EL NEGACIONISMO ES EL MEJOR COMBUSTIBLE. España ardía como una virgen románica, Ayuso lloraba en el campo como la abeja Maya, Sánchez quería salvar el mundo y el monte salvándose sólo él, el cambio climático se confundía con los bomberos, con los toreros, con los mecheros, con el dinero, con la burocracia y con el electoralismo y, en la tele de todos, Malas lenguas nos sacaba a Miguel Bosé como un brujo ancestral o un muñeco de vudú del negacionismo. Ni la gestión ni la ciencia, al final lo que funciona televisiva y políticamente es el puro vudú. Miguel Bosé, con su pinta de mentalista acabado, de vampiro urbano, de cura de Matrix, de José Luis Moreno con jaqueca, es mucho más efectivo que las tertulias políticas y que las tertulias políticas con inciso científico o técnico, con ese experto forestal o ese bombero con pinta de instalador del wifi. Sí, porque cuando TVE te saca a Miguel Bosé, se diría que la emergencia nacional ya no son los incendios sino Miguel Bosé. O incluso no ser como Miguel Bosé.

Parecía que ardía España pero lo que ardía de verdad en la televisión gubernamental eran el espantajo negacionista, con la cabeza de paja y los ojos de fuego, y el estribillo de la emergencia climática, como un acordeón ardiendo. Sarah Santaolalla, que es como una argentina de Sánchez, se echaba las manos a la cabeza apenas la tertuliana de las tortas pretendía pasar del gran tema a la gestión o a la limpieza de los bosques. Jesús Cintora paraba directamente al infiel con su mano de felpa y su sonrisa de un diente (él siempre se está riendo con un diente, de lo que hace o de nosotros): “bulos, no”. Hombre, no es que la ley impida la limpieza de los bosques, es que entre el permiso, las tasas, el informe del perito y los tiempos administrativos, te puede llegar la época de cría del somormujo y la cosa se queda sin limpiar. La prueba de que lo que se hace no funciona es que cada año pasa lo mismo.

El cambio climático no es una ideología, es un hecho científico, pero la emergencia de Sánchez es, como siempre, Sánchez. Si Sánchez, con un pacto no ya con guayabera sino en taparrabos, consiguiera que España amaneciera mañana en la Edad Media, las emisiones mundiales sólo disminuirían del 0,7 al 0,9% (anuales, sin considerar el acumulado histórico, que es lo que importa). Un mínimo crecimiento de China, India o los países emergentes anularía todo nuestro absurdo suicidio medievalista, tonto como el de don Mendo. No tenemos nada que hacer contra las causas de un problema global, así que en un pacto verdadero contra la emergencia (el ahora y el aquí), el negacionismo influye tanto como el beticismo. Por supuesto, a Sánchez le dan igual el cambio climático y los incendios. El objetivo real lo describía en la prensa del Movimiento la ministra Sara Aagesen, en sintonía con RTVE y con el primer desembarco de Sánchez en mangas de camisa: “Es el momento de que el PP aclare si se suma al negacionismo de la extrema derecha o a un pacto”.
Sí, de nuevo la polarización, y la trampa al PP. Si el PP rechaza el pacto, se adhiere al negacionismo, que dice Sánchez que es “el peor de los combustibles” a pesar de que al planeta se la suda nuestro negacionismo y nuestra entera existencia. Si el PP se aviene al pacto, el combustible es para Vox, que a Sánchez le vale igual o más. Y no hay otra razón. El negacionismo no es el peor combustible, sino el mejor, al menos para Sánchez. De esto mismo, de la polarización y el electoralismo, se quejaba en Al rojo vivo Pablo Pombo (El Confidencial), siempre lúcido pero algo trágico, shakesperiano u operístico (habla siempre como en un recitativo, levantando un puñalito de justicia, musicalidad y pesadumbre): “Si permitimos que el electoralismo se ponga por delante del bien común, tenemos un problema”. Un problema mucho mayor que Miguel Bosé.
CEUTA INVADIDA. Ceuta, que estaba abandonada, igual o peor que el monte, ahora está, además invadida. Bueno, La Sexta dice que decir eso es racista, aunque no es cuestión de raza sino de números. Unas 50.000 personas, o más, han entrado desde Marruecos, una “violación y un ataque a la integridad territorial”, según ha reconocido el propio Sánchez, desabrochado de camisa como si lo hubieran desvalijado. Ceuta está abandonada e invadida, mirada de lejos por los helicópteros de Sánchez, los ministros de Sánchez y hasta el Ejército de Sánchez, que parece que sólo se ha desplegado para montar merenderos. Fue pavoroso verlo en directo, la densa y continua columna acercándose, la reportera de Antena 3 rodeada, entre la profesionalidad y el perceptible miedo… Eran como las llamas humanas que no podían parar la burocracia ni, menos, la nula voluntad del Gobierno, sometido a Marruecos por incomprensibles o, al contrario, evidentes razones. Ahí siguen, deambulando, ocupando toda la ciudad, con los vecinos y los comercios atrincherados ante los intentos de asalto a tiendas y casas, mientras el Ejército chiringuitero se pasea y la policía grita que “no puede garantizar la seguridad” (sólo la de Sánchez, eso sí, con calles valladas incluidas). El jueves, la embajadora marroquí, oronda, sinuosa y cínica, hablaba de una “inmigración legal, ordenada y segura”. Pero Albares, esa pelusa diplomática, no la llamó a consultas a ella, sino al embajador italiano, partidario, con Meloni y otros líderes europeos, de sacar a España del espacio Schengen. Boyas, Sánchez dice que va a poner boyas... Él es la auténtica emergencia nacional.

LA CORBATA DE LA SUERTE. Sánchez comparecía en su balance del curso, mecido por el propio concepto de la comparecencia, por los oleajes del verano y por los oleajes de sus logros, pero en Al rojo vivo, alguien se daba cuenta de un detalle incluso más importante. Antonio Ruiz Valdivia (Infolibre), que tiene algo de tendero o dependiente del sanchismo, hacía un comentario un poco de tendero o dependiente, o sea aparentemente informal pero con mucha intención. Sánchez, además de macroeconomía en la carpeta y ceniza de España en un mechón (algo así como la coquetería que pone él en la destrucción sistemática de las cosas), llevaba corbata roja. Y la corbata roja de Sánchez, como un vestido rojo de la reina Letizia, era mucho más, era banderín y zafarrancho. “Hacía mucho tiempo que no le veía una corbata de ese color en un momento tan especial”, decía Ruiz Valdivia casi entusiasmado, como un sastre hablando de la corbata del cliente. Según él, eso significa que Sánchez está en modo electoral, en modo sabadete electoral casi, con esa corbata de la suerte como un calzoncillo de la suerte. El simbolismo y la euforia eran comprensibles porque no sólo la Moncloa sino el electorado “detectan” lo del hermanísimo y la esposísima como “un acoso de la derecha mediática, política y judicial contra el presidente”. Todo esto, por lo que parece, está activando y movilizando al decaído progresista, aunque “es a partir de septiembre cuando se juega la gran partida”, cuando el españolito va a tener que decidir “el modelo que quiere”, con la posibilidad de “negacionistas en el Ejecutivo”. Como vemos, hemos vuelto al estribillo, a la emergencia real. De todas formas, no se puede vender mejor una corbata ni un revolcón.

ÁTICO CON VISTAS A LA NIÑEZ. Casi le da a uno ternura lo del ático de Chamberí. No por Ayuso, sino por los chavales de Telecinco que consiguieron que les enseñaran el ático vecino, aunque parece que no gemelo. Mucho blanco, mucho pasillo, muy hospital, poca terraza… Seguro que el de Ayuso es (era, ay) más espectacular, con sus 200 metros casi olímpicos de terraza y sus vistas a la niñez, a sus tejados y tendederos, como en algo de Serrat (por lo visto la casa de su madre está en frente). Pero nada, el piso piloto, el piso espejo o la fantasía cotilla vecinal que nos montaron en Telecinco fue para nada. La Comunidad de Madrid, que había comprado el ático o aticón sin que sepamos muy bien por qué ni para qué, al final va a venderlo sin que entendamos tampoco muy bien por qué ni para qué. La verdad es que al asunto era infumable: un ático supuestamente para oficinas, increíble como como oficina y en un edificio que no permite oficinas, comprado justo cuando González Amador vende su casa, y del que se deshacen de repente, ante el cante, con el punto macabro de donar el dinero a las víctimas de los incendios. Suena a pillada, sí. Ayuso, la muñeca de la derecha vestida de azul, con su camisita y su canesú, que no es la novia de los cayetanos ni de Chaplin sino de un aguililla de los negocietes, ha perdido el ático y va perdiendo el gusto y el toque.

A Javier Ruiz, por cierto, le ha indignado tanto el caso, y la discreta presencia del escándalo en los medios fachosféricos, que se puso a deshojar periódicos como una pastorcilla despechada que deshoja margaritas. Se ponía él como ejemplo de rigor periodístico, igual que la pastorcilla que se pone de ejemplo de belleza petrarquista, pero yo creo que ahí cometió un error. Para que los medios tuvieran su rigor, tendrían que haber titulado, a toda página, que lo del ático era un bulo y una persecución antidemocrática, y añadir un gráfico apabullante y demoledor mostrando que el Gobierno de España también tiene pisos para sus ministros y altos cargos. Claro que esto último es verdad, así que la comparación ya no vale.
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