamá sonaba normalmente mal. Esa calidad de la Onda Media no servía para mucho más que para escuchar con cierta claridad los partes en los 70. Pero cuando se abrían paso entre las interferencias los violines del Love’s Theme de Barry White (nacido el 12 de septiembre de 1944) aquel aparato de plástico se convertía en mi pasaporte a algo que estaba reservado a los mayores. Y a juzgar por cómo sonaba, eso del amor tenía que ser tan perfecto…

Nadie cantaba. Una orquesta de cuarenta músicos ensalzaba el amor hasta un punto en el que ningún otro artista ha conseguido colocar la relación entre dos. Barry Eugene Carter al principio, y muy a pesar de su excelentes cualidades, no quería ser solista. Puede que fuera porque de niño, antes de cambiarle la voz, la tenía especialmente chillona según su madre. Cuando Barry cumplió 14, esa mujer se dio cuenta llorando de que había perdido a su pequeño. Me divierte pensar en todo un Barry White jovencito susurrando a mamá. Tomó lecciones de piano, pero por él mismo. Fue gracias a un viejo tocadiscos y a la colección de música clásica que había en casa.

Con 16 años y siendo un adolescente, el lustroso artista que aparece enjoyado en sus muchas portadas fue encarcelado por robo. Pero no por cualquier hurto menor. Por haber sustraído 30.000 dólares en neumáticos para Cadillac. Un día, entre rejas, una radio no muy distinta de aquel transistor de mamá emitió contra las paredes de la prisión la voz de todo un Elvis Presley que cantaba It’s now or never (Ahora o nunca). Algo vibró en el interior de nuestro héroe del soul hasta hacerle cambiar su trayectoria y reformarse para siempre.

Fuera de la cárcel y con el firme propósito de sacar partido a sus dotes como músico, se puso a componer canciones y a crear, prácticamente de la nada, una orquesta completa que sirviera de acompañamiento a una chica con la que tenía más que palabras. Se llamaba Glodean James y llegó a casarse con ella. Algo de amor tuvo que haber para que, a pesar de haberse separado en los 80, la mujer que conquistó su corazón es actualmente su albacea. Pues bien, esa chica tenía su pequeña banda vocal llena de encanto que quería parecerse a The Supremes. Así nació la orquesta del amor infinito: Love Unlimited Orchestra. Curiosamente, y a pesar de sentirlo en sus venas, cuando quiso hacer el perfecto tema de amor no contó con ninguna voz para que lo interpretase. Así nació el instrumental que unió para siempre el soul y la música de baile. Esa canción que cuando se lanzó en 1973 se convirtió en un número uno mundial se llamó sencillamente Tema de amor. Sí, la de la radio de mamá.

Ya en los 80 se atrevió a desmontar para hacer suya una de las más grandes canciones de la historia del cine, As Time Goes By, la banda sonora Casablanca

Vinieron después muchos éxitos que todos recordamos. Aquellas melodías llenas de potencia armónica y ritmo atravesaron las listas R & B del mundo y sonaron en muchos otros transistores de radio en los 70, los 80, los 90, los 2000 y aún hoy. Es muy complicado imaginar un afterwork de los abogados de la serie Ally McBeal sin que suene en el baño del bar My First, My Last, My Everything. Anuncios televisivos, emisoras de radio y hasta el hilo musical de los centros comerciales tiran con frecuencia de los acordes mágicos de aquella orquesta llena de amor sin fin. Millones de personas en el mundo tienen sus singles de 45 r.p.m. Never, Never Gonna Give You Up o Can’t Get Enough of Your Love, Babe.

Su voz portentosa, llena de graves profundos pero capaz de los más grandes rugidos llenos de sentimiento, impregna sus canciones. Los violines de su orquesta inspiraron incluso a los creadores de series como Vacaciones en el mar, aunque jamás llegaron con él a un acuerdo para usar su música.

Me permitiré una rareza, para quien tenga curiosidad. Su capacidad como arreglista se ha manifestado de forma contundente varias veces, pero en especial en una canción que en realidad es una versión. Ya en los 80 y con un disco que no llegó en absoluto a ser el éxito de Barry en los 70, se atrevió a desmontar para hacer suya una de las más grandes canciones de la historia del cine, As Time Goes By, la banda sonora de una de las películas más románticas, Casablanca. Los arreglos no dejan imaginarla hasta bien entrada la estrofa. Así entiende el amor este enorme artista que precisamente comienza esa pieza con una pequeña introducción hablada de cosecha propia (claro, él se lo puede permitir) que dice algo así como: «El tiempo siempre nos ha enseñado que las cosas cambian. Pero hay algo místico y mágico en dos personas y eso que llaman amor. No importa lo que pase, pero eso seguirá siempre igual”. Muy cierto.