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Trump elige a la juez ultraconservadora Amy Coney Barrett para el Supremo

La magistrada propuesta para suceder a Ginsburg es una brillante profesional, ferviente católica y antiabortista

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El presidente de EEUU, Donald Trump, presenta a su nominada para el Supremo, la juez Barrett. EFE

Mientras miles de estadounidenses rinden homenaje a la juez Ruth Bader Ginsburg (RBG), fallecida hace una semana a los 87 años, el presidente Donald Trump se ha apresurado a designar a su sucesora, la juez ultraconservadora Amy Coney Barrett (Nueva Orleans, 1972) en las antítesis de RBG, icono de las feministas en EEUU y en todo el mundo. Ahora el Senado, con mayoría republicana, ha de confirmar su nominación.

Donald Trump ha elogiado a Amy Coney Barrett como «una de las mentes legales más brillantes de Estados Unidos», digna sucesora de quien se ha convertido en una leyenda, Ruth Bader Ginsburg, a juicio del presidente.

Trump ha señalado que Barrett fue la mejor alumna de Antonin Scalia, juez conservador del Supremo fallecido en 2016. «Es una mujer con unas extraordinarias cualificaciones para el trabajo», ha remarcado Trump, quien también ha elogiado sus cualidades como madre. Ha señalado que Barrett será la primera madre de niños en edad escolar que ejerce como juez en el Supremo.

«Amo a Estados Unidos. Amo la Constitución de Estados Unidos. Estoy muy honrada de poder servir en el Supremo si me confirmara el Senado» ha dicho. La juez Barrett ha rendido homenaje a Ruth Bader Ginsburg, a quien sustituiría en el puesto de lograr la aprobación del Senado. «No solo rompió los techos de cristal sino que los hizo añicos. Es un ejemplo para las mujeres de este país y de todo el mundo», ha añadido.

Ha recordado la buena relación que tenían Ginsburg y su mentor, Antonin Scalia, a pesar de sus diferencias ideológicas. Los principios de Antonin Scalia me guían: «La ley hay que cumplirla tal y como está escrita».

En su discurso de aceptación, la juez Barrett, a quien elogian por ser una brillante profesional, ha prometido que trabajará por «todos los estadounidenses», no por ella ni por aquellos que la han propuesto.

«Trabajaré con humildad y coraje, si el Senado confirma mi nominación», ha dicho. «Jamás en mi vida me habría imaginado llegar a ocupar este puesto», ha añadido. Su esposo, Jesse, y sus siete hijos han posado en la foto final junto al presidente Trump y su esposa Melania.

Amy Coney Barrett, juez en el séptimo circuito en la Corte de Apelaciones, ya sonó fuerte para reemplazar a Antonin Scalia, fallecido en febrero de 2016, y con quien ella había trabajado. Entonces fue Trump, elegido en noviembre de ese año, y no Obama quien designó al nuevo juez, Neil M. Gorsuch.

De las cinco jueces que estaban en la lista que estudió Trump, en la que figuraba Barbara Lagoa, de origen cubano, el presidente solo se vio personalmente con Amy Coney Barrett, según desveló The New York Times horas antes de que lo anunciara Donald Trump, con quien coincide en su visión del aborto, la reforma sanitaria, la posesión de armas o la migración.

La juez Amy Coney Barrett está en contra del derecho al aborto. Barnett, casada con otro jurista, Jesse Barrett, ex fiscal ahora en el sector privado, es madre de siete hijos, dos adoptados de Haití y uno con síndrome de Down. Todos son menores de 20 años.

Está vinculada al grupo cristiano People of Praise, fundado en South Bend, Indiana en los 70. Cristianos de 15 iglesias y confesiones diferentes confluyen en este grupo que se describe como «una comunidad en la que todos se apoyan financiera, material y espiritualmente».

Su relación con People of Praise saldrá a relucir en las audiencias en el Senado. Los miembros aportan un 5% de sus ingresos a la comunidad, rechazan el matrimonio homosexual y no solo el aborto sino también la contracepción. Barrett se opone a la reforma sanitaria de Obama, en parte porque financia la contracepción.

Como el juez Scalia, todo un referente para los magistrados conservadores, es «originalista». Es decir, entiende la Constitución en sus términos originales, no la interpreta en términos de la actualidad, como hacen los más progresistas. Se atiene a la letra de la ley, más que a su espíritu.

Adiós a Ginsburg en el Capitolio

La sucesión de Ruth Bader Ginsburg, que ha sido la primera mujer que ha recibido honores de Estado en su despedida en el Capitolio, se ha convertido en la gran batalla entre republicanos y demócratas cuando falta poco más de un mes para las elecciones presidenciales del 3-N.

La juez Ginsburg será enterrada la próxima semana en el cementerio de Arlington, en Virginia, junto a su esposo, Marty, con quien estuvo casada 57 años y fue su gran acicate en la vida.

RBG, como es conocida, había sido designada por el presidente demócrata Bill Clinton en 1993. Dedicó su vida a garantizar los derechos por la equiparación de las mujeres. Ella misma sufrió discriminación, primero en la universidad y luego en el mundo laboral. Con su despedida en el Capitolio ha roto la última barrera.

Ya octogenaria, por su ejemplo de dignidad y su estilo inconfundible, se convirtió en referente de las jóvenes estadounidenses.

El último deseo de RBD

El último deseo de la juez Ginsburg, que su nieta Clara Spera, hizo público, fue que se esperara hasta conocer el resultado electoral para elegir a su sucesor. Sin embargo, los republicanos no quieren perder la oportunidad de decantar el Tribunal Supremo, la más alta instancia del poder judicial, hacia su lado.

¡Votad para echarlo!, gritaban los admiradores de la juez Ginsburg a Trump cuando fue rendirle homenaje

Cuando el presidente Trump acudió el jueves a presentar sus respetos a la fallecida juez Ginsburg, tuvo que escuchar los abucheos de los admiradores de RBD. «¡Votad para echarlo!», le gritaban mientras él trataba de hacer oídos sordos.

En el Supremo desempeñan funciones nueve jueces, y uno es el presidente de la sala, John G. Roberts, en la actualidad. Hasta ahora cinco habían sido designados por presidentes republicanos y cuatro por demócratas. Con la juez Amy Coney Barrett los magistrados elegidos por demócratas quedarían en clara minoría (tres a seis). Los cargos en el Supremo son vitalicios.

De hecho, tres jueces habrían sido nombrados por Trump (Gorsuch, Kavanaugh, ambos en la cincuentena, y Barrett, de 48 años). Decisiones como la ley del aborto, la reforma sanitaria o la migratoria está en manos del Supremo.

Desde 1880 ningún presidente ha propuesto a un candidato al Supremo para suceder aun designado por un predecesor del partido rival. Obama quiso hacerlo cuando murió el ultraconservador Antonin Scalia en 2016 pero los republicanos utilizaron este argumento para impedirlo.

Los republicanos dicen ahora que el Senado, que ha de confirmar la elección del presidente, tiene mayoría de su partido. Pero es escasa: 53 contra 45 demócratas y dos independientes, y existe la posibilidad de que en las elecciones del 3-N, cuando se renueva una tercera parte de la Cámara haya un vuelco.

Antiabortista militante

Hoy por hoy la juez Barrett puede ser confirmada por los republicanos del Senado, pero tendrían que hacerlo antes del 20 de enero de 2021, en previsión de que pudiera darse un vuelco electoral y ganara Joe Biden la Presidencia. En ese caso correspondería al líder demócrata designar al sucesor de la juez Ginsburg, si bien el Senado tendría que ratificar el nombramiento.

En caso de ser confirmada, como parece previsible, la juez Barrett será la quinta mujer que desempeña su función en el Tribunal Supremo. A sus 48 años, será la más joven de la Corte actual.

Una mayoría de los estadounidenses preferirían que fuera el elegido el 3-N quien eligiera al sucesor de Ruth Bader Ginsburg. Un 57% cree que habría que hacerlo después del 3-N y un 38% apoya que Trump lo haga ahora, según un sondeo de ABC News y The Washington Post, conocido este viernes.

Si me preguntan si me tomo mi fe en serio y soy una católica devota, mi repuesta es sí»

AMY CONEY BARNETT

La designación de la juez Amy Coney Barrett contenta a los más conservadores entre los seguidores de Trump, así como a los más religiosos. Los demócratas ven claramente en peligro la ley Roe vs Wade, por la que se legalizó el aborto en 1973.

En un discurso a los licenciados en la Escuela de Leyes Notre Dame, en Indiana, donde dio clases durante 15 años, dijo: «Si tenéis en mente que vuestro propósito en la vida no es ser un abogado, sino amar y servir a Dios, realmente seréis unos abogados muy diferentes».

La senadora Dianne Feinstein, demócrata de California, dijo a la juez en esas audiencias: «El dogma vive fuerte en ti y eso me preocupa». En círculos católicos la frase se convirtió en un eslogan y empezó el culto a la juez Barrett.

Durante las audiencias de su confirmación como juez de Apelaciones, le preguntaron si su fe religiosa no le condicionaba sus decisiones. La juez contestó: «Si preguntan si me tomo mi fe en serio y si soy una católica devota, mi respuesta es sí. Pero enfatizaría que mis creencias religiosas y mi filiación a una iglesia no me impide cumplir mis deberes como juez».

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