Opinión

EL GOLPE

Por favor, no nos invadan

Por favor, no nos invadan
Varias personas cruzan la frontera en Ceuta (España) | Europa Press

Estamos teniendo demasiadas emergencias nacionales y yo creo que lo de Ceuta ha estado a punto de tener que esperar a que Sánchez termine de arreglar lo del cambio climático, quitándose la corbata y firmando despechugado algún pacto, como el que firma el acta en una boda balinesa. Solucionar o al menos paliar el cambio climático (la emergencia climática por ponerle algo de prisa doméstica a una crisis global que se maneja en una escala planetaria y de décadas o siglos) es algo que apenas impiden PP, Vox y Miguel Bosé, y seguro que nuestro presidente acaba doblegándolos. Es más, yo creo que es una suerte que tenga que pactar lo que sea con el PP y no con Puigdemont. De todas formas, son ya muchas emergencias nacionales y lo de Ceuta, además, ni siquiera se podía llamar así. Sí, nadie ha pensado que una invasión de bañistas y excursionistas a miles, entrando desde Marruecos como si se les hubiera volado la cometa o colado el balón, pueda ser una emergencia nacional. Si acaso, Sánchez y Marlaska pensarán que es una crisis playera e incluso simpática, como un autobús de escolares o jubilados desmadrados por la playa. Claro que todo esto ocurre porque Marruecos lo permite, y uno ya está pensando que, igual que fue posible la Marcha Verde, también podría ser posible una Marcha Azul de Verano azul.

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Han entrado a miles en Ceuta, a nado o bordeando el esquelético espigón, sin nadie que los pare ni los controle, menos que si fueran a una rave (la fila de gente, espesa, festiva, descamisada y descalzada, parecía eso, la llegada a una rave con mucho calor y mucho cogollo). Yo casi esperaba que Sánchez dijera que esto también es por el cambio climático, que esos miles de marroquíes empujados por el caliente Mediterráneo son refugiados climáticos y que él no puede negarles el refugio sin ser un poco también negacionista, aunque sea negacionista descorbatado. Pero no, no es por el cambio climático, sino porque el Supremo ha sentenciado que no procede la devolución automática cuando llegan a nado. Sí, la ley sólo contempla ese tipo de devolución cuando los inmigrantes son pillados “mientras intentan superar los elementos de contención fronterizos”. El mar no se considera un elemento de contención, y el carnoso espigón, que es como una colita de langosta, por lo visto tampoco, así que lo que tenemos es una especie de agujero en el articulado como en un vallado. Eso por si teníamos ya pocos agujeros en las leyes, en los vallados, en la burocracia y en la voluntad política.

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Ha sido todo por una ley mal redactada (suele pasar, por eso el Derecho estará siempre más cerca de la hermenéutica que de la ciencia), pero tampoco pareció nuestro Gobierno demasiado preocupado por la avalancha ni por el susto de los lugareños. Quiero decir que lo primero que hicieron fue irse a mirar algo así como el prospecto de la emergencia nacional y ver que eso no podía serlo, por definición, cosa que les tranquilizó enseguida. Sí, igual que nadie cayó en que el mar no era propiamente un elemento de contención fronterizo, nadie cayó en que pudiéramos tener una emergencia nacional que no fuera “por riesgos naturales o tecnológicos”. Aunque la situación resulte parecida a la de los incendios, o sea que Ceuta se da cuenta de que no tiene capacidad ni recursos para manejar a la gente en llamaradas, el control de las fronteras ya es competencia del Estado. Ceuta no tendría que haber pedido nada, el Gobierno ya tendría que haber estado manejando la avalancha, o la excursión desmadrada, o la invasión playera, que quizá está por inventar pero si se inventa será con Sánchez. Si las autoridades ceutíes llegaron a pedir “socorro”, como si fueran ellos los que se estuvieran ahogando frente al tendinoso espigón, fue precisamente porque el Estado no estaba. Lo demás es excusa y nomenclatura.

La petición de Ceuta era literalmente de socorro, pero el Gobierno, después de constatar que no tenía leyes o voluntad, lo primero que ha hecho ha sido pedir a Marruecos que frene a su gente

Eran muchas emergencias nacionales y Sánchez, además, tiene que salvar el mundo del cambio climático (apenas falta que el PP firme la cosa, protocolaria y respetuosamente, quizá en un vagón de armisticio). Eso sin contar con algunos indultos de última hora para sus colegas o socios, que no podían pasar el verano en la zozobra ni en la trena. Eran muchas las emergencias, en fin, aunque en todas ellas parece estar el Gobierno de mirón o de plegaria. La petición de Ceuta era literalmente de socorro, una petición agónica y marinera, pero el Gobierno, después de constatar que no tenía leyes o voluntad, lo primero que ha hecho ha sido pedir a Marruecos que frene a su gente, que no otra cosa es eso de “reforzar la coordinación y los esfuerzos para hacer frente a la crisis migratoria”, que decía este periódico. Suena a cachondeo de pillo playero simplemente que pretendan hacernos pensar que existe algún tipo de coordinación o de esfuerzo, por su parte y por la nuestra, aparte del habitual chantaje de Marruecos y de la rendida sumisión de Sánchez.

Tampoco era para tanto la emergencia, ya ven. Incluso ha sido más fácil que la emergencia climática, sin duda porque Marruecos es más progresista y demócrata que el PP y se aviene a los pactos con guayabera. Nuestro Gobierno se ha sentado con Marruecos y les ha pedido que la cosa pare, algo que, teniendo en cuenta cómo funciona Marruecos y cómo funciona Sánchez, sin duda habrá sido a cambio de algo, un algo que nunca sabremos. Una vez hecho esto, lo de movilizar al Ejército, ya luego, por la tarde, con la fresquita, resulta casi ocioso. Suena más bien a coreografía para no dar el cante, que al fin y al cabo lo que le hemos pedido a Marruecos es que, por favor, no nos invadan. Sí, entraban a miles, en una cola presurosa pero tranquila y alegre, como para Disneylandia, y no se podía hacer nada, o al menos eso parecía hasta que se ha hablado con el amable vecino. Lo de la Marcha Verde podría ser, en cualquier momento, Marcha Azul, que ya ven que, para Sánchez, lo que no es emergencia es pereza y lo que es emergencia a lo mejor también. Sí, hemos tenido que pedirle a Marruecos que no nos invadan. Seguro que ellos han tomado nota de que pueden hacer una cabeza de playa con playistas, algo que quizá estaba por inventar hasta que llegó Sánchez, salvador del mundo e inútil nacional.

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