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¿El atún enlatado es un alimento procesado? Qué dice la ciencia y cómo elegir la mejor lata

El atún tiene una serie de propiedades muy beneficiosas
El atún tiene una serie de propiedades muy beneficiosas | Freepik

El atún enlatado es uno de los alimentos más habituales en la despensa española; práctico, económico y rico en proteínas y grasas saludables. Sin embargo, en los últimos años ha crecido la preocupación por el grado de procesamiento de lo que comemos y por cómo influye en la salud a largo plazo. En ese debate, el atún en conserva aparece a menudo como ejemplo de "comida de lata", pero no todas las latas son iguales ni todos los procesamientos tienen el mismo impacto.

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Por qué importa distinguir entre procesado y ultraprocesado

La clasificación más utilizada para ordenar los alimentos según su grado de transformación es el sistema NOVA, que distingue cuatro grupos: alimentos sin procesar o mínimamente procesados, alimentos procesados, alimentos ultraprocesados y preparaciones culinarias. Esta distinción no es solo teórica. Diversos estudios asocian un mayor consumo de ultraprocesados con peores patrones dietéticos y mayor riesgo de enfermedades crónicas. Mientras, los alimentos procesados de forma sencilla pueden formar parte de una dieta equilibrada.

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En este marco, entender si el atún enlatado es "procesado" o "ultraprocesado" ayuda a tomar decisiones de compra más informadas y a evitar generalizaciones que pueden llevar a descartar opciones nutricionalmente interesantes.

Sí, el atún enlatado es un alimento procesado

El atún enlatado se considera un alimento procesado, no necesariamente ultraprocesado. Según la definición habitual, los alimentos procesados son aquellos que se modifican respecto a su estado natural, generalmente con la adición de ingredientes como sal, aceite o azúcar pero conservando la mayor parte del alimento original. En el caso del atún en conserva, el pescado se limpia, se cuece, se envasa en lata y se esteriliza para garantizar su conservación. Además, en muchas ocasiones se añade sal y/o aceite.

Por tanto, el atún enlatado entra en la categoría de "alimento procesado". Solo se convertiría en ultraprocesado si, además, se le añadieran aditivos artificiales (colorantes, saborizantes, conservantes específicos, texturizantes, etc.) y se elaborara como una mezcla de ingredientes que no se usarían habitualmente en una cocina doméstica.

Procesado vs. ultraprocesado: qué mirar en la etiqueta

La clave para diferenciar un atún procesado de uno ultraprocesado está en la lista de ingredientes. Un atún "al natural" o "en aceite de oliva" con una lista corta (atún, agua o aceite, y posiblemente sal) se considera un alimento procesado sencillo. En cambio, si en la etiqueta aparecen aditivos como potenciadores de sabor, colorantes, espesantes o una larga lista de ingredientes poco reconocibles, el producto se acerca más a la definición de ultraprocesado.

Además del tipo de ingredientes, conviene fijarse en el contenido de sodio. Muchas latas de atún tienen niveles elevados de sal, lo que puede ser un factor a controlar, especialmente en personas con hipertensión o que ya consumen mucho sodio a través de otros alimentos. Buscar versiones "bajas en sal" o "sin sal añadida" es una forma sencilla de reducir este aporte.

¿Es saludable comer atún enlatado?

Desde el punto de vista nutricional, el atún enlatado es una fuente interesante de proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega-3, vitaminas del grupo B y minerales como el selenio. Por eso, muchos nutricionistas lo consideran una opción práctica para incluir pescado azul en la dieta.

Sin embargo, hay dos matices importantes. Primero, el tipo de atún importa. El atún claro (light) suele tener menos mercurio que el atún blanco o albacora, que proviene de especies más grandes y longevas. Segundo, la frecuencia de consumo. Los expertos recomiendan no comer atún enlatado a diario, sino de forma ocasional o moderada, alternándolo con otras conservas de pescado con menor acumulación de mercurio, como sardinas, caballa o salmón.

Mercurio y grupos de riesgo

El mercurio es el principal motivo por el que se recomienda moderar el consumo de atún enlatado. Este metal pesado se acumula en los tejidos de los peces y, en exceso, puede afectar al sistema nervioso y a otros órganos. Las guías de seguridad alimentaria aconsejan a mujeres embarazadas, en periodo de lactancia y niños pequeños evitar especies con alto contenido en mercurio, como el atún rojo, y limitar el consumo de atún enlatado, especialmente el blanco o albacora.

Para la población adulta general, el riesgo se considera bajo si se mantiene un consumo moderado y variado. Algunas recomendaciones sugieren no superar dos o tres latas semanales de atún claro y limitar el atún blanco a una lata por semana, siempre dentro de una dieta diversa que incluya otros pescados.

Consejos prácticos para elegir un buen atún enlatado

Para aprovechar los beneficios del atún enlatado minimizando riesgos, basta con aplicar unos criterios sencillos al comprar:

  • Revisa la lista de ingredientes: prioriza latas con pocos componentes (atún, agua o aceite, y opcionalmente sal).
  • Elige preferiblemente aceite de oliva y versiones bajas en sodio cuando sea posible.
  • Alterna el atún con otras conservas de pescado con menos mercurio, como sardinas, caballa o salmón.
  • Respeta las frecuencias recomendadas y evita basar la comida diaria en latas de atún.

En resumen, el atún enlatado es un alimento procesado que puede formar parte de una dieta saludable si se elige bien. La clave está en leer la etiqueta, variar las fuentes de pescado y adaptar la frecuencia a las recomendaciones de las autoridades sanitarias

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