Último fin de semana en los Estados Unidos antes del fatídico, y más esperado que nunca, "primer martes después del primer lunes de noviembre" en este 2020. El "Súpermartes" en el que se decidirá quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca y de su famoso Despacho Oval para los próximos cuatro años.

Las espadas siguen en este momento más en lo alto que nunca, y aunque el promedio de la mayoría de las encuestas sigue pronosticando una ligera ventaja del candidato demócrata, Joe Biden, en los últimos días se aprecia una cierta recuperación, lenta pero sostenida, del todavía presidente y eternamente controvertido candidato republicano Donald Trump.

Los dos candidatos representan dos estilos radicalmente opuestos de encarar una campaña electoral... y por qué no decirlo, dos maneras antitéticas de encarar la última y terrible amenaza que asola al mundo entero: la cruel pandemia del Covid-19. Donald Trump y Joe Biden, Joe Biden y Donald Trump, apuran estas últimas y frenéticas jornadas a caballo entre los estados más disputados: Florida -en donde ambos han vuelto a coincidir- Michigan y Wisconsin.

Biden nunca fue el mejor candidato de los posibles. Dentro de tres años será octogenario y para muchos americanos representa más bien la otra cara del 'establishment'

El veterano Biden ha tenido tiempo además para aprovechar algunas horas en Minnesota. Parece increíble, pero es real; la vitalidad de este candidato, a sus 77 años cumplidos, es digna de un completo análisis, no solamente como un perfecto producto humano mercadotecnia electoral, sino desde el punto de vista psicológico. Al candidato demócrata, sus asesores le han recomendado cerrar sus mítines e intervenciones públicas... ¡corriendo!... y así lo está haciendo porque, según parece, le funciona a la perfección.

Eso sí, no nos engañemos. Biden nunca fue el mejor candidato de los posibles; estamos hablando de un hombre que dentro de tres años será octogenario y que, para muchos americanos, no representa un arquetípico puramente progresista sino más bien la otra cara del establishment Cuidado por tanto de que no se repita la misma historia de 2016, año en que muchos electores votaron primordialmente contra Hillary Clinton, antes que por Trump. 

Maldito Covid-19 y maldita su utilización política

Esta campaña, atípica como ninguna otra en la historia reciente de los EEUU, está siendo dramáticamente vertebrada por la lucha contra la pandemia global. Los mensajes de ambos candidatos no han podido ser más opuestos. Joe Biden no ha dejado de insistir en que, si los responsables del timón del país más poderoso del mundo -es decir, su contrincante Donald Trump y su equipo gubernamental- hubieran actuado más diligentemente, se hubieran ahorrado no menos de 160.000 muertes a lo largo y ancho del país. "No voy a cerrar la economía y no voy a cerrar el país... voy a combatir al virus" repite Biden, como un mantra incesante pero eficaz. Por su parte, Donald Trump, insiste de manera casi suicida en el ya conocido pero peligroso argumento que le han copiado algunos otros dirigentes mundiales: " Nunca más vamos a cerrar. Cerramos y entendimos al virus (en el pasado reciente). Así es el negocio y así son las cosas".

Si no fuera todo lamentablemente terrible, porque se han perdido cientos de miles de vidas, los expertos y apasionados de estas grandes ligas electorales podríamos decir: "¡Más madera, ¿quién da más?!"

Pero es necesario que, en este punto, depositemos los pies en el suelo y recordemos que, según los últimos datos, los EEUU acumulan ya más de 9 millones de casos de Covid-19. Una cifra escalofriante. 

Las cámaras legislativas, también en el aire

Conviene aquí, para los lectores menos versados en los entresijos de la política norteamericana, recordar algunos detalles de la jornada electoral del próximo martes. En estos comicios no solo se elige al presidente y al vicepresidente de los Estados Unidos, sino también a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los del Senado. El caso de la Cámara de Representantes es especialmente controvertido porque en la actualidad, sobre un total de 435 miembros, los demócratas cuentan con una holgada mayoría de 232 asientos. Todas las previsiones apuntan a que lo más probable es que esta supremacía se vea ampliada.

Caso diferente es el del Senado. En él, aunque por muy poco, los republicanos tienen la mayoría: 3 senadores más. En esta cita electoral, están en juego 35. Y no está nada claro que el todavía presidente revalide esta exigua mayoría. Esta reñidísima partida explica las insinuaciones, inquietantes, pero en absoluto improvisadas, de Trump acerca de que no aceptaría el resultado electoral si las urnas no le dan la razón. Todos los expertos coinciden en alertar de que, en función del resultado de esta institución, Trump podría apoyar esa estrategia antidemocrática de no reconocimiento, siguiendo paradójicamente la estela de Nicolás Maduro en Venezuela.

Un sistema indirecto para un país enorme y complejo

Pero lo substancial, lo que diferencia al sistema norteamericano de comicios como las que estamos acostumbrados a vivir, por ejemplo, en España, es el sistema de elección indirecta. Allí la Presidencia no se decide por sufragio directo sino por el conocido sistema de “Colegios Electorales”. La clave es obtener la mayoría de entre los 538 electores que se reparten entre los estados según su población. Para ser presidente se necesitan, al menos, 270. Es decir, mayoría absoluta.

Aunque parezca increíble, en los últimos veinte años… ¡en 36 Estados se ha votado lo mismo! Solo en 14 del total no están claras las mayorías. Por ello Pensilvania, Wisconsin, Ohio o Michigan se perfilan como Estados claves. En todos ellos parte como favorito el candidato demócrata, pero las cosas pueden cambiar en estos últimos días. De hecho, lo más probable es que al término de la noche electoral no haya resultados definitivos. Y ello a pesar de que más de 50 millones de estadounidenses han votado ya por correo; algo jamás visto en la historia de este gran país. Una derivada más de esta terrible pandemia. Analizando este dato desde nuestros parámetros, podría pensarse que en cuanto se cierren completamente las urnas se podría proceder a un escrutinio relativamente rápido, pero no es así. Solo el moderno Estado de Florida está capacitado para ello.

Trump lleva meses disparando dialécticamente contra el voto a distancia y nombrando comisarios políticos en puestos de responsabilidad del Servicio Postal

En muchos otros Estados de la Norteamérica más rural y atrasada, como los que acabo de citar como más reñidos, este recuento puede durar días. Es oportuno advertir aquí que, este hecho, en un país menos equipado tecnológicamente de lo que comúnmente pensamos los europeos, podría servir también como excusa a Trump para romper la baraja y exclamar públicamente que quieren escamotearle un hipotético triunfo. No en vano, Trump lleva meses disparando dialécticamente contra el voto a distancia y nombrando comisarios políticos en puestos de responsabilidad del Servicio Postal. En el peor de los casos, si la balanza se decantará por Joe Biden, los republicanos iniciarían una batalla legal, con impugnaciones por doquier, Estado por Estado, que podría durar meses. De ahí el interés de Trump por “colocar” a toda velocidad a su juez favorita, Aney Coney-Barret en el Tribunal Supremo, como posible guardiana de sus intereses inmediatos. Está claro que el sátrapa no improvisa.

De momento, eso sí, se le percibe nervioso. Los últimos y lamentables incidentes protagonizados por el que sin duda ha sido el presidente más lamentable de la historia de los EEUU, como su incidente con la presentadora del programa 60 minutes, Lesley Stahl, a la que cortó abruptamente una entrevista y que a raíz de ello ha sufrido amenazas de muerte, dan fe de ello.

Veremos qué ocurre el martes, aunque, repito, creo que tardaremos días en tener un resultado definitivo. La elección no puede estar más reñida. Que hablen los ciudadanos y que hable la democracia, aunque como saben todos cuantos me siguen, mi corazón esté más próximo hacia Joe Biden, por mucho que le quieran presentar como un anciano “gagá” que hacia un filofascista que ha demostrado, en los últimos cuatro años, un desprecio absoluto por la vida, por la libertad y por la democracia.


Último fin de semana en los Estados Unidos antes del fatídico, y más esperado que nunca, "primer martes después del primer lunes de noviembre" en este 2020. El "Súpermartes" en el que se decidirá quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca y de su famoso Despacho Oval para los próximos cuatro años.

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