Donald Trump recordará la jornada del lunes 21 de agosto como una de las más negras de su Presidencia. Aunque el tuitero-en-jefe está claro que quiere olvidarla y durante horas no se refirió en su red social favorita a dos bombas informativas cuya onda expansiva le afecta directamente. Dos de sus más cercanos asesores cuando era candidato en 2016 son culpables de financiación ilícita relacionada con la campaña (su ex abogado) y ocho cargos por fraude y evasión fiscal (Paul Manafort).

Su ex abogado y estrecho colaborador Michael Cohen reconoció haber pagado a dos mujeres para que silenciaran su relación con el entonces candidato, el magnate Donald Trump. El objetivo era que esos hechos no influyeran en la campaña electoral de 2016.

A su vez, el tribunal federal de Alexandria Virginia, encontró culpable a Paul Manafort de ocho de los 18 cargos de fraude, en este caso previos a su relación con Trump, que le imputaba el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller. Manafort recibió unos 60 millones de dólares a través de una red de complejas sociedades del ex presidente ucraniano Viktor Yanukovich y de su partido.

Cuando Trump tuiteó finalmente el martes, defendió a Manafort, «un valiente», y arremetió contra Cohen, a quien describió como un fabulador. Cohen, según Trump, «se inventa historias para lograr un acuerdo». Ahora dice que quien necesite un abogado no recurra a los servicios de su antiguo defensor y estrecho colega.

En una entrevista exclusiva con su cadena de televisión favorita, Fox News, el presidente aseguró que se enteró de los  pagos a las dos mujeres «más tarde», dando a entender que Cohen había actuado por su cuenta para acallarlas. También dijo que su preocupación en ese momento había sido aclarar que el dinero no provenía de los fondos de la campaña electoral, como así le habrían confirmado. Como suele hacer, es su palabra contra la de Cohen, que declaró bajo juramento.

Sobre Manafort, su ex jefe de campaña, mostró desde el martes su pesar por su calvario judicial. «Me siento muy mal por Paul Manafort», fueron las primeras palabras de Trump sobre el caso de su ex asesor de campaña, antes de dar un mitin en Virginia Occidental. «No me implica pero es triste lo que le ha pasado. Nada que ver con la conspiración con Rusia», quiso dejar claro.

Es cierto que los ocho cargos por los que el tribunal ha declarado culpable a Manafort de ocultar millones de dólares en cuentas en el exterior para evadir el pago de impuestos no se relacionan directamente con la investigación sobre la intervención rusa en la campaña. Son hechos anteriores a su labor en la campaña.

Sin embargo, según The New York Times, suponen la primera victoria del fiscal especial Mueller que demuestra así que sabe cómo reunir pruebas incriminatorias de peso y no es el artífice de una «caza de brujas», como suele replicar el presidente Trump.

De momento Trump combate a quienes le dejan en evidencia acusándoles de mentir, pero necesitará algo más a partir de ahora. El fiscal especial quiere interrogarle, lo que tratan de evitar por todos los medios los abogados del presidente. Trump teme que luego pueda ser acusado de perjurio.

Michael Cohen, ex abogado de Trump.

Michael Cohen, ex abogado del presidente Trump.

Sobre Michael Cohen tardó en reaccionar el locuaz Trump hasta que le acusó de inventárselo todo para ponerse a salvo. Su ex abogado, a quien antes le conocían como el Pitbull de Trump, se reconoció culpable de pagar a una actriz porno y a una modelo de Playboy para que la campaña de 2016 no resultara afectada por los líos de alcoba del magnate. Lo hizo para solucionarle el problema a su jefe, el ahora presidente, y, según su versión, por orden suya.

Después de negarlo más veces que Judas, Cohen que decía en tiempos que daría su vida por el presidente, admitió que había pagado el silencio de estas dos mujeres. Las ex amantes se comprometían a no revelar su relación, que databa de 2006, con el magnate inmobiliario reconvertido en aspirante republicano a la Presidencia.

Ante un juez de la Corte de Manhattan reconoció que los pagos se realizaron «en coordinación y bajo la dirección de un candidato a la Presidencia», lo que implicaría al presidente en un delito federal. «El propósito principal era influir en la elección presidencial de 2016», admitió Cohen, ante la amenaza de pasarse la vida en la cárcel. Lo hizo bajo juramento y de momento no obtuvo beneficios por este reconocimiento de culpa. Confesó que actuaba así por el bienestar «de su familia».

Según el relato de los periodistas de The New York Times presentes en la sala de Manhattan, Cohen no citó explícitamente a Trump sino que se refirió al «candidato». Todos sabían que hablaba de su antiguo jefe.

Cohen podría ser condenado a 65 años de cárcel, aunque si colaborara en el futuro con el fiscal especial Mueller en su investigación sobre la trama rusa se vería beneficiado de una recomendación de una rebaja de la pena. También se declaró culpable de fraude bancario y evasión fiscal. Una vez que ha declarado su culpabilidad en el caso de financiación ilícita para influir en la campaña, parece probable que confiese lo que sepa sobre la llamada trama rusa.

Las mujeres, un problema para Trump

Cohen era un «conseguidor» al servicio del entonces millonario Donald Trump. Como aspirante a la Casa Blanca, había ciertos comportamientos que convenía ocultar.

Mujeriego incombustible, quiso borrar la huella de dos de sus amantes, aunque los escarceos datan de hace una década Calculó que podría ser letal en su campaña que salieran a la luz sus relaciones con una actriz porno y una ex modelo de Playboy. Y quizá que su esposa, Melania, dijera «basta» en el momento más inoportuno. Era quien menos deseaba la victoria del magnate, según los más cercanos. Cohen le ayudó a buscar una salida.

Stormy Daniels, a quien Cohen pagó por su silencio.

Así Stephanie Clifford, más conocida como Stormy Daniels, recibió 130.000 dólares para no interferir en la campaña presidencial en la que Trump competía con la demócrata Hillary Clinton. Ganó claramente en votos electorales pero perdió en número de votos. Una victoria ajustada que sorprendió al propio magnate, como relata en Fuego y Furia el periodista Michael Wolff.

También tuvo que llegar a un apaño con un tabloide para que no sacara a relucir los encuentros de Trump con la ex modelo de Playboy Karen McDougal. Stormy Daniels recientemente consideró rotas las condiciones del pacto y dio detalles a los medios de su affaire con Trump y contó cómo le hicieron callar.

Cohen y Trump, que eran como uña y carne durante años, primero lo negaron todo. El ex abogado de Trump ya ha cambiado su versión varias veces. Primero dijo que había utilizado sus propios fondos, luego que no sabía de los pagos, o que el presidente lo reembolsó para desvincularlo de los fondos de la campaña. Finalmente, ha entonado el mea culpa cuando se ha visto acorralado por las pruebas en su contra.

Su abogado Robert Khuzami reconoció que su cliente se ha dado cuenta de que «había actuado por encima de la ley, y que podría pagar un alto precio por ello». El dinero procedía de la campaña y se considera financiación ilícita. La sentencia se espera para el 12 de diciembre.

El defensor de Trump, Rudolph W. Giuliani, emitió una declaración en la que señalaba que «en los cargos que pesan contra Cohen no hay nada ilegal contra el presidente». Y punto de momento.

Otro de los letrados de Cohen se hacía la pregunta que muchos estadounidenses se están planteando: «Si esos pagos son delito para Michael Cohen, ¿porque no lo son para Donald Trump?». Lanny Davis asegura además que Cohen tiene datos incriminatorios sobre Trump relacionados «con la conspiración de la democracia estadounidense por los rusos» que serán de interés del fiscal especial Mueller.

En la jornada del lunes 21 de agosto ha quedado claro que estos casos judiciales, aun en proceso y con el fiscal especial Mueller avanzando en su investigación, apuntan a Donald Trump. De este modo, las elecciones de mitad de mandato, el 6 de noviembre, se van a convertir en un referéndum, como considera su ex asesor Steve Bannon, sobre la continuidad de Trump como presidente.

Para evitar testificar, o que las declaraciones de Cohen le incriminen, los demócratas temen que Trump proceda a destituir a Mueller y están articulando un plan de emergencia para que no se destruyan sus documentos y se mantenga la investigación abierta.

Si los demócratas logran dar un vuelco en noviembre, y las mujeres candidatas serán clave, tendrán en su mano promover un impeachment.