A los 100 días del inicio de la guerra en Irán, y con la cuenta atrás en marcha para que decaigan las medidas anticrisis aprobadas por el Gobierno, las familias españolas afrontan el riesgo de nuevas tensiones en la cesta de la compra. El secretario general de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), Andrés Góngora, advierte de que "el conflicto está generando un sobrecoste para el sector agrario español de 2,8 millones de euros al día", lo que sopone 280 millones por el momento. Además, desde la organización temen que, si no se resuelve el conflicto en Oriente Medio en verano, los agricultores tendrán desde este mismo "otoño problemas de liquidez para afrontar las siembras" de invierno.
La preocupación del sector agrario radica en que el actual encarecimiento de la energía, los carburantes y los fertilizantes termine reproduciendo la misma espiral de costes que sufrió el campo tras el estallido de la guerra en Ucrania. En 2022, los precios de los alimentos subieron más de un 15% y la cesta de la compra experimentó el mayor episodio inflacionista desde el comienzo de la serie del INE (Instituto Nacional de Estadística). Según explica Góngora, cuando se dispara el precio de las materias primas, "el impacto sobre la renta agraria es inmediato". Así sucedió en 2022: los consumos intermedios del sector "aumentaron un 29,9% en un solo año, con subidas del 62% en fertilizantes y del 50% en energía y lubricantes, lo que provocó una caída de la renta agraria real del 8,7%".
Y de acuerdo con el último informe de Perspectivas Económicas de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), durante los 100 días de duración del conflicto en Oriente Medio, los precios de los fertilizantes han registrado incrementos de entre el 39% y el 59%. Además, desde COAG suman las "significativas" subidas de otros "insumos clave", como el gasóleo agrícola, cuyo precio se ha disparado entre un 40% y un 50%. Un escenario en el que los sobrecostes derivados del conflicto bélico podrían acabar trasladándose al consumidor final en un momento especialmente delicado: los alimentos se han encarecido casi un 40% desde la pandemia, según los datos del INE.
Y no parece que la presión vaya a disiparse a corto plazo. La presidenta del BCE (Banco Central Europeo), Christine Lagarde, reconoció en marzo durante una entrevista en The Economist que los daños sobre la capacidad de producción energética derivados del conflicto "ya son demasiado importantes" y que su normalización no podrá producirse "en cuestión de meses" Circunstancia que amenaza con seguir alimentando el encarecimiento de materias primas esenciales para el campo.
El sector agrario ve "prematuro" retirar las ayudas
Ante este escenario, el foco está puesto en las medidas de apoyo aprobadas por el Gobierno para amortiguar el impacto económico de la guerra. Las medidas fiscales aplicadas a la electricidad y al gas han decaído, mientras que las vinculadas a los carburantes seguirán vigentes, por el momento, hasta el próximo 30 de junio. Precisamente para decidir si las medidas se mantendrán, adaptarán o se retirarán definitivamente, el Ministerio de Economía ha iniciado una ronda de reuniones con los agentes sociales y los sectores más afectados.
Entre ellos, el sector agrario, que considera "prematuro" retirar las medidas y reclama prolongar los mecanismos de apoyo mientras persiste la volatilidad en los mercados energéticos y de materias primas. En concreto, las organizaciones defienden "la continuidad de las medidas vinculadas al gasóleo profesional agrario" y pesquero, que contemplaba una subvención de 20 céntimos por litro de combustible que se sumaba al descuento general y que podría decaer el próximo 30 de junio.
No obstante, algunas medidas agrícolas tienen aseguradas su continuidad más allá del verano, lo que podría amortiguar el impacto sobre los precios en el supermercado. A finales de mayo, la Comisión Europea dio luz verde al régimen español de subvenciones estatales por valor de 500 millones de euros para ayudar a las empresas agrícolas a paliar los efectos de la subida de los precios de los fertilizantes.
Este programa permanecerá en vigor hasta el 31 de diciembre de 2026 y, según se desprende del comunicado remitido por Bruselas, "las empresas podrán recibir 22 euros por hectárea de secano y 55 euros por hectárea de regadío, hasta un máximo de 300 hectáreas por beneficiario". Además, de acuerdo con las estimaciones de la Comisión, el plan podría cubrir "hasta el 70% de los costes adicionales de los fertilizantes derivados de la crisis de Oriente Medio". Pese a ello, el sector teme que una prolongación del conflicto termine neutralizando parte del efecto de estas ayudas y vuelva a tensionar los costes de producción como sucedió en 2022.
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