Kamala Harris, aspirante al Senado por Washington, encabeza una protesta ante el Supremo contra el juez Kavanaugh.

La aspirante demócrata al Senado por Washington Kamala Harris encabeza una protesta contra el juez Kavanaugh, ante el Supremo. EFE

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Sexo, abusos y política en la corte del presidente Donald Trump

Política

Sexo, abusos y política en la corte del presidente Donald Trump

El juez Kavanaugh, apuesta republicana al Supremo, se suma a la lista de sospechosos de acoso encabezada por Trump

“¿Alguna vez ha rozado sus genitales contra la doctora Ford? ¿Alguna vez ha participado en algún tipo de episodio sexual con la doctora Ford? ¿Alguna vez le cubrió la boca con la mano?” El juez Brett Kavanaugh, propuesto al Supremo por el presidente Donald Trump, un puesto de carácter vitalicio, tuvo que responder a estas preguntas el jueves ante la comisión de justicia del Senado. Christine Blasey Ford, doctora en psicología, le acusa de haber intentado violarla en el verano de 1982. Entonces ella tenía 15 años y él 17. El presidente Trump y miembros de su entorno o leales de su partido también han sido objeto de denuncias de abusos.

Kavanaugh, de 53 años, rechazó de forma tajante las acusaciones y aseguró que la comparecencia era una “una desgracia nacional”. El juez se presentó como un intachable hombre de familia, que frecuenta la iglesia los domingos “como quien se lava los dientes”, y leal amigo de numerosas mujeres. Reconoció que había tomado alguna cerveza de más en su juventud pero siempre manteniendo el control. Pasó un mal rato. A punto estuvo de llorar en varias ocasiones. Y aseguró: «No me voy a retirar. Si quieren, voten en contra».

A Kavanaugh las preguntas pudieron parecerle tan incómodas como las que él planteó al entonces presidente Bill Clinton hace 20 años. Kavanaugh era entonces el ayudante del fiscal especial Kenneth Starr, a cargo del caso Lewinsky. Monica Lewinksy era una becaria de 22 años con quien el presidente había mantenido relaciones en el Despacho Oval. Clinton lo negó mientras pudo, pero acabó reconociéndolo y pidiendo perdón a su esposa, Hillary, quien en 2006 fue la rival de Trump, y a toda América.

En un documento que ha difundido la CNN podían leerse las preguntas que sugería Kavanaugh que se plantearan a Clinton: «Si Monica Lewinsky dijera que ustedes han mantenido sexo telefónico en más de 15 ocasiones, ¿diría que miente? Si Monica Lewinsky dijera que usted introdujo un cigarro en su vagina, ¿diría que miente? Si Monica Lewinsky dijera que le ha practicado sexo oral en el Despacho Oval en nueve ocasiones, ¿diría que miente?» Y así hasta una decena de preguntas a cuál más intimidante.

Tras una sesión de gran intensidad dramática, la comisión del Senado decidió el viernes pedir al presidente Trump que autorizara al FBI para investigar más a fondo el historial del juez Kavanaugh durante una semana. Al juez le esperan más preguntas incómodas sobre su pasado. También a la doctora Ford, que desde el principio quería que el FBI profundizara en los hechos. Ambos se han mostrado dispuestos a colaborar.

Tanto su testimonio como el de la doctora Ford, también con la voz rota, fueron muy emocionales. Christine Blasey Ford aseguró que aquel suceso de hace 36 años “ha marcado toda su vida”. En su declaración, bajo juramento, recordó cómo sintió que se iba ahogar por la presión que realizó Brett Kavanaugh en su boca para impedir que chillara y cómo él y su amigo Mark Judge se reían mientras ella intentaba quitarse de encima a Kavanaugh. Aún con la voz entrecortada, fue tajante: “Estoy segura al cien por cien de que fue Brett Kavanaugh”. Mark Judge, conocido por haber escrito libros sobre su alcoholismo juvenil, no confirma la versión de la doctora Ford.

El precedente de Anita Hill

Fue interrogada por Rachel Mitchel, juez especialista en abusos sexuales. La mayoría de senadores, varones blancos, no quisieron presentarse como inquisidores. Tenía en la mente el precedente de la profesora Anita Hill, quien en 1991 acusó al entonces aspirante al Supremo Clarence Thomas, con el que trabajaba, de acoso sexual. Todos en el panel entonces eran hombres. Hill perdió y Thomas aún es juez del Supremo.

Hill, entonces profesora de Derecho de Oklahoma y licenciada en Yale, denunció cómo el juez Thomas realizaba comentarios procaces sobre sus habilidades sexuales y le acosaba cuando coincidieron en la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo.

“(El juez Thomas) habló de actos que había visto en películas pornográficas que incluían temas tales como mujeres teniendo sexo con animales y películas con escenas de sexo grupal o de violaciones. Habló de material pornográfico que mostraba a personas con penes o pechos grandes involucrados en varios actos sexuales. En varias ocasiones, Thomas me habló y mostró explícitamente su potencia sexual”, dijo Hill en su testimonio.

En declaraciones a The New York Times, Hill ha lamentado a propósito del caso Kavanaugh que aún no haya un protocolo “para investigar las denuncias de acoso y agresión en una audiencia de confirmación, lo que demuestra que la comisión aprendió poco del caso Thomas y menos del movimiento MeToo”.

América expectante

Como si de un juicio se tratara, los miembros de la comisión del Senado, en esta ocasión con presencia de algunas mujeres senadoras como Dianne Feinstein, examinaron el jueves el curriculum de la doctora Ford, le preguntaron sobre sus visitas al psicólogo. También indagaron en la vida universitaria de Brett Kavanaugh. La expectación en EEUU fue máxima. Las redes se inundaron de testimonios de mujeres que recordaban episodios similares.

Hasta el presidente Trump reconoció el viernes que la doctora Ford le había conmovido. «Parece una mujer estupenda… Me impactó su testimonio. Ha sido un momento único en la historia de este país», dijo a Reuters. Mantiene su apoyo al juez, quien no pone en duda que la doctora viviera esa experiencia pero niega que él fuera el culpable.

Alumno de Leyes en Yale, Kavanaugh fue miembro de una de las cofradías de estudiantes, Delta Kappa Epsilon, donde se cultiva la competencia entre hombres, muchas veces a costa de miembros más débiles y de las mujeres. DKE fue suspendida en 2011 por clamar frente al centro de mujeres de Yale “No significa sí. Sí significa anal”, según The New Yorker.

Una segunda mujer, Deborah Ramírez, acusa al juez Kavanaugh de haberse plantado delante de ella con los pantalones bajados en aquella época en Yale. Y una tercera, Julie Swetnick sitúa al juez, en su época de estudiante en los 80, en fiestas donde se practicaban violaciones en grupo.

Sobre el caso Ford, el único que se ha debatido en el Senado, los demócratas pedían una investigación del FBI y finalmente el presidente dio luz verde, tras defender esta iniciativa en la comisión el senador republicano Jeff Flake. La votación sobre la vacante en el Supremo se retrasará una semana hasta conocer las conclusiones.

En todas estas denuncias llama la atención que hayan tardado tanto tiempo en sacar a la luz su historia. Trump tuiteó hace días que si había sufrido un abuso tan grave debería haberlo denunciado de inmediato. Pero es frecuente que las víctimas se aterren, teman no ser creídas, y no den el paso.

De cada 1.000 casos de abuso sexual, solo solo 310 acaban en la policía y de ellos solo 57 conducen a un arresto», según el FBI

De cada 1.000 casos de abuso sexual, solo 310 acaban en la policía, de ellos solo 57 conducen a un arresto, y solo siete resultan condenados, según un informe de la Red Nacional sobre la Violación, Abusos e Incesto de EEUU, basándose en datos del FBI y del Departamento de Justicia.

El presidente Trump dio un giro el viernes tras la tumultuosa sesión en el Senado. Elogió a la doctora Ford y confesó que su testimonio le había impresionado. Insistió, sin embargo, en su defensa de la «honestidad» del juez Kavanaugh, arremetió contra los demócratas, aunque terminó aceptando que el FBI investigue el caso y aporte conclusiones en una semana.

Trump también reconoció anteriormente que él había sufrido denuncias similares, y las calificó de falsas. Cerca de 20 mujeres relataron abusos por parte de Donald Trump en distintas ocasiones. Incluso su ex mujer Ivanka se refirió a una violación. Su portavoz llegó a declarar que como había sido elegido en las urnas tras conocerse esas acusaciones no había más que añadir.

La misoginia de Trump

En octubre de 2016, cuando se conoció su conversación con el cómico Billy Bush, su equipo de campaña creyó que habría consecuencias nefastas, especialmente entre las mujeres. En una grabación, Trump comentaba: “Me tomo unos caramelitos de menta y empiezo a besarlas. Ya sabes, me siento atraído por la belleza, y cuando veo a una mujer guapa, empiezo a besarla. Es como un imán. Beso y… les agarro por el coño. No puedes hacer nada”. Trump se excusó por el tono, pero argumentó que era una conversación privada, de vestuario.

La bomba apenas afectó a sus votantes. Es cierto que el voto femenino en noviembre de 2016 fue en un 60% a parar a las arcas de su rival demócrata, Hillary Clinton. Sin embargo, muchas mujeres universitarias blancas con estudios rechazaron a la candidata demócrata (a muchas no les gustó su actitud condescendiente en el caso Lewinsky) y las mujeres blancas sin estudios respaldaron a Trump (62% frente al 34% de Hillary).

Con el movimiento #MeToo se está creyendo a las mujeres. Con Trump no pasa. Puede decir cualquier cosa ofensiva y da igual», dice Moceri

“En el último año han caído tantos hombres poderosos… Es algo nuevo. Con el  movimiento #MeToo se está creyendo a las mujeres. Con Trump no pasa. Puede decir cualquier cosa ofensiva y da igual. El resto del mundo afronta las consecuencias del sexismo”, señala Alana Moceri, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea.

En su entorno ha habido algunas bajas por abusos sexuales o conducta inapropiada. Hasta ahora, siempre les ha apoyado hasta el final. Su jefe de personal, Rob Porter, terminó renunciando en febrero pasado, tras hacerse público que había maltratado a sus dos ex esposas. Trump le deseó lo mejor y no condenó su comportamiento.

También respaldó Trump a Roy Moore, candidato republicano a senador por Alabama, acusado de abusar de menores hace décadas. Las mujeres, sobre todo las afroamericanas, dieron masivamente la espalda a Moore y los demócratas con su candidato Doug Jones recuperaron Alabama después de 25 años.

La misoginia es una parte central del discurso populista de la derecha posmoderna que lanza Trump», señala David Sarías

“La misoginia es una parte central del discurso populista de la derecha posmoderna que lanza Trump. Me remito a los debates con Hillary. La campaña contra el tipo de mujer que él caricaturiza en Hillary es perfecto para Trump”, señala David Sarías, profesor de Pensamiento Político y Movimientos Sociales en el CEU. “A Trump denuncias como la de Ford no le generan problema con su electorado. Para él hay una conspiración y el pobre juez Kavanaugh es una víctima”, añade.

Según José Antonio Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos del Instituto Franklin-UAH, “los partidarios de Donald Trump están muy complacidos. Para el votante medio norteamericano Trump sí ha cumplido sus promesas: ha bajado los impuestos. Al final, se miran al bolsillo”.

Para ellos, las relaciones de Trump con las mujeres “no son una novedad ni un problema”. La base de apoyo a Trump se estima en un 30% y se mantiene «sólida, son leales», según Gurpegui. Si bien anticipa que en las elecciones legislativas de noviembre, llamadas de mitad de mandato, los demócratas parten como favoritos.

En la actual Administración de Trump solo hay tres mujeres con cargos equivalentes a ministros (Interior, Transporte y Educación) frente a 13 varones.

“La presencia de mujeres en el Congreso estadounidense está muy lejos de la paridad, con sólo 104 parlamentarias: 20 senadoras (el 20% del total) y 84 miembros de la Cámara de Representantes (19% del total), cifra que permanece inalterada desde 2015. Los avances han sido realmente muy escasos desde el 3% registrado en 1971 al 19% actual”, según destaca María Solanas Cardín, investigadora del Real Instituto Elcano, en su informe sobre La igualdad de género en la América de Trump.

Trump no se ha limitado a poner en duda las denuncias conocidas contra miembros de su Administración, o contra él mismo. También ha echado atrás medidas que había introducido su antecesor, el demócrata Barack Obama, encaminadas a luchar contra los abusos en el ámbito escolar y universitario. En 2011 se aprobó que pudiera iniciarse una investigación cuando había indicios de pruebas, pero con Trump es preciso que haya «pruebas convincentes».

Revelación total

El trato que da a su esposa, Melania Trump, merecería capítulo aparte. Cada vez hace una vida más al margen del presidente y se limita a un papel decorativo. Sin embargo, hasta ahora ella públicamente ha salido en su defensa, y lo hizo de forma clara este verano tras confirmarse los detalles de su relación con la ex actriz porno Stormy Daniels. «La prensa es el enemigo del pueblo», dijo la primera dama. 

De todas las mujeres que han relatado abusos de Trump en distintas épocas hay una que sí le está creando problemas más serios. Su nombre artístico es Stormy Daniels y por su silencio recibió al menos 130.000 dólares con la mediación del ex abogado del magnate, Michael Cohen, que ha reconocido financiación ilegal de la campaña electoral.

La ex actriz porno, que en realidad se llama Stephanie Clifford es quien más cerca de la justicia ha llevado al presidente. Está asesorada por el abogado Michael Avenatti, a quien también ha recurrido otra de las supuestas víctimas del juez Kavanaugh, Julie Swetnick, quien sitúa al magistrado en violaciones en grupo de la que ella fue víctima en los 80.

Cohen, que era quien resolvía los problemas del magnate y gracias a ello disponía de un inmenso patrimonio, reconoció su culpabilidad este verano por financiación ilegal y sin mencionarlo dijo actuar en nombre de su superior, es decir, el presidente Trump. El pago a Stormy Daniels, que se relacionó con Trump en 2006, se hizo para evitar un efecto negativo en la campaña electoral.

La ex actriz, que se sintió engañada por Trump que le había prometido participar en The Apprentice, relata con todo detalle sus dos minutos de sexo con el presidente en el libro que acaba de sacar a la luz, Revelación total.

Ganó el caso para dejar de guardar silencio y quiere seguir dando la batalla para que Trump tenga que comparecer ante los tribunales. Avenatti ha pedido al Senado que escuche a su clienta, Julie Swetnick, en relación con el caso del juez Kavanaugh. Confía en que el FBI pueda indagar en su caso.

Trump ha calificado a Avenatti “como un abogado de tercera al que se le da bien dar falsos testimonios como ha hecho contra mí y ahora contra el juez Kavanaugh”.

Movilización femenina

¿Tendrá efecto el caso Kavanaugh en las elecciones de mitad de mandato?  Su elección es muy relevante porque incidirá en las cruciales decisiones del Supremo, ya escorado hacia los conservadores. Ahora son nueve jueces, cuatro claramente conservadores, cuatro progresistas y otro conservador pero con un voto oscilante. Tres son mujeres.

Kavanaugh, ultraconservador, decantaría claramente la balanza en una corte que habrá de decidir temas clave sobre las vidas de los ciudadanos estadounidenses, como el matrimonio homosexual o si puede abortar o no una persona que ha sido violada.

Alana Moceri evoca el caso de Anita Hill, la profesora que no logró que su testimonio frenara la nominación de Clarence Thomas. Hill de raza negra como Clarence Thomas fue humillada y formó  parte de aquella puesta en escena el demócrata Joe Biden, entre otros. Howard Metzenbaum, senador demócrata, llegó a decir: “Si eso es acoso sexual, la mitad de los senadores del Capitolio deberían ser acusados”. Thomas supo revertir el caso en un tema de racismo cuando la supuesta víctima también era afroamericana.

“Despúes del caso de Anita Hill, hubo un avance en la representación femenina. En el Congreso se pasó del 5% al 10%. El caso de Kavanaugh puede movilizar a los demócratas en noviembre”, señala Moceri.

El movimiento #MeToo ha salido a las calles en respaldo de la doctora Ford y las otras denunciantes, aunque también hay defensores del juez movilizados. La fractura social en Estados Unidos es tan fuerte como quedó patente en las elecciones de 2016.

Trump tuvo suerte en 2016 porque muchas mujeres estaban en contra de Hillary por perdonar a Clinton por el caso Lewinsky», dice Gurpegui

Gurpegui se inclina a pensar que los demócratas ganarán en noviembre, pero no ve claro si las mujeres van a desempeñar un papel crucial. “Trump tuvo suerte en 2016 porque muchas mujeres estaban en contra de Hillary por haber perdonado a Clinton en el caso Lewinsky. Ahora podrían cambiar su parecer, pero no sé si será el factor clave. Las elecciones de medio término van a definir la segunda parte de la legislatura y si hay o no impeachment. Si hubiera mayoría demócrata en las dos cámaras, sería factible un impeachment”.

Para ello la victoria tendría que ser apoteósica.  El partido que no está en el poder suele vencer en estos comicios, lo significativo será si lo hace de forma aplastante.

“Mientras Trump continúe en la Casa Blanca seguirá la misoginia”, recuerda Sarías. “Es un momento de transición, pero más superficial de lo que parece. Son cambios muy lentos y hay que cuidar que no haya efecto bumerán y se cometan injusticias”.

Decía Nikkie Haley, leal a Trump y embajadora de EEUU ante la ONU, que “hay que escuchar a las víctimas de abusos”. Otorgarles credibilidad e investigar sus denuncias a fondo sería el siguiente paso. En el caso del juez Kavanaugh, los republicanos finalmente darán al FBI una semana para recabar más datos sobre el caso. No han accedido a más de momento porque noviembre está a la vuelta de la esquina. No quieren correr riesgos. Los demócratas reclaman más tiempo.

Al menos Trump tiene un mandato limitado a un máximo de ocho años. Los jueces del Supremo se mueren en el cargo, o se retiran muy ancianos. Como lo hará Clarence Thomas. La doctora Ford concluyó su declaración con estas palabras: “He venido para contar por qué las acciones de Brett Kavanaugh dañaron mi vida. No es mi responsabilidad determinar si merece el puesto en el Supremo. Mi responsabilidad es contar la verdad”. Confía la doctora Ford en que la verdad pueda liberarla de sus pesadillas.