Opinión

EL GOLPE

Leire Díez, diario de colegiala o de bruja

Leire Díez, diario de colegiala o de bruja
Foto de archivo de Leire Díez | Europa Press

Leire Díez apuntaba en su libreta pensamientos, sueños, miedos, revanchas, odios, crushes, como una colegiala con todo el pavo encima, un pavo que a mí me da que podría ser de Bon Jovi (Bon Jovi daba colegialas del montón, con pelo de mezclilla y uña larga, rosa y metálica, como una púa de guitarra, que pedían tabaco o rollo y fantaseaban mucho tiradas sobre sus cojines de tigre y sus pelos de leona). Como en los diarios de adolescente, como en las cartas de los soldados, yo creo que en esa libretita está todo el mundo de Leire, toda la verdad de Leire. Sale mucha gente, como por ejemplo un tal P.S., que yo creo que sale así, con iniciales, como en un pañuelito bordado, como en la tarjeta de un ramo de rosas, por puro pudor del amor en ciertas edades o circunstancias (P.S. podría ser cualquiera, pero suena a amor prohibido de instituto, a joven profe de literatura con ojos de marihuana y relatos del desierto). En la libreta sale hasta nuestro colega Antonio Salvador, que preguntando en el portal de Transparencia por las dietas de los consejeros de empresas públicas removió algo en Leire, traumas, riesgo, aventura, quizá una aventura en el desierto. “PELIGROS”, dejó escrito ella en grande, como con piedras o huesos, como en arena de desierto, antes de dormirse sobre el cojín de tigre, bajo el póster de Bon Jovi que se iba convirtiendo en Mad Max.

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Una adolescente con libreta está dibujando príncipes, está ajustando cuentas, está cortando cabezas y lazos, está haciendo vudú con tachones y magia con unicornios. Leire apuntaba todo lo que la conmovía, todo lo que la amenazaba, todo lo que se le ocurría que pudiera acabar en triunfo, venganza, concierto o boda, con esa imaginación dispersa y cruel de esas edades. Pero no se trataba de ella misma en una fantasía ni en un delirio. Todo el mundo de Leire, como si fuera una boy band, era el PSOE, que la verdad es que tiene algo de boy band emo con ese Sánchez entre enfermo y suicida y esos ministros puramente coreográficos. Leire estaba atenta a todo lo que se cruzara en los planes del PSOE y en los planes de su vida como futura patinadora o futura esposa de Bon Jovi o de P.S., que a lo mejor no es un profe de literatura sino un cantante coreano ahogado por su flequillo como por un monstruo abisal. Antonio Salvador, preguntando en el portal de Transparencia por unas dietas, no se daba cuenta de que la jefa de animadoras, la vigilante de pasillos, la guardiana de las taquillas o, en realidad, la sabueso de la Moncloa, lo había detectado como elemento subversivo para el partido, para su propio futuro en carroza y para su final de película ochentera en la que su amor sale del póster o del escaparate o del PC.

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Con Leire Díez parece que nos hemos topado con la rubia del insti, entre malvada y aspirante a malvada, o con la feúcha diabólica que asesina cojines y les saca los ojos a los retratos, pero lo que ocurre con Leire es que nada en ella es fantasía. Lo que dice Leire Díez se hace, lo que promete Leire Díez se consigue, la puerta a la que llama Leire Díez se abre, así que no es la adolescente con peto o con gafitas que fantasea con Pedro Sánchez como con David Hasselhoff. En la libreta de Leire no hay margaritas estranguladas, ni poemas cortocircuitados por las lágrimas, ni mechones robados como racimos, ni sueños empapados de baba, ni baba excusada por los sueños. En la libreta de Leire sólo hay un plan, un objetivo, una misión, un croquis como el de un banco para dejar pelado, y un montón de gente que se cruza por ahí, sean cómplices, jefes, panolis, ujieres o gatos negros molestando con más superstición que poder (Antonio Salvador se le cruzó a la rubia como un gato negro, y de ahí el brinco). Con los líderes del PSOE, con los fiscales, con los guardias civiles, con los chivatos, con los potentados, con los popes sagrados, con los periodistas de la cuerda o con los periodistas que han hecho saltar la ratonera, con las cosas que hay que hacer y con las cosas que no hay que hacer, con todo lo que hay escrito en esa libreta, lo que sale no es el aburrimiento o la insatisfacción de una soñadora ni una loca, sino el trabajo, hecho con ojos y manos cuidadosos y casi bordadores, de una ejecutora.

Por eso la temen, por eso no la denuncia nadie, por eso hasta Sánchez va a tener cuidado, como le ha advertido Boye, en mencionarla siquiera

Antonio Salvador pregunta en 2021 por unas dietas que se podrían estar cobrando sin asistir, y la adolescente hipersensible, o la ejecutora hipercuidadosa, por lo que parece avisada por Cerdán, apunta los peligros de que se descubran “sobresueldos” y “comisiones”. A mí me parece de una gran tenacidad y de una gran vocación lo de Leire, como la tenacidad y la vocación del poeta que empieza en su primer diario de nácar o de arcoíris y termina en la feria del libro con gorra de pana o escribiendo en pana. Yo no sé cómo algunos se ríen de Leire y hablan de trama cutre y de complot de peluqueras, conserjes y conductores de carricoche,  como un complot de película de José Luis López Vázquez, cuando está claro que Leire ha estado opositando a la cloacas como a Notarías. Leire ya estaba ahí desde hace mucho, anotándolo todo, pensándolo todo, no es una adolescente soñadora sino algo así como la gimnasta que lleva toda la vida preparándose para un salto, con toda la sangre de la juventud enfriada, contenida, peligrosísima. Habría que temerla y seguro que hasta P.S. la teme.

Leire Díez apuntaba en su libreta no tanto fantasías sino planes y no tanto amores sino cadáveres. En esa libreta podría salir cualquiera que se la haya cruzado en el semáforo, en la tintorería, en el ambigú, en cualquier calle o noche de la política como una calle o noche de barrio chino. Lo que hay en esa libreta es más coherente que algunas novelas y más peligroso que algunos manuales de demolición. Por eso digo que la temen, por eso no la denuncia nadie, por eso hasta Sánchez va a tener cuidado, como le ha advertido Boye, en mencionarla siquiera. De hecho, si no fuera por algunos audios y algunas casualidades, la rubia del montón ya se hubiera cargado por lo civil o por lo penal a más de un listo y a más de un panoli. La libreta de Leire yo creo que es lo más verdadero que podemos sacar de ella. Como les pasa a todos los que llevan diarios detallados y los escriben acostados, como para el amor o para la muerte, sabemos que ahí está su corazoncito con portezuelas, su joyerito con llavín, su testamento con flores secas. “PELIGROS”, dejó escrito la colegiala, la fontanera o la bruja, entre otros muertos o crímenes, antes de dormirse sobre su cojín de tigre y su pelo de leona, bajo un póster de Bon Jovi que se iba convirtiendo en Pedro Sánchez.

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